viernes, 6 de octubre de 2017

Protagonistas de novela


Por Anuar Saad

Le dicen “El Ñoño”. Tiene pinta de bacán, habla con desenfado y afirma ser querido por todos. Es un duro en esto de ganar electores. Su votación, hoy, la desearía cualquier candidato de esos que andan por ahí mendigando firmas para aspirar a la Presidencia. “El Ñoño” Elías tiene, según la Fiscalía, mucho que ver en las coimas de Odebrecht, lavado de activos y un prontuario en los trágicos carteles de córdoba que van desde “el cartel de la hemofilia”, hasta el conocido como el de “síndrome de dawn”.

Pero este barón electoral, apenas pisó la cárcel, salió lloroso, compungido y victimizado ante los medios  alegando que él estaba en “una cárcel infrahumana, durmiendo casi que en una tabla y sobreviviendo en las peores condiciones”. Su sincera declaración casi me conmueve. No habrá faltado aquel que, emocionado, exclamó: “¡pobre hombre! ¿Y qué quiere “El Ñoño? ¿Cama King Size? ¿Nevera bar aprovisionada? ¿Sauna, TV y cable? Está en la cárcel Senador. No en el Hilton.

En el reparto del melodrama político muy de moda por estos días en Colombia, aparece también en escena el exministro Andrés Felipe Arias. Él, siempre bien vestidito, con su cara de “yo no fui” y su sueño de ser Uribe, jura y perjura que es inocente. Hace meses él y su esposa, ante la inminente decisión de un juez de Estados Unidos para extraditarlo a Colombia donde le esperan no muy dulces 17 años de prisión, grabó un video en el que alegan su inocencia, suplican justicia y aluden a la trajinada “persecución política”. A su esposa le tiembla la voz. Una ligera lágrima se asoma y, al final, suplica ayuda con el habla entrecortada.

Los uribistas se rasgan las vestiduras denunciando la persecución contra este “pobre ciudadano”, perseguido como venganza de Santos contra Uribe. Aluden a la trágica situación familiar que vive el exministro y relatan sin dignidad como los pocos amigos que le quedan, tienen que “hacer vaca” para que el pobre Arias subsista en un cómodo barrio de Miami. Me conmovió tanto, que empecé a buscar el link donde podría hacer mi humilde donación para que el ex Ministro y su familia no murieran de hambre. Antes de hacerlo, me detuve a pensar… ¿y cómo por qué hay que salir a ayudar a este hombre? ¿Acaso los desfalcos con el Agro Ingreso Seguro no fueron suficientemente dicientes para que Arias esté preso? ¿Y su nexo con Odebrecht qué? No, Andres Felipe. Por ahí no es la cosa. Tu conmovedora escena en la que expones a tu familia no cambia nada. ¿Antes de delinquir pensaste en ellos?

Pero la cereza del pastel se dio apenas ayer. Mientras Colombia caía ante Paraguay con la “ayuda” de un horrible James, un manifloja Ospina, un chiquichá Cuadrado, un insulso Cardona y un terco Pékerman, el Senador Musa Besaile se entregaba a la justicia. Pero hasta ahí no quedó la cosa. Se entregó con show mediático abordo. La familia del Senador publicó un video en que los protagonistas son Musa, su mujer e hijos. La esposa del hoy encarcelado, llorosa, aparece diciendo dramática: “ahí les entrego a un ser humano”,  ante el llanto conmovedor de sus pequeños hijos y la cara impertérrita de Musa que no dijo ni mú, como si la cosa no fueras con él. El político en desgracia se dejó abrazar, besar y llorar de sus hijos y esposa… pero en el más crudo mutismo. Hasta a mí se me asomó una lágrima cuando la hija menor abrazaba desesperada a su padre.

Justo en ese momento pensé que los actuales realitys en Colombia quedaron sin piso. ¿Qué más realitys  que estos donde los corruptos políticos fungen ahora de víctimas y acuden a la porno miseria para exponer sus pesares, tragedias y hasta a sus familias? Seguro que el rating de este video lo envidiaría “Protagonistas de Novela”. Han sido tan trinadas las campañas televisivas de estos tres personajes que hoy esperan sentencia en cárceles del país, que se dice que ya hay un staff de creativos ofreciendo sus servicios a los políticos que están en capilla de ser aprehendidos por la Justicia, para que puedan inspirar lástima y ganar simpatías.

Mi abuela decía en su mal pronunciado español que “para qué llorar por la leche derramada”. Más bien, en vez de estos montajes lacrimógenos, cursis, que atentan hasta contra el buen nombre de sus propios hijos a los que exponen sin piedad ante la opinión pública, deberían poner el pecho al asunto, aceptar sus culpas y pedir perdón. Y para las esposas un mensaje final: ¿nunca sospecharon de las andanzas de sus maridos? ¿Nunca les entró un ápice de duda a pesar de todas las denuncias de la prensa? ¿No sospecharon si quiera un segundo de dónde salía el dinero para sus lujosas joyas, viajes y caprichos? Tal vez el próximo año, cuando el peso de la ley haga su efecto, en una carta privada, menos mediática, pero sincera, ellos les darán la respuesta. Mientras tanto, el show queda abierto para todos los que faltan por caer.


lunes, 2 de octubre de 2017

Un periodismo más humano, será un mejor periodismo

*El periodista, académico e investigador norteamericano, Dean Nelson, habla sobre el ejercicio del oficio y los riesgos y retos de los nuevos periodistas.

