martes, 25 de julio de 2017

Uniautónoma: 50 años de una historia que se sigue escribiendo


Por ANUAR SAAD

Era inevitable no verla. En mi camino obligado al Liceo de Cervantes, tenía que tropezármela. Rodeaba toda la manzana y esos ladrillos rojos la hacían fácilmente reconocible. Para ese entonces, alguien me había dicho que ofrecían la carrera de comunicación social, por la que, a lo largo de mi vida escolar, había manifestado bastante empatía.

No lograba entender por qué no era periodismo a secas, sino que venía bautizada con el complejo nombre de “Comunicación Social”, algo que, por supuesto, tuve la oportunidad de descubrir después.
Y fue en 1982 cuando empecé a pertenecer, oficialmente, a la “comunidad de la Autónoma”. Fueron cuatro maravillosos años en los que, a la par que fui aprendiendo los nuevos conocimientos que me abrirían las puertas al mundo profesional, conocí gente maravillosa entre alumnos y profesores, con quienes fui creciendo como persona.

Finalizaba 1985 y se avecinaba lo inevitable: la carrera llegaba a su fin y por un momento la nostalgia me embargó. ¿Y ahora sin la universidad qué iba hacer? Con el fin de mis clases, le decía también adiós a mis amigos del alma y a profesores a los que admiraba y que aún admiro: Jaime Gómez; Fernando López de Vega (Q.E.P.D); Antonio Logreira, Gonzalo Restrepo, Sigilfredo Eusse, Carlos Ramos Maldonado, Walter Bernett Iguarán (Q.E.P.D); Nolly de Espitaleta, Cecilia Alvarez, Jesús CorreaCarlos Emilio Manjarrés (Q.E.P.D) y Hernando Gómez Oñoro quien, en un acto de misericordia, me sacó de un billar cercano para llevarme casi a regañadientes a El Heraldo donde un tal Ernesto McCausland necesitaba un asistente.

Después de largos años en El Heraldo, regresé –como el hijo pródigo—a la Uniautónoma del Caribe donde me descubrí como docente: tenía ahora la oportunidad de enseñarle a otros lo mejor (¿o lo único?) que sabía hacer, escribir. Y fue así como con el pasar del tiempo muchos de los que fueron mis estudiantes superaron al maestro: una lista larga de insignes comunicadores que hoy se destacan en el país y en el exterior.

Mi historia –resumida infinitamente en las líneas anteriores—es solo una de las miles de historias de vida que encierra una Universidad que ha marcado el futuro de miles de jóvenes de la Costa Caribe colombiana. Y es que de esa casona donde se iniciaron sus clases, hace hoy 50 años, solo queda el recuerdo. Lo que ese grupo de visionarios fundadores (Mario Ceballos Araujo, Benjamín Sarta, Julio Salgado Vásquez, Orlando Saavedra, Osvaldo Consuegra, Nayib Abuchaibe y Eduardo Vargas Osorio) idearon pensando en las necesidades educativas de los habitantes de esta zona del país, es hoy una de las mejores instituciones de educación superior de la Costa Caribe. Una Universidad con medio siglo de trayectoria que ha sido capaz de reinventarse en medio de sus dificultades y que ahora, en sus últimos cuatro años y de la mano de su Rector Ramsés Vargas Lamadrid, ha sido capaz de multiplicar sus indicadores de calidad en procura de lograr la excelencia académica, un fin impostergable, por el que los miembros de la comunidad académica luchan día tras día.

El tiempo me dio la oportunidad de poder trabajar mano a mano con quienes antes habían sido mis maestros. Y con ellos, hemos llegado a este medio siglo de servicio a la comunidad. Cincuenta años llevando alegría a las familias de la región y el país. Cincuenta años construyendo los sueños de nuevos profesionales. Cincuenta años trabajando de la mano con la investigación para aportar al desarrollo regional. Cincuenta años en los que sigue firme con su compromiso social. Cincuenta años en que lo conceptual, lo empírico, lo lúdico, las artes y el deporte se fusionan en aras de formar mejores seres humanos. Cincuenta años llenos de historia. Cincuenta años… ¡transformando vidas!

martes, 18 de julio de 2017

La muralla del canalla

POR ANUAR SAAD

No es un secreto para nadie. La posmodernidad nos consume. Nos habita. Nos sacia. En palabras de Bauman, vivimos navegando en medio de una “modernidad líquida”, que se caracteriza por ser una sociedad de consumidores individualizada y con escasas regulaciones. Es una sociedad ambivalente que se alimenta por su persistencia de trastocar la disciplina; agredir la moral; violentar la ética y de paso, a toda clase de normas que causen impedimentos a esta nueva especie de “relaciones públicas” que es en lo que se han trastocado las necesarias políticas públicas.

El encumbramiento del ego ha encontrado en las crecientes redes sociales, esas mismas que se están convirtiendo peligrosamente en una caricatura de los mass media, un caldo de cultivo para imponer el bienestar particular sobre la ya romántica premisa del bien común. Es la consecuencia del reemplazo del antiguo ágora por los modernos centros comerciales en los que se alimenta ese mismo ego, cada vez más alborotado e insaciable.

El prolífero sociólogo polaco dejó en su legado centenares de frases célebres y, algunas de ellas, sobre la amenaza en que pueden constituirse las redes sociales, el gran primogénito de la postmodernidad: Las redes son muy útiles, dan servicios muy placenteros, pero son una trampa". En las redes tú tienes que crear tu propia comunidad. Pero no se crea una comunidad, la tienes o no; lo que las redes sociales pueden crear, es un sustituto. La diferencia entre la comunidad y la red es que tú perteneces a la comunidad, pero la red te pertenece a ti".

Y en esta “sustitución” de comunidades, los grupos (¿o pandillas?) de amigos o las comunidades repletas de fanáticos seguidores de un determinado líder político o espiritual, o barras bravas de un equipo de fútbol, tienen cabida sin problema en el mundo virtual, aunque en el real, nadie los quiera ni de vecinos…”pero en cambio, ser miembro de un grupo de Facebook es muy fácil. Puedes tener más de 500 contactos sin moverte de casa, le das a un botón y ya".

