sábado, 15 de abril de 2017

Muerte de Martín Elías: redes, mentiras y verdades

Por Anuar Saad
Antes de que se supiera oficialmente la muerte de Martín Elías Díaz, producto de un aparatoso accidente poco después de salir de Coveñas donde había dado un concierto, ya el hecho había cobrado la primera víctima: la verdad.
Las primeras informaciones se filtraron por escuálidos avances noticiosos en la prensa regional al tiempo que, en redes sociales, hablaban de un accidente en el que el cantante “había quedado golpeado”. Daban cuenta de magulladuras en su cráneo, pero nada dejaba entrever el verdadero desenlace. Al filo de las 11 y 30 del día, en las mismas redes, empezó a circular un audio en el que un supuesto locutor radial aseguraba que el cantante, hijo del ídolo Diomedes Díaz, había muerto pero que “iban a esperar 45 minutos para dar la noticia”.
Al mismo tiempo, y mientras se cuestionaba la imprudencia de que los cantantes vallenatos, recién terminados sus conciertos, se desplazaran en sus propios vehículos sin que ni el conductor ni los músicos descansaran lo suficiente, lo que ya había dejado en el pasado víctimas fatales, otros empezaban cadenas de oraciones pidiendo por la vida del artista y enjuiciando a los dueños de las versiones que hablaban de la gravedad o, peor aún, de la muerte del cantautor.
En un trino, el gran Martín Elías estaba muerto; en otro, lo estaban operando; en uno más, se recuperaba satisfactoriamente y otros, daban cuenta que estaba siendo llevado a Medellín. Se podía sentir en las redes la angustia de la incertidumbre. Audios fantasmas iban y venían. Reacciones de fanáticos, conocidos y amigos que se desmentían entre sí, mientras que la prensa regional cayó en un mutismo exasperante en el que los corresponsales brillaron por su ausencia.
En medio del mar de incertidumbre, especulaciones, críticas, oraciones y súplicas, por allá, al filo de las 12 y 30, el Noticiero RCN dio, en menos de un minuto, versiones que hablaban de la muerte del cantante que “iba a Cartagena” mientras el corresponsal aseguraba que “viajaba a Santa Marta” y otro más, sostenía que se disponía a llegar a su casa en Valledupar. A esa hora, los rumores de su muerte dejaron de serlo, para asumir que lo impensable había pasado: la trágica noticia se hizo oficial a través de los medios nacionales.
Poco tiempo después, llegó la cereza del pastel. La columnista de El Tiempo, María Antonia García rebuznó en twitter: Qué falta de todo, llorando la muerte del hijo de un asesino. Colombia está en el séptimo círculo del infierno de los valores morales.” Tan incoherente ella. ¿A qué valores se refiere? ¿A los de su calaña, esa misma que deja ver en su estúpido trino? La única asesina en esta historia es, precisamente ella, quien con su odio enfermo asesinó al buen periodismo. Y las reacciones no se hicieron esperar: mientras en Sincelejo y Valledupar la gente se tomó literalmente las calles llorando a su ídolo, en Facebook y twitter llovieron críticas a la periodista desenfocada que exacerbaba la violencia y los bajos instintos.
El recuerdo de Patricia Teherán y Kaled Morales se hicieron vívidos y entendimos que por trágica que sean las lecciones, aún cuesta que sean aprendidas. El estado en que quedó el vehículo (no cualquier vehículo: una camioneta considerada “muy segura” de más de 400 millones de pesos) habla por sí solo de la velocidad en que se desplazaba. Aunque parezca un inoportuno sermón… ¿por qué los artistas no contratan transportes profesionales que los trasladen después de sus giras? Algo en la idiosincrasia de nuestros artistas los hace desdeñar la seguridad profesional y preferir el peligro. La muerte de Martín Elías fue casi una réplica de la de su tío Martín Maestre, víctima también de un fatal accidente de tránsito. No basta culpar solo el estado de las vías (que realmente es deplorable), si los autos en que viajan nuestros artistas se desplazan a velocidades de vértigo.
Hoy el vallenato llora a uno de sus mejores exponentes. Uno que apenas empezaba su carrera y que se perfilaba tan grande como la de su padre. Ese mismo padre, que desde que su hijo tenía 9 años, lo alentó a cantar, descubriendo en él su talento artístico.
Lo cierto, esa verdad cruel que no se quería aceptar en las redes sociales, es que un joven de apenas 26 años, con un gran talento y todo un mundo por delante, ha dejado a su hogar y a millones de fanáticos, sumergidos en un profundo luto. Un luto que, por el bien de todos, esperamos que en estas circunstancias sea el último.









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