Por Anuar Saad


Es un viajero incansable. Hoy puede estar en Tanzania, escribiendo sobre los miembros del Partido de la Pantera Negra que viven en el exilio, o en Kosovo, escuchado los relatos dramáticos de las víctimas del terrorismo. Ha visto de cerca la fuerza brutal de la naturaleza en la destrucción que dejó a su paso el huracán Katrina en Nueva Orleans o en Haití, como testigo de la devastación que un mortal terremoto provocó a su paso por esa isla. Otro día está en Roma, persiguiendo los detalles sobre la canonización de la Madre Teresa, o en el Tibet, donde contó la historia de los monjes víctimas de una implacable persecución religiosa para después relatar,  en Croacia, la historia sobre esa pequeña parte de Europa que aspira reinventarse después de su separación de la Unión Soviética.

Dean Nelson, ese periodista de tiempo completo experto en temas religiosos y científicos, ha recorrido el mundo cubriendo a profundidad historias de interés humano. El mismo que hoy dirige el programa de periodismo en la Universidad Point Loma Nazarene en San Diego, Estados Unidos, y que recientemente estuvo en Barranquilla haciendo parte del selecto grupo de expositores que hablaron sobre “Populismo y posverdad” en el evento académico “Pensando el Siglo XXI” de la Universidad Autónoma del Caribe.

A simple vista nada lo diferencia de cualquier turista norteamericano de paseo por las murallas de Cartagena. Viste descomplicado; calza tenis que no combinan con su ropa y su rostro bonachón y desprevenido oculta al aventurero contador de historias, el mismo que no desaprovecha un instante para reafirmar que el mundo está hoy ante un periodismo distinto –ni mejor ni peor—sino diferente. Uno que requiere de un periodista polivalente, capaz de ser multimedial pero con un alto conocimiento del contexto de las historias. Uno que sea capaz de interpretar la realidad, que pueda narrar con estética pero que al mismo tiempo mantenga su lealtad con la verdad.

Par él la posverdad no es nada nuevo. –Siempre ha existido la mentira en el periodismo- afirma, al tiempo que advierte que, afortunadamente, la verdad tarde o temprano siempre sale a flote. “El periodista moderno no está amarrado a la objetividad. Es subjetivo, capaz de interpretar la realidad, pero en el marco de la ética, requisito fundamental para ejercer el oficio”, remata.

Dean Nelson escribe para el New York Times, el Boston Globe, Christianity Today, y en otras publicaciones nacionales. Ha sido merecedor de diversos premios de la Sociedad de Periodistas Profesionales por sus reportajes y ha escrito 14 libros. Es PhD. en periodismo de la Universidad de Ohio, con una maestría  en periodismo y otra en Literatura.

Para Nelson, el Internet ha producido efectos contradictorios en el ejercicio del periodismo en todo el mundo. “Por un lado es mucho más fácil, pero también más difícil ejercer la profesión”, sentencia. Y lo explica diciendo que si bien hoy la información está más cercana, casi que al alcance de la mano y se puede gozar de mucha más inmediatez, es, precisamente, por la búsqueda de ser más inmediato, que el periodista cae en el error. Es imprescindible que se verifique mucho más la información. No se puede hacer periodismo guiado, por ejemplo, solo por las redes sociales. Lo que se publica debe ser producto de una honesta verificación. Hoy –asegura— el lector no recuerda más al que da la información primero, sino al que la da correctamente. Hay una alocada carrera por dar la información, que solo genera posverdades.

Este acucioso contador de historias, estudioso del periodismo y sus fenómenos, el mismo académico que disfruta compartir sus conocimientos, no concibe la objetividad como premisa fundamental sobre la que debe girar el periodismo. Y así lo explica: “Cuando tenemos varios temas sobre los que trabajar, y nos decidimos por uno, ya, desde ese momento, murió la objetividad. Elegir un temas sobre otros es un ejercicio de la subjetividad. Así como encontrar el punto de vista, los detalles relevantes, hasta la voz en la que contaré la historia”.

Aconseja no quedarse solo con una mirada de los hechos. Para él, múltiples voces deben ayudar a contar las historias desde todas las perspectivas posibles. “Es importante sondear varias opiniones para tener una percepción más clara de los hechos, algo que debe afinarse desde que se está cursando la carrera”. Es que es un convencido de que el aspirante a periodista que pasa por la Universidad debe aprender a echar mano de todas las herramientas posibles y a moverse en los distintos medios. “Hay que ser diestro con la escritura, pero también ser capaz de producir contenidos multimedia o crear una infografía, pero en lo que la Academia debe hacer énfasis, es en la enseñanza del contexto”.
Y ese contexto está representado en fundamentaciones filosóficas, conocimientos políticos, económicos y sociales. Un periodista debe ser un hombre de mundo, afirma Nelson, pero con profundo conocimiento del mismo. Un periodista –prosigue- debe cultivar y poner en práctica aquello que nos identifica como seres humanos: la ética.

No es un secreto que hoy, en las salas de redacción de diarios y revistas, hay montañas de periodistas preparados para cubrir álgidos conflictos. Para cubrir la guerra, la muerte y la desolación. Pero hay que apostarle a la formación de periodistas que sean capaces de contar historias humanizantes, representativas y hasta personales. Historias que en vez de guerra, promulguen paz. “En el mundo siempre existirá el conflicto. Pero también hay otras historias que contar: la compasión, el sacrificio, el amor y la esperanza. Todos ellos valores que van más allá de la maldad”. Un periodismo más humano, será sin duda un mejor periodismo. Ese mismo que, más allá del dato, las estadísticas o las cifras, nos muestren a los verdaderos protagonistas de las historias: a los hombres y mujeres de carne y hueso, como nosotros, con las mismas alegrías, tristezas, logros y sufrimientos. Historias que sin importar si se producen en Haití, Kosovo, Croacia, Nueva Orleans o El Vaticano, deben despertar sentimientos y sensaciones que las vuelvan universales. Que nos muestren al ser humano, también como nosotros, que se esconde detrás del dato.