Bauman va más allá y afirma que en esta modernidad se desbordan las angustias vitales que son expresadas por conductos electrónicos a los que él llama “chat-chows”. Es, a través de ese mismo conducto, en el que el individuo, más desde lo visceral que desde lo intelectual,  se limita a una angustiosa necesidad de interconectarse para poder compartir “sus intimidades”, que pueden ser desde unas vacaciones en el mar; una comida con amigos, una convalecencia en el hospital; un familiar muerto en su ataúd, hasta una relación sexual. Conductas propias de comunidades que mantienen vínculos frágiles --y muchas veces efímeros-- que buscan con desespero la aceptación del otro a través de un “me gusta”.

A todo lo anterior se le suman los medios de comunicación --ahora en el rol de portales de noticias que se actualizan casi instantáneamente-- y que dan cabida (como no hacerlo si mueve el rating y la lecturabilidad) a noticias amarillistas o a replicar hasta el cansancio los últimos escándalos en los que jamás faltan las malas prácticas políticas, los asesinatos, la corrupción  y la miseria.

De todo lo vaticinado por Bauman como profeta de la posmodernidad, se le agrega ahora el concepto de posverdad, definida esta, entre otras muchas acepciones, como “el fenómeno que se produce cuando los hechos objetivos tienen menos influencia en definir la opinión pública, que los que apelan a la emoción y a las creencias personales".

Hoy gran parte de la sociedad contempla casi con horror la posibilidad de convivir, tal como lo dijera el pensador británico A.C. Grayling, en un mundo dominado por la posverdad ya que ello provocaría indefectiblemente la "corrupción de la integridad intelectual" y un daño irreversible al tejido de la democracia.

De allí que a través de las redes transiten los más bajos instintos y sentimientos. Es por eso que en ellas  un expresidente, cuyo nombre es mejor no pronunciarlo porque como el monstruoso Lord Valdemort, célebre en Harry Poter, parece cobrar más poder cada vez que se le invoca, hace crecer su popularidad, increíblemente, con base a la in-popularidad. No le importa lo correcto, si es correcto para él. No importa llevar a un país a la polarización extrema loca y desenfrenada si eso lo encumbra como el político más reconocido y qué va importar si está construido sobre un pasado oscuro del que ya nadie quiere hablar. Es esa posverdad, o la asimilación de la mentira como verdad, que permiten atentar contra un periodista acusándolo de ser un “violador de niños”.

Y allá, escondidos tras la fachada de “seguidores”, están pertrechados, dentro  de los más de cinco millones de miembros de su red, muchos fanáticos exacerbados en defensa de un líder indefendible que colman las redes con trinos amenazantes e intolerantes en los que exponen todo el veneno de sus corazones.

Estamos frente a una nueva muralla que parece aguantar de todo. Una donde la infamia y la mentira se pavonean orondas pisoteando sin reparos la ética y las buenas costumbres;  la honra de los demás; a la verdad real y a la nobleza humana. Lástima que uno de los mayores inventos de la humanidad, ese mismo que permitió acercarnos al mundo sin salir de la casa, termine siendo hoy la muralla del canalla.

martes, 11 de julio de 2017

Si mató a la ética… ¿por qué no a Maduro?

Por Anuar Saad

“Estamos en una democracia y tengo derecho a opinar” dijo sin ruborizarse el abogado Abelardo De La Espriella después de publicar una columna en El Heraldo de Barranquilla titulada “Muerte al tirano” en la que propone una solución definitiva para erradicar los problemas de Venezuela: asesinar a Maduro.

Del abogado no me sorprende para nada su “intrépida” propuesta, al fin y al cabo, él fue el mismo quién aseguró que la ética no era necesaria para ejercer el Derecho. Pero sí me sorprende por EL HERALDO, medio en el cuál me formé como periodista y al que le guardo profundo afecto. El mismo Director le salió al frente a las críticas (que no son pocas) aduciendo que solo se enteró de la columna del abogado, después que esta saliera publicada. Algo así como un “me acabo de enterar” del Presidente Santos, célebre frase que dio pie a innumerables memes.

Permitir, por consenso u omisión, que se distorsione el alcance real que debe tener la  “libertad de expresión”, es algo que sí reviste gravedad. Las reacciones “a rayo caído”, esas explicaciones extemporáneas sobre un mal que ya se hizo, poco pueden remediar la situación, incluso, si ya se eliminó del roster de colaboradores al citado columnista. Pues la sensación de que la apología al magnicidio se germinó desde las páginas de opinión de un medio tan reconocido, no se borrará de un manotazo. La responsabilidad es compartida sin duda: la tiene el columnista y, por supuesto, el medio que lo permitió así sea “sin culpa”. Las causas del por qué, ya serán anecdóticas y las explicaciones –aunque podrían ser válidas—no nos quitará esa malsana sensación de que se está desvirtuando al periodismo, al derecho a la opinión y a la ética y la moral.

No es un asunto menor que desde una columna se proponga matar al presidente del país vecino. No solo atenta contra el más mínimo concepto de la decencia, sino que enciende más el fuego en para que se aviven las pasiones y que la salida democrática que tanto se anhela, sea reprimida con más violencia. Apagar el fuego con el fuego, nunca ha sido la más sensata de las soluciones. Venezuela es en este momento un país ad portas de una guerra civil.

Todos reclamamos para la tierra de Bolívar una inmediata restitución de la democracia. Pero una democracia impuesta gracias al asesinato del líder represor, jamás sería una democracia legítima. La presión internacional; el pronunciamiento de los Estados; la presión interna, las manifestaciones, las tomas de las calles, irán debilitando aún más las dictatoriales políticas vigentes hasta cerrarle el cerco definitivo a Maduro.

