lunes, 30 de enero de 2017

Trump y el cuarto poder

Por Anuar Saad
Debo confesar que estaba plenamente convencido que no había en el mundo un Presidente más populista a punta de twitter que Álvaro Uribe. Me equivoqué. Donald Trump le ganó de lejos, en solo pocos días de estar ejerciendo el cargo. No ha terminado de abrir un ojo, cuando ya bombardea al mundo con sus trinos que lo describen a la perfección: ácidos, xenófobos, despiadados e imperativos.
A pesar que los más influyentes periódicos de Estados Unidos y las Facultades de Comunicación de las más prestigiosas universidades de ese país han cerrado un cerco contra el magnate-presidente, a Trump el asunto no le hace ni cosquillas. Los embates del The New York Times y el Boston Globe, con editoriales que alertan a dónde podría llegar la potencia de seguir de la mano del recién posesionado mandatario no hace ni titubear a Trump que se apresta a firmar un decreto tras otro sin importarle un pepino la comunidad internacional, los países latinoamericanos, las minorías y el medio ambiente. Son decretos que más allá de los Estados Unidos, afectan al mundo entero.
Y mientras él se sigue cumpliendo al pie de la letra todo lo que prometió en campaña y que muchos pensábamos (me incluyo) solo era fanfarronería, las columnas de opinión, editoriales y análisis periodísticos de decenas de medios reconocidos tratan, de alguna manera, hacer entrar en razón a su Presidente que no se da por aludido.
Insiste Trump en que los medios son mentirosos. Que han tratado de distorsionar sus propuestas. Que no se cansan de ridiculizarlo y vender su imagen como un peligro para los norteamericanos olvidando –según él- que es el Presiente que el pueblo eligió. Los esfuerzos de la prensa se ven insignificantes ante lo impetuoso y desbocado del mandatario que se ve indemne, y hasta fortalecido, a pesar de la impopularidad mundial.
Trump representa a la derecha rancia; a ese conservatismo recalcitrante y a todo lo dañino que encierra el nacionalismo como caballo de batalla para justificar medidas lesivas. Es un hombre de temer. Tanto lo es, que ultraderechistas de otros lares (incluyendo por supuesto a  los expresidentes Calderón y Fox de México) han marcado distancia ante el discurso y accionar del magnate. Muchos de los Republicanos estadounidenses que acompañaron al entonces candidato ya no saben qué hacer “con su Frankestein”. La criatura tomó tanta fuerza, que tiene vida propia y fue más allá de las permisividades derechistas. El romántico discurso de “América para los americanos” va a mutar de frase inspiradora a sentencia xenófoba que hará recordar épocas aterradoras como el sometimiento de los judíos en Alemania y la construcción del Muro en Alemania.
Las políticas prohibitivas para el ingreso a nacionales de un grupo de países y la mirada policiva para el ingreso de otros, más las medidas ya anunciadas para arrasar contra los inmigrantes, van en contravía de la naturaleza del coloso del Norte: Estados Unidos fue un país construido con el sudor de los inmigrantes de todo el mundo: irlandeses, italianos, chinos, ingleses, holandeses, alemanes, cubanos, suecos, entre otros, ayudaron a formar la potencia que hoy es. Parecería que Trump, a punta de decretos, quiere reescribir la historia y no dejar huellas del aporte de la inmigración al crecimiento de su país.
El escándalo del Watergate que protagonizó el Presidente Richard Nixon por cuenta de la evidencia publicada por el Washington Post en historias escritas por Bob Woodward y Carl Bernstein y que obligaron a dimitir al jefe de estado, parece ya una vieja lección de periodismo, más que un hecho que pudiera repetirse.
Los diarios y programas de televisión no han encontrado la forma de ablandar al Presidente quien, cada vez que puede, agrede a los periodistas acusándolos de corruptos, parcializados, faltos de información y totalmente subjetivos en sus juicios. No le preocupa a Trump un Watergate. Sus desbocadas y temerarias declaraciones (que no son necesarias obtenerlas a través de un arduo trabajo de periodismo investigativo) se repiten día tras día y de lejos, nos da la sensación que la prensa no puede hacerlo entrar en razón y, mucho menos, asustarlo. Los trinos del Presidente hacen que el mundo reaccione (con más temor que indignación), de norte a sur y este a oeste y que la economía, la política internacional, los tratados globales y la simple diplomacia, tengan que adaptarse a cada plumazo del mandatario.
Muchos dicen que el recién posesionado presidente no verá Navidad en la Casa Blanca, pero no se sabe a ciencia cierta si se está vaticinando más con el deseo que con la realidad. Por lo pronto, lo impensable ya pasó: Trump es el Presidente y, lo peor, es que parece no existir poder humano, incluyendo el “cuarto poder” que lo haga moderar sus acciones y decisiones. Es, a todas luces, la criatura que la ultraderecha y el neoliberalismo parieron y del que ahora, voceros reconocidos de esas mismas corrientes, quieren detener.

1 comentario:

  1. Certero y muy significativo lo que expresa con lujo de conocimiento este respetable periodista que hace honor a su casta barranquillera en cuanto a su franqueza Y valentía para redactar esta columna la cual comparto .pues también respaldo su planteamiento ha nacido un nuevo Hitler y el pueblo perseguido somos todos los latinos la diferencia con el pueblo judio fue que ellos soportaron el cruel sometimiento Nosotros los latinos No No y No .PUEBLOS LATÍNOS LUCHA Y LIBERTAD.

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