viernes, 29 de septiembre de 2017

Yo me llamo Sammy Quillero

Samuel Martínez, interpretando el piano.
Por Anuar Saad
Los nuevos reyes.
¡Aquiiii suenaaaaa!
Cuando Alberto, su padre, escuchó que desde el cuarto de su hijo salía una conocida melodía, entendió que Samuel estaba pidiendo pista para desenvolverse en algo que se ha convertido en una de sus más grandes pasiones: la música. Y es que a la edad en que otros niños tantearían un piano para lograr, con suerte, entonar la melodía de “Los pollitos dicen”, él, en cambio, interpretaba Tocata y fuga de Johann Sebastian Bach, misma que llega a todos los colombianos cada vez que se anuncia por televisión “El minuto de Dios”.
Con el mezclador y su picó 
A Samuel, como a todos los niños de su edad, le gusta el fútbol, la música, el desorden, las malas palabras  y el Carnaval. Pero a diferencia de otros, Sammy vive el Carnaval más desde los sonidos que de lo visual: Samuel no puede ver.
Sus padres, Paola y Alberto, aún se estremecen cuando relatan ese momento en que se enteraron de la condición de su hijo. “Cuando me dijeron que mi hijo no podía ver sentí que se me acababa el mundo. La primera pregunta que vino a mi mente fue ¿por qué a nosotros? ¿Qué hice mal? Y entonces enfrentamos y superamos  etapas terribles: la negación de la enfermedad –esa donde creíamos que pronto podría ver—para pasar a la aceptación, que no descarta que en un futuro pueda existir un procedimiento médico que le permita ver los colores que hoy se imagina”.
Conozco a Samuel casi desde que nació. He departido en su casa y me he desternillado de risa con sus ocurrencias de genio precoz. Es capaz de imitar los acentos de todas las regiones del país y le encantan los acentos extranjeros. La búsqueda de nuevos sonidos, y su pasión por los instrumentos musicales, lo llevó inevitablemente a tomar clases de música. Pero lo que lo define, es la percusión. Y de ahí, que la champeta sea su género preferido. Esa misma que reproduce en altos decibeles en su picó que exhibe con orgullo. A su corta edad es un DJ consumado. Improvisa, anima, se mueve como el más diestro bailarín, mientras que esa sonrisa entre ingenua y pícara, engalana por siempre su cara enmarcada por rizos dorados.
Es ese mismo niño que lleva tres años en Voz Infantil y que desde hace dos, descubrió en radio algo que lo cautivó al instante: las placas identificadoras de Olímpica Estéreo, esas mismas que, para esta época, resuenan en todos los rincones de la ciudad, en buses, vehículos particulares y busetas, diciendo: “Se sienteeeee, que llega diciembreeeeee” o la de “Olímmmmmmmpicaaaaa…. ¡se metióoooooooooooo!” De ahí que su próximo deseo, fue conocer al hombre detrás de la voz. Y es ahí cuando conoce a Mike Char quien, además, lo invitó a grabar varias placas para la emisora. “Y Mike cuando llama, no es para hablar conmigo: es para hablar con Sammy”, cuenta Alberto resignado. Cada vez que Sammy atraviesa la puerta de Olímpica Estéreo, la emisora se paraliza. Es todo un personaje. Su sabor y alegría hace que, como por arte de magia, un día gris se convierta en una tarde radiante.
A sus 11 años es un estudiante destacado del Royal School quien goza de su aprendizaje mientras cuenta ansioso los meses que faltan para que otra vez sea Carnaval. Le fascina estar disfrazado y, cuando lo está, a su alrededor todo sabe, huele y se oye como carnaval. Mezcla en la consola sus champetas preferidas y maneja la percusión para resaltar el golpe pegajoso de la canción.
Su pasión por la ciudad que lo vio nacer, sus costumbres, modos, gestos y gustos de barranquillero nato, lo hicieron merecedor de un apodo que ya parece más su nombre: “Sammy Quillero”, el mismo Sammy que hoy orgullosamente es el Rey Infantil del Carnaval de Barranquilla.
Su padre reconoce que no es fácil manejar a Sammy. “Es un verdadero ciclón al que parece no acabársele nunca la energía”, dice con un tono que va entre la admiración y la resignación.  Hace poco –relata Alberto- en un evento social al que me invitaron --donde incluso había varios colegas de la academia y el periodismo-escuché una voz a mis espaldas que preguntaba a galillo vivo: Hey… ¿quién es ese señor que está con el Sammy Quillero?
Samuel, ese niño precoz de sonrisa generosa, dicharachero, guapachoso y musical que proyecta una alegría así de grande que transforma los corazones, es un ejemplo de vida. Uno que nos enseña a no sobrevivir en medio de las lamentaciones, sino agradecer a Dios por lo que tenemos y ser capaz de vivir –lo más feliz que podamos—con ello.






jueves, 31 de agosto de 2017

Nacimiento, evolución y aplicación del periodismo literario



Por ANUAR SAAD

Ni los más escépticos pueden negar que el periodismo necesita de la literatura. Y los literatos más conservadores se han percatado, aún con asombro, que la literatura recurre con más frecuencia de la que quisieran, al periodismo. Algunos especialistas consideran que aquello no es más que una extraña y absurda mezcla que estaría lejos de conformar un género o recibir una denominación específica. Pero los hechos demuestran que, en efecto, existe una expresión periodística sobre la que soplan fuertes vientos literarios. Así, se habla hoy de Periodismo Literario (otros prefieren denominarla como periodismo narrativo) para señalar los relatos cruzados por estructuras, técnicas y formas narrativas propias del cuento o la novela.
Es un estilo que está exento de toda duda en tanto que es cada vez más visible el interés de los medios escritos por mostrar trabajos con un alto contenido narrativo. La preocupación estética respecto al desarrollo de las historias es cada vez más creciente, y de allí la proliferación de revistas especializadas donde son visibles el esfuerzo y la puesta en escena del ingrediente literario.