Decir que lo que escribió es lo que muchos piensan en privado es también una frase absurda. El periodismo es público y por ello, afecta a la comunidad, al que lo lee y también sobre el que se dice algo. No es lo mismo un rumor de coctel, que un escrito en un periódico de circulación regional.  No es lo mismo, señor De la Espriella, que usted le diga a dos de sus amigos mientras comparten un whisky que hay que matar a Maduro… que decirlo en un medio masivo de comunicación. Hay algo que se llama responsabilidad social que es intrínseca a la razón de ser de los medios y del periodismo mismo.

 La columna en cuestión es un campanazo de alerta sobre el estado de la intolerancia que campea en el país. Intolerancia con la que, para solucionar algún problema, se propone asesinar.   Hoy fue a Maduro. ¿Mañana a quién? 

martes, 4 de julio de 2017

Uribe va al mercado

Por ANUAR SAAD

Resultado de imagen para caricaturas de alvaro uribeYa me parece estar viéndolo. Con su toallita arrugada sobre el hombro derecho (jamás el izquierdo), en pantalón dominguero y zapatos ligeros llevando a timonazos salvajes (como al país) un verde carrito de mercado seguido por una horda de guardaespaldas malencarados.

No hay de qué sorprenderse. Como usted y yo, Uribe hace mercado. Y no compra lo que Doña Lina le anota acuciosa. Termina comprando, o mandando a comprar, lo que le da la gana como aquellas tierritas cerca  de zonas francas donde sus hijos invirtieron unos pesitos. Me lo imagino hurgando en su bolsillo derecho en búsqueda de su tarjeta de cliente fiel para aprovechar unas promociones que el almacén anuncia: por la compra de dos, te dan tres huevitos.

Dicen quienes lo vieron, que cuando no encontró mermelada de mora, su preferida, alcanzó a exclamar que para qué seguir buscándola si Santos la malgastó toda. Afirman los perplejos testigos que no dejó una degustación en pie: él y sus guardaespaldas tenían hambre vieja como si estuvieran viviendo en Venezuela: el cafecito, las galletitas con atún y una nueva presentación de arepas paisas, fueron devoradas en un dos por tres.

“Es que en el Congreso no reparten ya ni tinto porque no hay presupuesto”, relató un cliente que jura habérselo escuchado al expresidente quien, además, agregó para comprobar lo dicho: “si dieran tinto, Gerlein no se la pasara durmiendo, el pobre”.

Un guardia quien pidió no ser identificado reveló que el Senador Uribe prefería dar la vuelta completa al supermercado que “hacer la U”. -¡Nada de U muchachos! Prefiero seguir por el Centro-
-¡Ay dotorcito!, mi hijo terminó en la universidá y está sin chamba- le dijo un humilde cliente quien salió a su paso esperanzado.

-¡Ahí está mi amigo! Culpa física del castrochavismo que estamos viviendo. ¿Usted votó por el sí o por el no?
-Por el sí dotor.
-Siguiente pregunta- dijo, y se alejó raudo entre los pasillos de la derecha.

Uno de los guardaespaldas le susurró al oído que no se le olvidara los pinchos para Doña Lina por aquello de la parrillada en una de sus finquitas donde había invitado a congresistas y funcionarios amigos.

–Hay que comprar menos carne porque me dijeron que Luis Gustavo Moreno no puede ir porque tiene un problema con VEA-
-Es la DEA-, le corrigió uno de sus guardaespaldas.
-Bueno mejor, así rinden más la carnita y los huesitos. Pero llamá a Doña Lina y decíle que pinchos no voy a llevar porque me recuerda aquello de las chuzadas. Qué más bien llevaré bastante papel higiénico para ver si podemos tapar unas cuantas c….- En ese momento le sonó el celular, según nos confirmó una empleada doméstica quien estaba cerca de Uribe al que quería pedirle un autógrafo.

-Sí María Fernanda, ya te lo mandé. El muchacho es un profesor experto en geopolítica y en José Gregorio Hernández. Ombe sí, te dije  José Gregorio Hernández. Te va a servir para que pueda hacerte el milagrito de que no digas más estupideces…

Le hizo una seña a uno de sus escoltas para que cogiera tres garrafones de aguardiente que estaban en promoción, mientras le daba instrucciones a otro para que recogieran cuanto libro de Gabito hubiera por las bibliotecas de la hacienda. –Apenas llegue Alejandro Ordoñez le dan los libros para que prenda la fogata-

Se cercioró además, con poca discreción, que había unos invitados en su lista del asado que no reconocía mucho. –Ve, Manuel – le dijo a uno de sus acompañantes – ¿ Podés averiguar quiénes son “Nora los niños y yo”?

Como cualquier parroquiano se instaló un una de las filas apostadas allá, muy a la derecha de todo, esperando con poca paciencia su turno.

Justo en ese momento, fue cuando creyó escuchar a alguien decir que era víctima de una extorsión. – No es extorsión, esos son los precios de acá- alcanzo a decir el exmandatario. Después se cercioró que era un copartidario suyo que denunciaba la inseguridad creciente que estaba flagelando a los colombianos.

Para no desaprovechar la fugaz oportunidad de figurar,  trató de twittear inmediatamente pero no pudo: le habían robado el celular.






viernes, 16 de junio de 2017

Movilidad, inmóvil/ Columna en ADN

Por ANUAR SAAD

No es un secreto: en desarrollo, escenarios deportivos, recintos feriales, parques, pujanza comercial, generación de empleo y arborización, Barranquilla se mueve. Pero paradójicamente, donde no se mueve, es en su movilidad vial.

Si bien los auxiliares de tránsito que el Distrito ha dispuesto en distintos sectores –especialmente los más congestionados en las horas pico—son de invaluable ayuda para tratar de mitigar el caos vehicular en esta capital, también es cierto que las medidas tomadas para  el maremágnum epopéyico que representa movilizarse por nuestra calles es similar al de tratar de curar un cáncer con pañitos de agua tibia y bicarbonato.

El problema de Barranquilla por ser una ciudad que nació casi sin culpa y que fue creciendo sin planeación alguna, lo estamos pagando ahora y con creces. Y es una lástima que una urbe que se muestra hermosa, altiva, cosmopolita, no pueda recorrerse con comodidad pues, tratar de hacerlo de lunes a sábado, es casi una penitencia.

