martes, 25 de julio de 2017

Uniautónoma: 50 años de una historia que se sigue escribiendo


Por ANUAR SAAD

Era inevitable no verla. En mi camino obligado al Liceo de Cervantes, tenía que tropezármela. Rodeaba toda la manzana y esos ladrillos rojos la hacían fácilmente reconocible. Para ese entonces, alguien me había dicho que ofrecían la carrera de comunicación social, por la que, a lo largo de mi vida escolar, había manifestado bastante empatía.

No lograba entender por qué no era periodismo a secas, sino que venía bautizada con el complejo nombre de “Comunicación Social”, algo que, por supuesto, tuve la oportunidad de descubrir después.
Y fue en 1982 cuando empecé a pertenecer, oficialmente, a la “comunidad de la Autónoma”. Fueron cuatro maravillosos años en los que, a la par que fui aprendiendo los nuevos conocimientos que me abrirían las puertas al mundo profesional, conocí gente maravillosa entre alumnos y profesores, con quienes fui creciendo como persona.

Finalizaba 1985 y se avecinaba lo inevitable: la carrera llegaba a su fin y por un momento la nostalgia me embargó. ¿Y ahora sin la universidad qué iba hacer? Con el fin de mis clases, le decía también adiós a mis amigos del alma y a profesores a los que admiraba y que aún admiro: Jaime Gómez; Fernando López de Vega (Q.E.P.D); Antonio Logreira, Gonzalo Restrepo, Sigilfredo Eusse, Carlos Ramos Maldonado, Walter Bernett Iguarán (Q.E.P.D); Nolly de Espitaleta, Cecilia Alvarez, Jesús CorreaCarlos Emilio Manjarrés (Q.E.P.D) y Hernando Gómez Oñoro quien, en un acto de misericordia, me sacó de un billar cercano para llevarme casi a regañadientes a El Heraldo donde un tal Ernesto McCausland necesitaba un asistente.

Después de largos años en El Heraldo, regresé –como el hijo pródigo—a la Uniautónoma del Caribe donde me descubrí como docente: tenía ahora la oportunidad de enseñarle a otros lo mejor (¿o lo único?) que sabía hacer, escribir. Y fue así como con el pasar del tiempo muchos de los que fueron mis estudiantes superaron al maestro: una lista larga de insignes comunicadores que hoy se destacan en el país y en el exterior.

Mi historia –resumida infinitamente en las líneas anteriores—es solo una de las miles de historias de vida que encierra una Universidad que ha marcado el futuro de miles de jóvenes de la Costa Caribe colombiana. Y es que de esa casona donde se iniciaron sus clases, hace hoy 50 años, solo queda el recuerdo. Lo que ese grupo de visionarios fundadores (Mario Ceballos Araujo, Benjamín Sarta, Julio Salgado Vásquez, Orlando Saavedra, Osvaldo Consuegra, Nayib Abuchaibe y Eduardo Vargas Osorio) idearon pensando en las necesidades educativas de los habitantes de esta zona del país, es hoy una de las mejores instituciones de educación superior de la Costa Caribe. Una Universidad con medio siglo de trayectoria que ha sido capaz de reinventarse en medio de sus dificultades y que ahora, en sus últimos cuatro años y de la mano de su Rector Ramsés Vargas Lamadrid, ha sido capaz de multiplicar sus indicadores de calidad en procura de lograr la excelencia académica, un fin impostergable, por el que los miembros de la comunidad académica luchan día tras día.

El tiempo me dio la oportunidad de poder trabajar mano a mano con quienes antes habían sido mis maestros. Y con ellos, hemos llegado a este medio siglo de servicio a la comunidad. Cincuenta años llevando alegría a las familias de la región y el país. Cincuenta años construyendo los sueños de nuevos profesionales. Cincuenta años trabajando de la mano con la investigación para aportar al desarrollo regional. Cincuenta años en los que sigue firme con su compromiso social. Cincuenta años en que lo conceptual, lo empírico, lo lúdico, las artes y el deporte se fusionan en aras de formar mejores seres humanos. Cincuenta años llenos de historia. Cincuenta años… ¡transformando vidas!

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