Para hablar de Periodismo Literario es necesario hacer mención del periodista propiamente dicho y del literato como hombre que oficia -utilizando el expediente de la ficción- a través de la palabra escrita. El primero, aun conociendo las herramientas fundamentales del género, podría desarrollar reportajes, crónicas o perfiles mediante un lenguaje sencillo, unas técnicas de aceptable relevancia y una narración que podrá satisfacer medianas exigencias estéticas. 

El segundo, por sí solo, podría ser un formidable creador de historias, un inventor de realidades o, como diría Mario Vargas Llosa, "un rebelde contra la creación de Dios que es la realidad… Una tentativa de corrección, cambio o abolición de la realidad real, de su sustitución por la realidad ficticia que el novelista crea. Éste es un disidente: crea vida ilusoria, crea mundos verbales porque no acepta la vida y el mundo tal como son (o como cree que son). La raíz de su vocación es un sentimiento de insatisfacción contra la vida; cada novela es un deicidio secreto, un asesinato simbólico de la realidad".

En el siguiente enlace, podrán encontrar un ciclo vital --a través de muchos hipervínculos, ejemplos, videos y personajes) del cómo se hace, qué es y para qué sirve el periodismo literario.
¡Disfrútenlo!








martes, 25 de julio de 2017

Uniautónoma: 50 años de una historia que se sigue escribiendo


Por ANUAR SAAD

Era inevitable no verla. En mi camino obligado al Liceo de Cervantes, tenía que tropezármela. Rodeaba toda la manzana y esos ladrillos rojos la hacían fácilmente reconocible. Para ese entonces, alguien me había dicho que ofrecían la carrera de comunicación social, por la que, a lo largo de mi vida escolar, había manifestado bastante empatía.

No lograba entender por qué no era periodismo a secas, sino que venía bautizada con el complejo nombre de “Comunicación Social”, algo que, por supuesto, tuve la oportunidad de descubrir después.
Y fue en 1982 cuando empecé a pertenecer, oficialmente, a la “comunidad de la Autónoma”. Fueron cuatro maravillosos años en los que, a la par que fui aprendiendo los nuevos conocimientos que me abrirían las puertas al mundo profesional, conocí gente maravillosa entre alumnos y profesores, con quienes fui creciendo como persona.

Finalizaba 1985 y se avecinaba lo inevitable: la carrera llegaba a su fin y por un momento la nostalgia me embargó. ¿Y ahora sin la universidad qué iba hacer? Con el fin de mis clases, le decía también adiós a mis amigos del alma y a profesores a los que admiraba y que aún admiro: Jaime Gómez; Fernando López de Vega (Q.E.P.D); Antonio Logreira, Gonzalo Restrepo, Sigilfredo Eusse, Carlos Ramos Maldonado, Walter Bernett Iguarán (Q.E.P.D); Nolly de Espitaleta, Cecilia Alvarez, Jesús CorreaCarlos Emilio Manjarrés (Q.E.P.D) y Hernando Gómez Oñoro quien, en un acto de misericordia, me sacó de un billar cercano para llevarme casi a regañadientes a El Heraldo donde un tal Ernesto McCausland necesitaba un asistente.

Después de largos años en El Heraldo, regresé –como el hijo pródigo—a la Uniautónoma del Caribe donde me descubrí como docente: tenía ahora la oportunidad de enseñarle a otros lo mejor (¿o lo único?) que sabía hacer, escribir. Y fue así como con el pasar del tiempo muchos de los que fueron mis estudiantes superaron al maestro: una lista larga de insignes comunicadores que hoy se destacan en el país y en el exterior.

Mi historia –resumida infinitamente en las líneas anteriores—es solo una de las miles de historias de vida que encierra una Universidad que ha marcado el futuro de miles de jóvenes de la Costa Caribe colombiana. Y es que de esa casona donde se iniciaron sus clases, hace hoy 50 años, solo queda el recuerdo. Lo que ese grupo de visionarios fundadores (Mario Ceballos Araujo, Benjamín Sarta, Julio Salgado Vásquez, Orlando Saavedra, Osvaldo Consuegra, Nayib Abuchaibe y Eduardo Vargas Osorio) idearon pensando en las necesidades educativas de los habitantes de esta zona del país, es hoy una de las mejores instituciones de educación superior de la Costa Caribe. Una Universidad con medio siglo de trayectoria que ha sido capaz de reinventarse en medio de sus dificultades y que ahora, en sus últimos cuatro años y de la mano de su Rector Ramsés Vargas Lamadrid, ha sido capaz de multiplicar sus indicadores de calidad en procura de lograr la excelencia académica, un fin impostergable, por el que los miembros de la comunidad académica luchan día tras día.

El tiempo me dio la oportunidad de poder trabajar mano a mano con quienes antes habían sido mis maestros. Y con ellos, hemos llegado a este medio siglo de servicio a la comunidad. Cincuenta años llevando alegría a las familias de la región y el país. Cincuenta años construyendo los sueños de nuevos profesionales. Cincuenta años trabajando de la mano con la investigación para aportar al desarrollo regional. Cincuenta años en los que sigue firme con su compromiso social. Cincuenta años en que lo conceptual, lo empírico, lo lúdico, las artes y el deporte se fusionan en aras de formar mejores seres humanos. Cincuenta años llenos de historia. Cincuenta años… ¡transformando vidas!

martes, 18 de julio de 2017

La muralla del canalla

POR ANUAR SAAD

No es un secreto para nadie. La posmodernidad nos consume. Nos habita. Nos sacia. En palabras de Bauman, vivimos navegando en medio de una “modernidad líquida”, que se caracteriza por ser una sociedad de consumidores individualizada y con escasas regulaciones. Es una sociedad ambivalente que se alimenta por su persistencia de trastocar la disciplina; agredir la moral; violentar la ética y de paso, a toda clase de normas que causen impedimentos a esta nueva especie de “relaciones públicas” que es en lo que se han trastocado las necesarias políticas públicas.