Los trancones no dan tregua: por donde se quiera meter hay filas de carros movilizándose a menos de 10 kilómetros por hora. Solo nos queda soñar con estratégicos, modernos y funcionales puentes elevados (como los de Medellín, por ejemplo) o vías subterráneas como las que hay en muchas capitales latinoamericanas, y que algún día, se compren aceras enteras ocupadas hoy por viviendas o negocios para poder ampliar sus calles.

La vía hacia la ciudadela universitaria, donde ahora abundan colegios de alta alcurnia, es intransitable. Llegar a un destino relativamente cercano entre las 6 y 30 a las 7 y 30 de la mañana en ese sector, puede llevarte 50 minutos si estás de suerte.

Vivimos en una bella ciudad en la que, es innegable, las últimas administraciones han llevado al desarrollo. Pero para disfrutarla, necesitamos recorrerla sin congestiones eternas.


viernes, 9 de junio de 2017

Los estudiantes: en el limbo /Columna de ADN


Por Anuar Saad


Casi un mes después que los maestros de los colegios estatales decidieran irse a la huelga para reclamar lo que ellos consideran sus derechos para obtener reivindicaciones salariales que dignifiquen el oficio, no se percibe ninguna solución a corto plazo.

Y mientras la Ministra le da largo al asunto desconociendo que, en efecto, el oficio de maestro históricamente ha sido desdeñado por el Gobierno y está en lo último de la escala salarial del Estado, los estudiantes quedan atrapados en un conflicto de intereses agravando así  el precario sistema educativo del país.

No nos digamos mentiras. Los colegios públicos –por hablar solo del caso de Barranquilla—dan lástima: salones semidestruidos, pupitres que se caen en pedazos, abanicos que chirrían al movimiento de sus aspas, cursos enormes en cantidad de estudiantes lo que desafía a la didáctica y una logística digna de pueblo pobre. Mientras tanto, las autoridades se jactan de que hay más escuelas pero no describen en qué estado se ponen al servicio.

Y mientras el Gobierno se niega a compensar el disminuido rango salarial de los maestros bajo la excusa de que no hay de dónde sacar ese presupuesto, los dirigentes de Fecode solo piensan (a pesar de que sus argumentos pueden ser razonables) en el bienestar de su gremio pero les importa un pepino los estudiantes. Porque si les importara, buscarían mecanismos distintos a la huelga para negociar sus pretensiones. Ellos, a la larga, seguirán devengando sin trabajar mientras que los miles de alumnos, en sus casas, correrán el riesgo hasta de perder el año escolar. Pero a estos directivos sindicales eso les importa poco: sus hijos están, seguro, en los mejores colegios privados del país.


Docentes y Gobierno deben ponerse la mano en el corazón y, así sea por un momento, dejar de lado sus intereses particulares y pensar en el futuro de Colombia. Ese futuro que está representado, precisamente, por nuestros jóvenes estudiantes.

martes, 6 de junio de 2017

Saúl, el “sub-payaso”

POR ANUAR SAAD


No era el circo de “Los hermanos Gasca”, pero el número bien podría hacer parte del show. No tenía las mejillas embadurnadas de colorete barato ni el pelo oculto por una estrambótica peluca violeta. Sus finos zapatos de cuero negro hacían extrañar las pantuflas enormes y desfiguradas que suelen llevar los payasos desde tiempos remotos. No usaba tirantas de colores que ajustaran sus calzones remendados. Él, en cambio, vestía de traje entero, oscuro y costoso. A pesar de las diferencias, su alma lo dejó al descubierto: él también era un payaso.

Pero antes que el SPC (Sindicato de Payasos de Colombia) me denuncie por perjurio y calumnia, es mi obligación aclarar que los payasos, esos mismos con los que crecimos cuando no había facebook, twitter, Instagram y entretenimiento barato y digital, eran los que nos alegraban la vida. Podíamos verlos en los circos dos veces al año cada vacación y delirábamos con sus ocurrencias hasta las lágrimas. A veces, los veíamos por televisión en algunos programas que nos acompañaron durante toda la infancia.

En cambió él es un payaso que parece sacado de la truculenta imaginación de Stephen King: un payaso malévolo, macabro, perverso…y corrupto. Para él solo hay un corazón (y un estómago) que le gusta alegrar: el suyo. Aunque repite su mismo número desde hace quince años cuando hace parte de un elegante circo en la capital de la República, es un mísero payaso de reparto. Ni siquiera, es el principal. Algo así como un sub-payaso.

A veces, este payaso, confunde las funciones de su puesto con otras. No es sub-secretario sino sub-mensajero. Patina favores haciendo morisquetas baratas y poniendo cara de “inocente paloma”. Aunque debería entregarse a su público (el pueblo colombiano de quien devenga el sueldo) él prefiere hacerle función privada a su jefe político –el infortunadamente recordado Alejandro Ordoñez—a quien por desventura para él, no pudo cumplirle el último número que consistía en hacer aparecer, como por arte de magia o sacado de un sombrero de copa, a un nuevo miembro de la Corte Constitucional. 