El encumbramiento del ego ha encontrado en las crecientes redes sociales, esas mismas que se están convirtiendo peligrosamente en una caricatura de los mass media, un caldo de cultivo para imponer el bienestar particular sobre la ya romántica premisa del bien común. Es la consecuencia del reemplazo del antiguo ágora por los modernos centros comerciales en los que se alimenta ese mismo ego, cada vez más alborotado e insaciable.

El prolífero sociólogo polaco dejó en su legado centenares de frases célebres y, algunas de ellas, sobre la amenaza en que pueden constituirse las redes sociales, el gran primogénito de la postmodernidad: Las redes son muy útiles, dan servicios muy placenteros, pero son una trampa". En las redes tú tienes que crear tu propia comunidad. Pero no se crea una comunidad, la tienes o no; lo que las redes sociales pueden crear, es un sustituto. La diferencia entre la comunidad y la red es que tú perteneces a la comunidad, pero la red te pertenece a ti".

Y en esta “sustitución” de comunidades, los grupos (¿o pandillas?) de amigos o las comunidades repletas de fanáticos seguidores de un determinado líder político o espiritual, o barras bravas de un equipo de fútbol, tienen cabida sin problema en el mundo virtual, aunque en el real, nadie los quiera ni de vecinos…”pero en cambio, ser miembro de un grupo de Facebook es muy fácil. Puedes tener más de 500 contactos sin moverte de casa, le das a un botón y ya".

Bauman va más allá y afirma que en esta modernidad se desbordan las angustias vitales que son expresadas por conductos electrónicos a los que él llama “chat-chows”. Es, a través de ese mismo conducto, en el que el individuo, más desde lo visceral que desde lo intelectual,  se limita a una angustiosa necesidad de interconectarse para poder compartir “sus intimidades”, que pueden ser desde unas vacaciones en el mar; una comida con amigos, una convalecencia en el hospital; un familiar muerto en su ataúd, hasta una relación sexual. Conductas propias de comunidades que mantienen vínculos frágiles --y muchas veces efímeros-- que buscan con desespero la aceptación del otro a través de un “me gusta”.

A todo lo anterior se le suman los medios de comunicación --ahora en el rol de portales de noticias que se actualizan casi instantáneamente-- y que dan cabida (como no hacerlo si mueve el rating y la lecturabilidad) a noticias amarillistas o a replicar hasta el cansancio los últimos escándalos en los que jamás faltan las malas prácticas políticas, los asesinatos, la corrupción  y la miseria.

De todo lo vaticinado por Bauman como profeta de la posmodernidad, se le agrega ahora el concepto de posverdad, definida esta, entre otras muchas acepciones, como “el fenómeno que se produce cuando los hechos objetivos tienen menos influencia en definir la opinión pública, que los que apelan a la emoción y a las creencias personales".

Hoy gran parte de la sociedad contempla casi con horror la posibilidad de convivir, tal como lo dijera el pensador británico A.C. Grayling, en un mundo dominado por la posverdad ya que ello provocaría indefectiblemente la "corrupción de la integridad intelectual" y un daño irreversible al tejido de la democracia.

De allí que a través de las redes transiten los más bajos instintos y sentimientos. Es por eso que en ellas  un expresidente, cuyo nombre es mejor no pronunciarlo porque como el monstruoso Lord Valdemort, célebre en Harry Poter, parece cobrar más poder cada vez que se le invoca, hace crecer su popularidad, increíblemente, con base a la in-popularidad. No le importa lo correcto, si es correcto para él. No importa llevar a un país a la polarización extrema loca y desenfrenada si eso lo encumbra como el político más reconocido y qué va importar si está construido sobre un pasado oscuro del que ya nadie quiere hablar. Es esa posverdad, o la asimilación de la mentira como verdad, que permiten atentar contra un periodista acusándolo de ser un “violador de niños”.

Y allá, escondidos tras la fachada de “seguidores”, están pertrechados, dentro  de los más de cinco millones de miembros de su red, muchos fanáticos exacerbados en defensa de un líder indefendible que colman las redes con trinos amenazantes e intolerantes en los que exponen todo el veneno de sus corazones.

Estamos frente a una nueva muralla que parece aguantar de todo. Una donde la infamia y la mentira se pavonean orondas pisoteando sin reparos la ética y las buenas costumbres;  la honra de los demás; a la verdad real y a la nobleza humana. Lástima que uno de los mayores inventos de la humanidad, ese mismo que permitió acercarnos al mundo sin salir de la casa, termine siendo hoy la muralla del canalla.

martes, 11 de julio de 2017

Si mató a la ética… ¿por qué no a Maduro?

Por Anuar Saad

“Estamos en una democracia y tengo derecho a opinar” dijo sin ruborizarse el abogado Abelardo De La Espriella después de publicar una columna en El Heraldo de Barranquilla titulada “Muerte al tirano” en la que propone una solución definitiva para erradicar los problemas de Venezuela: asesinar a Maduro.

Del abogado no me sorprende para nada su “intrépida” propuesta, al fin y al cabo, él fue el mismo quién aseguró que la ética no era necesaria para ejercer el Derecho. Pero sí me sorprende por EL HERALDO, medio en el cuál me formé como periodista y al que le guardo profundo afecto. El mismo Director le salió al frente a las críticas (que no son pocas) aduciendo que solo se enteró de la columna del abogado, después que esta saliera publicada. Algo así como un “me acabo de enterar” del Presidente Santos, célebre frase que dio pie a innumerables memes.