A este remedo de payaso el truco le salió al revés y en vez de Álvaro Mota (candidato de Ordóñez) le apareció Diana Fajardo. Contrario a mis payasos de infancia, este no soportó llevar la procesión por dentro. Él tenía que hacerla manifiesta, pero también de alguna manera le urgía victimarse  para que, así sea por lástima, nadie le reclamara su función incumplida. Con una voz transfigurada, que me recordó al inmortal “Pernito” ¿o sería “Tuerquita?” empezó a repetir haciendo gracias como mono de zoológico: -“Iba al baño y me he encontrado con una cámara de Noticias Uno y como podrán ver me han pegado en la cara. Yo no entiendo. Una cámara de Noticias Uno. ¡Yo no entiendo por qué! Yo cumplo mi función y esto me tiene muy consternado” Vea aquí el show del "payaso Saúl"

Como el caso de los pájaros tirándole a las escopetas, el de Saúl Cruz fue un caso de un enajenado mental o, peor, un impredecible orquestador de falsos positivos que se golpeó dos veces contra la cámara del camarógrafo de Noticias Uno, para alegar que lo habían atacado. Un chiste malo y flojo. Pero contrario al show de Los Gasca, aquí nadie rió. Al contrario, la llama circense se siguió extendiendo y otros payasos como él montaron su número con atril y todo. Unos dieron gracia y otros no, como ese tal José  Obdulio, que lo único gracioso que tiene es, precisamente, su segundo nombre y su remoquete de “padre de la patria”. La carpa entera se estremeció en mensajes de solidaridad con el payaso en desgracia, ese mismo que se ha mantenido dentro del show, gracias los favores personales que suele hacer a los otros miembros de la función: un mandadito, un recadito, un autito, un hotelito, un viajecito, un viatiquito o, por qué no, un lobby descarado para asegurar una curul.

No es lo mismo ver a Tumbelín, Panderito y Bebé estrellándose contra ellos mismos o golpeándose tratando de atinarle a algo, que ver a este burdo remedo de payaso y de político golpearse dos veces contra una cámara para denunciar una agresión. Saúl Cruz no da risa alguna. Ni siquiera lástima. Lo que da es dolor de patria de saber que, con nuestros impuestos, alguien de esa ralea esté en el Congreso de la República. No sé de qué se graduó, pero seguro jamás supo lo que era la ética, el respeto o la dignidad humana.

No sabe el señor Cruz ni siquiera qué es ser payaso, profesión que dignifica al que la ejerce porque no pervierte los valores y porque, además, no representa –como él sí lo hace—un peligro para la sociedad. 

Esperamos que el acto final e inevitable que el destino tiene guardado para todos los de su clase, llegue pronto. Que le caiga el telón. Que caiga tajante y definitivo y borre de la faz del Congreso a un mitómano disfrazado de político… ¡que ni payaso pudo ser!

jueves, 1 de junio de 2017

Electricaribe...¿peor el remedio? /Mi columna en ADN

POR ANUAR SAAD

Mientras todos esperan una solución definitiva al sistema de prestación de energía eléctrica en la Costa Caribe, el problema con la luz en la Región, en vez de mejorar, empeoró.

Aunque nadie creería posible que el servicio pudiese ser más malo de lo que era cuando el consorcio español (¡Ay los españoles!) regentaba su destino, la verdad –poniéndonos la mano en el corazón—es que ahora es peor. Y es peor porque, aparte de seguir siendo malo es, para colmo, mucho más costoso.

Las protestas masivas de los últimos días en distintos barrios de Barranquilla, donde los moradores de estratos 1 y 2 blandían escandalizados recibos que llegaban a los 400 mil pesos, son una pequeña muestra de la escalada del consumo de energía. Increíblemente, una ciudad que por su tipología climática requiere de mayor consumo para aliviar el asfixiante calor, el kilovatio es el más caro de Colombia: es decir, nos penalizan el hecho de que necesitamos más, cuando debería ser lo contrario.

Ya la poca paciencia que les queda a los habitantes se está acabando. Amarrar a un contratista a un poste y quemar los recibos de luz que pretendía repartir, habla por sí solo de su descontento, aunque en el fondo no solucione nada, sobre todo, porque el pobre funcionario solo cumplía con su trabajo.

Las astronómicas cifras de las facturas son indignantes. Porque no hay algo que disguste más que pagar por algo de mala calidad o, peor, por un servicio que a veces ni siquiera se recibe. Esta etapa de “transición” de la empresa ha sido más de lo mismo: apagones, subidas de voltaje, explosión de transformadores y todo ello agravado con un recibo mucho más costoso. 

Y no hay derecho a protesta. Porque cuando se acerca a la oficina, la sentencia es fulminante: pague primero y reclame después.


jueves, 25 de mayo de 2017

Macondo, siempre Macondo

Por ANUAR SAAD


A 50 años de haberse publicado “Cien años de soledad”, Gabriel García Márquez sigue –y seguirá—en el recuerdo de todos. La legendaria “Macondo”, que cobró vida en cada una de las casi 400 páginas de la obra del Nobel, también sigue vigente. Y no solo por los recuerdos de “Cien años”, sino en la cotidianidad de cualquier pueblo colombiano, especialmente, los de nuestro Caribe.

Múltiples homenajes se han construido para que, a lo largo de este año, se recuerde al escritor y a su obra. Entre ellos, el de la Universidad Autónoma del Caribe y su Facultad de Ciencias Sociales y Humanas que desde la próxima semana y en una entrega de 10 episodios, recreará diez de las escenas más representativas de “Cien años de soledad” que serán trasmitidas por los 94.1 de Uniautónoma Estéreo  y por la red de emisoras comunitarias de toda la Costa Caribe.

Pero más allá de la obra a la que el mundo le celebra este año su medio siglo de ver la luz, está Macondo. Ese pueblo que pareciera sacado de la inagotable imaginación de un escritor febril y mágico pero que, en resumen, es cualquier localidad, pueblo o vereda de nuestra Costa Caribe colombiana. Si queda alguna duda de que Macondo puede ser Barranquilla, Cartagena, Sincelejo, Montería, Valledupar o Santa Marta –solo por nombrar algunas ciudades—basta con leer lo que la prensa ha reseñado en sus páginas en los últimos años. Hechos que, aunque reales, parecen pertenecer más al imaginario Macondo.

Hace pocos días la prensa anunciaba en titulares –entre preocupada y divertida—que un contratista que se aprestaba a repartir las facturas del servicio de luz en un barrio al suroriente de la ciudad, fue detenido por los vecinos que lo sentaron en una silla y  lo amarraron a un poste, para después proceder a quemar los recibos de un servicio que –según los moradores—no corresponden al deficiente servicio que la empresa presta.
El pasado diciembre, un huésped de un elegante hotel en Barranquilla vestido solo con sus calzoncillos, bajó el ascensor, recorrió el lobby, salió a la acera y corrió semiencuero casi una cuadra, gritando desconsolado el nombre de su pareja que se alejaba en un taxi y con quien acababa de tener un altercado.

Pocos meses atrás, un policía que recién había reportado su cédula como extraviada se llevó la sorpresa de su vida: Jhon Harold Puello, el agente de la institución armada y que estaba de guardia en un puesto de control entre Baranoa y Sabanalarga, descubrió aterrado que uno de los hombres a los que él le realizaba una requisa de rutina, se identificó con su mismo nombre y apellidos y, además, tenía el mismo número de cédula que la del policía: había descubierto sin querer al que le robó su documento de identidad. 

A mitad del año pasado, un hombre buen mozo y bien vestido asaltó una casa en el norte de la ciudad. Como si nada salió por la puerta principal llevando en un saco el fruto del atraco. Tomó un taxi a pocos metros del lugar y dos minutos después el taxista recibió una llamada de su esposa informándole aterrada que la acababan de robar. “Es un tipo alto, simpático, vestido de azul y con gorra de beisbolista”, le dijo la señora. El espejo retrovisor del taxista le devolvió esa imagen: el ratero que atracó a su esposa, acababa de tomar su  taxi.

Otro atracador de mala suerte, muy a lo “Pedro Navaja” escogió a su víctima. Y cuando se dispuso a abordarla en un populoso barrio del sur de Barranquilla, recibió la paliza de su vida: de las muchas personas en el sector, atinó a intentar atracar a Darys Pardo, excampeona de boxeo, quien no se dejó atemorizar y le destrozó la cara al aterrado asaltante.

En Albania, en medio de plena contienda política por la Alcaldía de ese municipio, un burro fue usado como ‘valla móvil’. El animal  apareció con un aviso del candidato Pablo Parra, invitando a los electores a que votaran por él. 

En Cartagena, donde suele pasar hasta lo inimaginable, un hombre montado a caballo, atracaba a plena luz del día a todos los transeúntes de un concurrido sector, lanzando alaridos muy al estilo del llenero solitario. Aunque trataron de detenerlo, el diestro jinete azotó al animal quien a gran velocidad desapareció en el horizonte.

La gastronomía no ha sido ajena a las macondianas situaciones. En Distracción, un corregimiento de La Guajira, hay un puesto de fritos muy concurrido que lo atiende una señora de 70 años quien relevó a su madre (que tiene 93) de ese arduo oficio. El aviso con que se promocionan las empanadas es ramplón, áspero, pero llamativo. “Empanadas de mondá”, reza el cartel. “Todos los días pasan centenares de carros por la vía. Todos paran y preguntan ¿De qué son las empanadas? Y cuando les digo que de carne…me preguntaban ¿y no hay de pollo? Para quitarme ese San Benito, resolví la cuestión bautizándolas así. Ahora ya saben de qué son las empanadas”, explicó paciente la fritanguera en medio de una estrepitosa carcajada.

Ahora… ¿todavía cree usted que Macondo solo existe en Cien años de soledad? 

martes, 16 de mayo de 2017

¿Cómo contar las historias de las víctimas del conflicto en Televisión Pública?

El Programa El Contenedor, del Canal Regional Telecaribe, buscó opiniones de expertos sobre cómo se puede contar la problemática de las víctimas del conflicto armado en nuestra TV pública y de qué manera se puede recrear esa realidad. ¿Es importante? ¿Es necesario? ¿De qué manera? ¿Es una misión de la televisión pública en un país que acaba de salir del conflicto armado?

El siguiente enlace, nos lleva al programa El Contenedor dirigido por el profesor Alfredo Sabbagh, en el que se tocó esta problemática.


 Las víctimas del conflicto en la televisión pública

Comunicación y narrativa en la era de la revolución digital

*En la VIII Semana Internacional de las Comunicaciones en Uniautónoma Cinco países estarán presentes en el evento que se llevará a cabo en el auditorio del edificio de posgrados de la Universidad Autónoma del Caribe.

Comprometidos con la evolución permanente de las nuevas narrativas y las herramientas digitales en el tan cambiante medio de la comunicación y el periodismo, el Programa de Comunicación Social de la Universidad Autónoma del Caribe realizará este miércoles 17 hasta el viernes 19 la Octava Semana internacional de las Comunicaciones, congreso que se  ha convertido en los últimos años, en uno de los eventos insignias  de esta institución en el que confluyen personalidades del periodismo y los medios de Colombia y el mundo.

Las narrativas en la era de la revolución digital, será el tema central de la VIII Semana Internacional de las Comunicaciones de la Universidad Autónoma del Caribe, la cual se llevará a cabo los días 17, 18 y 19 de mayo, enmarcada en la conmemoración de los 50 años que cumple la institución.

El Director del Programa de Comunicación Social – Periodismo, Anuar Saad, explicó que durante esos tres días pasarán por el escenario invitados como el profesor e investigador español Ramón Salaverría, director del Center for Internet Studies and Digital Life, de la Universidad de Navarra, quien dará una conferencia titulada ‘El periodismo y las redes sociales: retos y riesgos’ y el experto ecuatoriano Christian Espinosa, periodista, Director de Cobertura Digital.com. Máster en Nuevas Tecnologías y quien lleva más de 10 años dedicados a la capacitación en nuevos medios y la cátedra universitaria.

Por Colombia asistirán, entre otros, María Paulina Baena y Daniel Salgar, presentadora y libretista, respectivamente, de la sección La Pulla, del periódico El Espectador, con la cual ganaron el premio Simón Bolívar. En ese espacio abordan los temas más polémicos de la vida política nacional.

También estarán presentes las periodistas deportivas Marina Granziera, de Blu Radio y Caracol Noticias; y Melissa Martínez, del Canal RCN, en un conversatorio sobre periodismo deportivo que moderará Fabio Poveda Ruiz; César Acevedo, director de la película ‘La tierra y la sombra’, conversará con Pacho Bottía, director de ‘Juana tenía el pelo de oro’, entre otros largometrajes; y Homer Etminani, director del galardonado documental ‘Inmortal’.