Permitir, por consenso u omisión, que se distorsione el alcance real que debe tener la  “libertad de expresión”, es algo que sí reviste gravedad. Las reacciones “a rayo caído”, esas explicaciones extemporáneas sobre un mal que ya se hizo, poco pueden remediar la situación, incluso, si ya se eliminó del roster de colaboradores al citado columnista. Pues la sensación de que la apología al magnicidio se germinó desde las páginas de opinión de un medio tan reconocido, no se borrará de un manotazo. La responsabilidad es compartida sin duda: la tiene el columnista y, por supuesto, el medio que lo permitió así sea “sin culpa”. Las causas del por qué, ya serán anecdóticas y las explicaciones –aunque podrían ser válidas—no nos quitará esa malsana sensación de que se está desvirtuando al periodismo, al derecho a la opinión y a la ética y la moral.

No es un asunto menor que desde una columna se proponga matar al presidente del país vecino. No solo atenta contra el más mínimo concepto de la decencia, sino que enciende más el fuego en para que se aviven las pasiones y que la salida democrática que tanto se anhela, sea reprimida con más violencia. Apagar el fuego con el fuego, nunca ha sido la más sensata de las soluciones. Venezuela es en este momento un país ad portas de una guerra civil.

Todos reclamamos para la tierra de Bolívar una inmediata restitución de la democracia. Pero una democracia impuesta gracias al asesinato del líder represor, jamás sería una democracia legítima. La presión internacional; el pronunciamiento de los Estados; la presión interna, las manifestaciones, las tomas de las calles, irán debilitando aún más las dictatoriales políticas vigentes hasta cerrarle el cerco definitivo a Maduro.

Decir que lo que escribió es lo que muchos piensan en privado es también una frase absurda. El periodismo es público y por ello, afecta a la comunidad, al que lo lee y también sobre el que se dice algo. No es lo mismo un rumor de coctel, que un escrito en un periódico de circulación regional.  No es lo mismo, señor De la Espriella, que usted le diga a dos de sus amigos mientras comparten un whisky que hay que matar a Maduro… que decirlo en un medio masivo de comunicación. Hay algo que se llama responsabilidad social que es intrínseca a la razón de ser de los medios y del periodismo mismo.

 La columna en cuestión es un campanazo de alerta sobre el estado de la intolerancia que campea en el país. Intolerancia con la que, para solucionar algún problema, se propone asesinar.   Hoy fue a Maduro. ¿Mañana a quién? 

martes, 4 de julio de 2017

Uribe va al mercado

Por ANUAR SAAD

Resultado de imagen para caricaturas de alvaro uribeYa me parece estar viéndolo. Con su toallita arrugada sobre el hombro derecho (jamás el izquierdo), en pantalón dominguero y zapatos ligeros llevando a timonazos salvajes (como al país) un verde carrito de mercado seguido por una horda de guardaespaldas malencarados.

No hay de qué sorprenderse. Como usted y yo, Uribe hace mercado. Y no compra lo que Doña Lina le anota acuciosa. Termina comprando, o mandando a comprar, lo que le da la gana como aquellas tierritas cerca  de zonas francas donde sus hijos invirtieron unos pesitos. Me lo imagino hurgando en su bolsillo derecho en búsqueda de su tarjeta de cliente fiel para aprovechar unas promociones que el almacén anuncia: por la compra de dos, te dan tres huevitos.

Dicen quienes lo vieron, que cuando no encontró mermelada de mora, su preferida, alcanzó a exclamar que para qué seguir buscándola si Santos la malgastó toda. Afirman los perplejos testigos que no dejó una degustación en pie: él y sus guardaespaldas tenían hambre vieja como si estuvieran viviendo en Venezuela: el cafecito, las galletitas con atún y una nueva presentación de arepas paisas, fueron devoradas en un dos por tres.

“Es que en el Congreso no reparten ya ni tinto porque no hay presupuesto”, relató un cliente que jura habérselo escuchado al expresidente quien, además, agregó para comprobar lo dicho: “si dieran tinto, Gerlein no se la pasara durmiendo, el pobre”.

Un guardia quien pidió no ser identificado reveló que el Senador Uribe prefería dar la vuelta completa al supermercado que “hacer la U”. -¡Nada de U muchachos! Prefiero seguir por el Centro-
-¡Ay dotorcito!, mi hijo terminó en la universidá y está sin chamba- le dijo un humilde cliente quien salió a su paso esperanzado.

-¡Ahí está mi amigo! Culpa física del castrochavismo que estamos viviendo. ¿Usted votó por el sí o por el no?
-Por el sí dotor.
-Siguiente pregunta- dijo, y se alejó raudo entre los pasillos de la derecha.

Uno de los guardaespaldas le susurró al oído que no se le olvidara los pinchos para Doña Lina por aquello de la parrillada en una de sus finquitas donde había invitado a congresistas y funcionarios amigos.

–Hay que comprar menos carne porque me dijeron que Luis Gustavo Moreno no puede ir porque tiene un problema con VEA-
-Es la DEA-, le corrigió uno de sus guardaespaldas.
-Bueno mejor, así rinden más la carnita y los huesitos. Pero llamá a Doña Lina y decíle que pinchos no voy a llevar porque me recuerda aquello de las chuzadas. Qué más bien llevaré bastante papel higiénico para ver si podemos tapar unas cuantas c….- En ese momento le sonó el celular, según nos confirmó una empleada doméstica quien estaba cerca de Uribe al que quería pedirle un autógrafo.

-Sí María Fernanda, ya te lo mandé. El muchacho es un profesor experto en geopolítica y en José Gregorio Hernández. Ombe sí, te dije  José Gregorio Hernández. Te va a servir para que pueda hacerte el milagrito de que no digas más estupideces…

Le hizo una seña a uno de sus escoltas para que cogiera tres garrafones de aguardiente que estaban en promoción, mientras le daba instrucciones a otro para que recogieran cuanto libro de Gabito hubiera por las bibliotecas de la hacienda. –Apenas llegue Alejandro Ordoñez le dan los libros para que prenda la fogata-

Se cercioró además, con poca discreción, que había unos invitados en su lista del asado que no reconocía mucho. –Ve, Manuel – le dijo a uno de sus acompañantes – ¿ Podés averiguar quiénes son “Nora los niños y yo”?

Como cualquier parroquiano se instaló un una de las filas apostadas allá, muy a la derecha de todo, esperando con poca paciencia su turno.

Justo en ese momento, fue cuando creyó escuchar a alguien decir que era víctima de una extorsión. – No es extorsión, esos son los precios de acá- alcanzo a decir el exmandatario. Después se cercioró que era un copartidario suyo que denunciaba la inseguridad creciente que estaba flagelando a los colombianos.

Para no desaprovechar la fugaz oportunidad de figurar,  trató de twittear inmediatamente pero no pudo: le habían robado el celular.






viernes, 16 de junio de 2017

Movilidad, inmóvil/ Columna en ADN

Por ANUAR SAAD

No es un secreto: en desarrollo, escenarios deportivos, recintos feriales, parques, pujanza comercial, generación de empleo y arborización, Barranquilla se mueve. Pero paradójicamente, donde no se mueve, es en su movilidad vial.

Si bien los auxiliares de tránsito que el Distrito ha dispuesto en distintos sectores –especialmente los más congestionados en las horas pico—son de invaluable ayuda para tratar de mitigar el caos vehicular en esta capital, también es cierto que las medidas tomadas para  el maremágnum epopéyico que representa movilizarse por nuestra calles es similar al de tratar de curar un cáncer con pañitos de agua tibia y bicarbonato.

El problema de Barranquilla por ser una ciudad que nació casi sin culpa y que fue creciendo sin planeación alguna, lo estamos pagando ahora y con creces. Y es una lástima que una urbe que se muestra hermosa, altiva, cosmopolita, no pueda recorrerse con comodidad pues, tratar de hacerlo de lunes a sábado, es casi una penitencia.

Los trancones no dan tregua: por donde se quiera meter hay filas de carros movilizándose a menos de 10 kilómetros por hora. Solo nos queda soñar con estratégicos, modernos y funcionales puentes elevados (como los de Medellín, por ejemplo) o vías subterráneas como las que hay en muchas capitales latinoamericanas, y que algún día, se compren aceras enteras ocupadas hoy por viviendas o negocios para poder ampliar sus calles.

La vía hacia la ciudadela universitaria, donde ahora abundan colegios de alta alcurnia, es intransitable. Llegar a un destino relativamente cercano entre las 6 y 30 a las 7 y 30 de la mañana en ese sector, puede llevarte 50 minutos si estás de suerte.

Vivimos en una bella ciudad en la que, es innegable, las últimas administraciones han llevado al desarrollo. Pero para disfrutarla, necesitamos recorrerla sin congestiones eternas.


viernes, 9 de junio de 2017

Los estudiantes: en el limbo /Columna de ADN


Por Anuar Saad


Casi un mes después que los maestros de los colegios estatales decidieran irse a la huelga para reclamar lo que ellos consideran sus derechos para obtener reivindicaciones salariales que dignifiquen el oficio, no se percibe ninguna solución a corto plazo.

Y mientras la Ministra le da largo al asunto desconociendo que, en efecto, el oficio de maestro históricamente ha sido desdeñado por el Gobierno y está en lo último de la escala salarial del Estado, los estudiantes quedan atrapados en un conflicto de intereses agravando así  el precario sistema educativo del país.

No nos digamos mentiras. Los colegios públicos –por hablar solo del caso de Barranquilla—dan lástima: salones semidestruidos, pupitres que se caen en pedazos, abanicos que chirrían al movimiento de sus aspas, cursos enormes en cantidad de estudiantes lo que desafía a la didáctica y una logística digna de pueblo pobre. Mientras tanto, las autoridades se jactan de que hay más escuelas pero no describen en qué estado se ponen al servicio.

Y mientras el Gobierno se niega a compensar el disminuido rango salarial de los maestros bajo la excusa de que no hay de dónde sacar ese presupuesto, los dirigentes de Fecode solo piensan (a pesar de que sus argumentos pueden ser razonables) en el bienestar de su gremio pero les importa un pepino los estudiantes. Porque si les importara, buscarían mecanismos distintos a la huelga para negociar sus pretensiones. Ellos, a la larga, seguirán devengando sin trabajar mientras que los miles de alumnos, en sus casas, correrán el riesgo hasta de perder el año escolar. Pero a estos directivos sindicales eso les importa poco: sus hijos están, seguro, en los mejores colegios privados del país.


Docentes y Gobierno deben ponerse la mano en el corazón y, así sea por un momento, dejar de lado sus intereses particulares y pensar en el futuro de Colombia. Ese futuro que está representado, precisamente, por nuestros jóvenes estudiantes.

martes, 6 de junio de 2017

Saúl, el “sub-payaso”

POR ANUAR SAAD


No era el circo de “Los hermanos Gasca”, pero el número bien podría hacer parte del show. No tenía las mejillas embadurnadas de colorete barato ni el pelo oculto por una estrambótica peluca violeta. Sus finos zapatos de cuero negro hacían extrañar las pantuflas enormes y desfiguradas que suelen llevar los payasos desde tiempos remotos. No usaba tirantas de colores que ajustaran sus calzones remendados. Él, en cambio, vestía de traje entero, oscuro y costoso. A pesar de las diferencias, su alma lo dejó al descubierto: él también era un payaso.

Pero antes que el SPC (Sindicato de Payasos de Colombia) me denuncie por perjurio y calumnia, es mi obligación aclarar que los payasos, esos mismos con los que crecimos cuando no había facebook, twitter, Instagram y entretenimiento barato y digital, eran los que nos alegraban la vida. Podíamos verlos en los circos dos veces al año cada vacación y delirábamos con sus ocurrencias hasta las lágrimas. A veces, los veíamos por televisión en algunos programas que nos acompañaron durante toda la infancia.