Para Anuar Saad, lo que se busca es poner en escena las nuevas narrativas transmedia que permean los medios de comunicación para que los nuevos profesionales y los que están en formación sepan que un celular, por ejemplo, es mucho más que WhatsApp y facebook: es una herramienta que te permite, incluso, ejercer el periodismo móvil y construir redes de información.

“El estudiante tendrá la oportunidad de potencializar el conocimiento más allá del aula de clases. Son cinco países que vienen a la Semana Internacional de las Comunicaciones y eso nos da la oportunidad de tener otras miradas sobre los fenómenos comunicacionales y del periodismo que están a la vanguardia en este siglo XXI”, explicó.

  
Estos son los invitados

Ramón SALAVERRÍA (ESPAÑA)
Dirige el Center for Internet Studies and Digital Life de la Universidad de Navarra, donde es Profesor Titular de Periodismo. Está especializado en la investigación sobre ciberperiodismo y medios digitales. También, es consultor para empresas periodísticas y formador de periodistas, ha dictado cursos y conferencias en 31 países. Como periodista, trabajó en radio (Cadena SER) y en agencia de noticias (Colpisa). También colabora habitualmente con diversos medios en prensa, radio e internet.
María Paulina BAENA (COLOMBIA)

María Paulina Baena trabaja con El Espectador, ganadora del Premio Simón Bolívar de periodismo. Se hizo famosa con el personaje de La Pulla. Es la presentadora, pero detrás de ella hay un equipo de cuatro periodistas de El Espectador que cada semana escogen un tema y escriben el guion.

Marina GRANZIERA (BRASIL)
Es oriunda del Estado de Sao Paulo. Ha vivido en El Salvador, Ecuador, Italia, Estados Unidos y ahora en Colombia. Periodista deportiva de Blu Radio. Estudió Periodismo y, a la par, psicología en Miami. Trabajó en Telemundo. Su carrera empezó cubriendo los Juegos Olímpicos para el Canal Caracol. Finalizando el evento, inició su labor como productora del programa de deportes del medio donde trabaja actualmente.  También trabaja en Gol Caracol, Deportes 360 y La Tribuna.

Melissa MARTÍNEZ (COLOMBIA)
Periodista barranquillera, egresada del programa de Comunicación Social-Periodismo de la Universidad Autónoma del Caribe. Trabaja para RCN Televisión como reportera y presentadora.  Hace 11 años que desarrolla su actividad en el ámbito deportivo. Su primer trabajo fue como profesional en la emisora Radio Mar Caribe, y luego en Telecaribe. Es, actualmente, una de las mejores profesionales mujeres del periodismo deportivo, con gran conocimiento sobre la temática.

Christian ESPINOSA (ECUADOR)
Periodista, Director de Cobertura Digital.com. Máster en Nuevas Tecnologías, lleva más de 10 años dedicado a la capacitación en nuevos medios y a la cátedra universitaria. Ha sido ponente internacional en Gestión de Redes Sociales y Contenidos en Tiempo Real en Perú, Chile, Ecuador, Guatemala, México y Argentina. Editor y corresponsal de Tiempos de Mundo; además, fue director de contenidos del portal de Interactive y director de Estaentodo.com. Columnista permanente de temas de tecnología.

José Antonio SÁNCHEZ (COLOMBIA)
Editor general de eltiempo.co. Es el líder del portal de noticias más importante en Colombia. Su esfuerzo se basa en el trabajo colaborativo y cree de manera firme en los conceptos de Design Thinking. Su apuesta es por la innovación disruptiva. Es portador de una vasta experiencia, pues ha trabajado en diversos medios.  En el 2013 fue galardonado, junto con un equipo convergente, con el  Rey de España a mejor trabajo multimedia. 

Élber GUTIÉRREZ (COLOMBIA)
Jefe de redacción y editor multimedia del diario El Espectador. Máster en asuntos internacionales de la Universidad Externado de Colombia. Ganador del Premio Rey de España en la categoría de periodismo digital. Fue editor político de la Agencia Colombiana de Noticias, Colprensa, del portal de Internet primerapagina.com y del Noticiero CM&. Trabajó como periodista político en semana.com. Así mismo, ha sido ganador del Premio CPB de periodismo.

Pacho Bottía (COLOMBIA)
Nació en Barranquilla en 1954, es Licenciado en Ciencias Políticas de la Universidad de los Andes de Bogotá, fue comentarista de cine en el Diario del Caribe y profesor de las universidades Autónoma del Caribe, y del Norte, en Barranquilla. Ha ganado múltiples premios por su trabajo con el cine como director y guionista. Es el director y guionista de las películas ‘Carnaval en Blanco y negro’, el mediometraje ‘El Guacamaya’ y el largometraje ‘La boda del acordeonista’, entre otras.

Homer ETMINIANI (IRÁN)
Tras un Golpe de Estado, se trasladó de Irán a España. Allí estudió y trabajó. En el año 2012, viajó a Barranquilla, Colombia. Estudió Cinematografía y Filosofía. Trabajó de docente e investigador en Universidades, además de producir y dirigir proyectos audiovisuales artísticos independientes, con su propia productora FakeFilms. Fue ganador del Premio Mejor Película Latinoamericana en el BAFICI, Argentina, 2016, con la película ‘Inmortal’. Actualmente se desempeña como docente de la Universidad Autónoma del Caribe.

César ACEVEDO (COLOMBIA)
Es un guionista y director de cine caleño, premiado en el Festival de Cannes 2015 por su película ‘La tierra y la sombra. Trabajó como asistente de Óscar Ruíz en ‘Los Hongos’, premio especial del jurado del Festival de Rotterdam. También es director de los cortometrajes ‘Los Pasos del Agua’ y ‘La Campana’, éste último ganador del Fondo para el Desarrollo Cinematográfico.  Ha participado en la realización de otras películas como ‘El vuelco del cangrejo y ‘La sirga.

ÉEL MARÍA ANGULO
Joven periodista egresada de la Uniautónoma, ganadora del Premio Nacional Simón Bolívar y recientemente galardonada con el Premio Rey de España.

Mauricio SARMIENTO (COLOMBIA)
Vicepresidente creativo de Leo Burnett. Ingresó a la compañía en el año 2002 y trabajó también como Director Creativo General, al igual que en las oficinas Leo Burnett de Guatemala y Perú manejando a clientes reconocidos como el Banco Davivienda, Seguros Bolívar, Directv, Alpina, P&G, Bavaria, McDonalds, Samsung, entre otras. Sarmiento ha logrado importantes reconocimientos en festivales internacionales de publicidad.

Fabio POVEDA RUÍZ (COLOMBIA)
Barranquillero. Productor de Radio y Televisión de la Universidad de Miami. Actualmente es periodista de Blu Radio, cadena con la que ha cubierto múltiples eventos deportivos internacionales. Director de Deporte Espectacular. Ha trabajado en Win Sports  para las transmisiones especiales de boxeo y béisbol. También en Caracol Radio, revista Marlins Mensual, Radio Cadena Azul, entre otros. Fue director de Comunicaciones por 4 años de la Liga Colombiana de Béisbol Profesional.

Leonardo GÓMEZ (COLOMBIA)
Comunicador Social – Periodista de la Universidad Central de Colombia, con experiencia en medios de comunicación desde el 2006. Actual jefe de redacción digital del diario El Heraldo, fue editor durante más de cinco años de Semana.com. También se desempeñó como editor de Metrocuadrado.com y fue periodista económico en Colprensa, El País (Cali), Universidad Nacional de Colombia, Portafolio y MisiónPyme.


Víctor GARCÉS y Laritza OCHOA (CUBA)
Músicos cubanos quienes disertarán sobre la narrativa en la música cubana y harán un cierre con un mosaico de las mejores canciones de la Isla.



miércoles, 10 de mayo de 2017

“Mucho gusto, mi nombre es Walter Bernett”


 A los 60 años, "el gran Walter", dijo adiós para siempre.

Por Anuar Saad
Corría el año de 1985. Iba a cursar octavo semestre de Comunicación Social – Periodismo en la Universidad Autónoma del Caribe y, a sabiendas que me faltaba poco tiempo para ser egresado, ya sentía nostalgia de la Universidad. Arrancamos ese semestre con un cambio que llamó la atención a muchos: en nuestra asignatura de Taller de Radio no estaba, como era habitual, la figura descomplicada de Carlos Ramos Maldonado, sino la de otro profesor que parecía su antítesis: perfectamente peinado; vestido con camisas de holán de hilo y pantalones de lino; zapatos milimétricamente lustrados; de andar pausado y con una voz que podía encantar hasta a una serpiente.


Se presentó como quien presenta una gala en el mejor teatro del mundo, sosteniendo sus gafas grandes y cuadradas que me evocaron no sé por qué a Héctor Lavoe: -mucho gusto: mi nombre es Walter Bernett- dijo. –Seré su nuevo profesor de Radio-, remató. Para ese entonces Walter era, además, el flamante Director de RCU, Radio Cultural Uniautónoma, y una de las más cotizadas voces no solo de Barranquilla, sino de todo el caribe colombiano. Fue un aventajado estudiante que, en poco tiempo, no solo ejercía la docencia y la dirección de la emisora sino que, años después,  se movía como pez en el agua en el mundo de las grandes casas discográficas donde tuvo una relevancia internacional.

Pero no era su voz única –esa misma a la que emisoras, empresas y mujeres perseguían—ni su polivalencia en distintos roles (académico, periodismo y promotor musical) la que hizo a Walter Bernett Iguarán uno de los seres más especiales que haya conocido en la vida. No fue por su especial y cálida manera con que enseñaba; ni esa relación profesor – estudiante que parecía extraída de una película; ni su oído único para saber que nueva estrella tendría futuro o su talento como director de emisoras, lo que lo volvió inmortal. La verdadera causa por la que el twitter repicara a millón, colapsara el Facebook y se multiplicaran las cadenas de oración en torno a su nombre en el momento trágico en que cayó enfermo, es simplemente él: lo que encerraba el alma de un hombre noble y bueno, amigo de sus amigos; entregado a sus estudiantes y dueño de un estilo, gusto y clase exquisitos.

Con él se podía hablar por horas mientras degustábamos una copa de vino con los mejores quesos sobre lo humano y lo divino. Aunque no era de muchas palabras, sus sentencias emitidas con la resonancia icónica de su voz, por lo general eran acertadas y contundentes. Jamás le perdió la pista a uno de sus egresados. Sabía dónde estaban y qué hacían sus estudiantes más avezados y se henchía de orgullo por ellos.

Durante más de una semana los pasillos, oficinas y salones del Programa de Comunicación Social – Periodismo de la Universidad Autónoma del Caribe carecieron de su alegría habitual. Es por eso que, entre un tinto y otro, la pregunta en la boca de todos era “… ¿cómo sigue Walter?”. Las llamadas nocturnas del Rector Ramsés Vargas ya no eran para dar una nueva directriz, sino para saber cómo evolucionaba su amigo de años, el gran Walter Bernett, que hoy ha dejado entre nosotros un vacío insondable.

Los pasillos de la Facultad extrañan por siempre su exquisito perfume. Los micrófonos están “apagados” de nostalgia por no tener esa voz que recorra sus circuitos. Los estudiantes a los que tuvo la fortuna de tocar con su sabiduría, llevarán por siempre su marca indeleble. Y nosotros, ese pequeño grupo que tuvo la suerte de ser su alumno, colega y compañero de trabajo, trataremos de no recordar estos últimos días tristes, sino los más de treinta años de nuestras vidas en los que gozamos de su amistad y cariño.


Muy de seguro hoy, allá en el cielo, en frente del Gran Padre, estará diciendo con esa cara de niño bueno que siempre tuvo y con ese donaire que solo los verdaderos caballeros pueden llegar a tener: -Padre, mucho gusto: mi nombre es Walter Bernett…-