En cambió él es un payaso que parece sacado de la truculenta imaginación de Stephen King: un payaso malévolo, macabro, perverso…y corrupto. Para él solo hay un corazón (y un estómago) que le gusta alegrar: el suyo. Aunque repite su mismo número desde hace quince años cuando hace parte de un elegante circo en la capital de la República, es un mísero payaso de reparto. Ni siquiera, es el principal. Algo así como un sub-payaso.

A veces, este payaso, confunde las funciones de su puesto con otras. No es sub-secretario sino sub-mensajero. Patina favores haciendo morisquetas baratas y poniendo cara de “inocente paloma”. Aunque debería entregarse a su público (el pueblo colombiano de quien devenga el sueldo) él prefiere hacerle función privada a su jefe político –el infortunadamente recordado Alejandro Ordoñez—a quien por desventura para él, no pudo cumplirle el último número que consistía en hacer aparecer, como por arte de magia o sacado de un sombrero de copa, a un nuevo miembro de la Corte Constitucional. 

A este remedo de payaso el truco le salió al revés y en vez de Álvaro Mota (candidato de Ordóñez) le apareció Diana Fajardo. Contrario a mis payasos de infancia, este no soportó llevar la procesión por dentro. Él tenía que hacerla manifiesta, pero también de alguna manera le urgía victimarse  para que, así sea por lástima, nadie le reclamara su función incumplida. Con una voz transfigurada, que me recordó al inmortal “Pernito” ¿o sería “Tuerquita?” empezó a repetir haciendo gracias como mono de zoológico: -“Iba al baño y me he encontrado con una cámara de Noticias Uno y como podrán ver me han pegado en la cara. Yo no entiendo. Una cámara de Noticias Uno. ¡Yo no entiendo por qué! Yo cumplo mi función y esto me tiene muy consternado” Vea aquí el show del "payaso Saúl"

Como el caso de los pájaros tirándole a las escopetas, el de Saúl Cruz fue un caso de un enajenado mental o, peor, un impredecible orquestador de falsos positivos que se golpeó dos veces contra la cámara del camarógrafo de Noticias Uno, para alegar que lo habían atacado. Un chiste malo y flojo. Pero contrario al show de Los Gasca, aquí nadie rió. Al contrario, la llama circense se siguió extendiendo y otros payasos como él montaron su número con atril y todo. Unos dieron gracia y otros no, como ese tal José  Obdulio, que lo único gracioso que tiene es, precisamente, su segundo nombre y su remoquete de “padre de la patria”. La carpa entera se estremeció en mensajes de solidaridad con el payaso en desgracia, ese mismo que se ha mantenido dentro del show, gracias los favores personales que suele hacer a los otros miembros de la función: un mandadito, un recadito, un autito, un hotelito, un viajecito, un viatiquito o, por qué no, un lobby descarado para asegurar una curul.

No es lo mismo ver a Tumbelín, Panderito y Bebé estrellándose contra ellos mismos o golpeándose tratando de atinarle a algo, que ver a este burdo remedo de payaso y de político golpearse dos veces contra una cámara para denunciar una agresión. Saúl Cruz no da risa alguna. Ni siquiera lástima. Lo que da es dolor de patria de saber que, con nuestros impuestos, alguien de esa ralea esté en el Congreso de la República. No sé de qué se graduó, pero seguro jamás supo lo que era la ética, el respeto o la dignidad humana.

No sabe el señor Cruz ni siquiera qué es ser payaso, profesión que dignifica al que la ejerce porque no pervierte los valores y porque, además, no representa –como él sí lo hace—un peligro para la sociedad. 

Esperamos que el acto final e inevitable que el destino tiene guardado para todos los de su clase, llegue pronto. Que le caiga el telón. Que caiga tajante y definitivo y borre de la faz del Congreso a un mitómano disfrazado de político… ¡que ni payaso pudo ser!

jueves, 1 de junio de 2017

Electricaribe...¿peor el remedio? /Mi columna en ADN

POR ANUAR SAAD

Mientras todos esperan una solución definitiva al sistema de prestación de energía eléctrica en la Costa Caribe, el problema con la luz en la Región, en vez de mejorar, empeoró.

Aunque nadie creería posible que el servicio pudiese ser más malo de lo que era cuando el consorcio español (¡Ay los españoles!) regentaba su destino, la verdad –poniéndonos la mano en el corazón—es que ahora es peor. Y es peor porque, aparte de seguir siendo malo es, para colmo, mucho más costoso.

Las protestas masivas de los últimos días en distintos barrios de Barranquilla, donde los moradores de estratos 1 y 2 blandían escandalizados recibos que llegaban a los 400 mil pesos, son una pequeña muestra de la escalada del consumo de energía. Increíblemente, una ciudad que por su tipología climática requiere de mayor consumo para aliviar el asfixiante calor, el kilovatio es el más caro de Colombia: es decir, nos penalizan el hecho de que necesitamos más, cuando debería ser lo contrario.

Ya la poca paciencia que les queda a los habitantes se está acabando. Amarrar a un contratista a un poste y quemar los recibos de luz que pretendía repartir, habla por sí solo de su descontento, aunque en el fondo no solucione nada, sobre todo, porque el pobre funcionario solo cumplía con su trabajo.

Las astronómicas cifras de las facturas son indignantes. Porque no hay algo que disguste más que pagar por algo de mala calidad o, peor, por un servicio que a veces ni siquiera se recibe. Esta etapa de “transición” de la empresa ha sido más de lo mismo: apagones, subidas de voltaje, explosión de transformadores y todo ello agravado con un recibo mucho más costoso. 

Y no hay derecho a protesta. Porque cuando se acerca a la oficina, la sentencia es fulminante: pague primero y reclame después.