jueves, 19 de enero de 2017

Barranquilla ¿ciudad sin ley?

Por Anuar Saad



El tema de conversación en las esquinas de la ciudad; en los grupos de whatsApp; en los estados de Facebook; en los clubes de jardinería; en las mesas de dominó; en los pasillos de las empresas; en los patios de las universidades; en las oficinas; en la casa y de pretil a pretil al mejor estilo de la Niña Tulia hoy es solo uno: la inseguridad que se ha tomado, literalmente, a Barranquilla.                                                                                                                                
No hay quien se salve ni dónde esconderse: en la parada del bus; mientras en tu carro esperas que el semáforo cambie a verde; en medio de unas cervezas en la terraza de un bar de la ciudad; en un puesto de comidas rápidas; en la esquina a pocas cuadras de tu casa; al norte, al sur, al occidente el flagelo está por doquier. En el mejor de los casos, te asaltan a mansalva despojándote de objetos de valor. En otros, fleteros te persiguen y, en varios casos hieren a o matan a sus víctimas.

El crimen ordinario, ese que se multiplica en los barrios y que va más allá del famoso sector de “los tres postes” que abarca barrios como La Chinita, la Luz, El Ferry, El Bosque y un amplio sector de la llamada Zona Negra no son los únicos azotados, pero sí donde, al parecer, hay un caldo de cultivo para que las pandillas se renueven y azoten a la ciudad. En estos barrios, como otros que la Policía ha detectado, desde muy temprana edad, incluso, antes de los quince años, ya los muchachos tienen un arma en la mano. Han heredado “el oficio” de sus padres, tíos, hermanos mayores o algún familiar lejano que les enseña el “modus operandi” y forman nuevas bandas de asaltantes y asesinos.

Ahora el Alcalde Alex Char reclama acción eficaz de la fuerza pública. Es decir, la represión como única arma para controlar un fenómeno que se ha desatado por más de medio siglo de olvido y abandono. Y es así, porque ningún gobierno distrital miró esas nacientes zonas invadidas, especialmente La Chinita y El Ferry y mucho menos los barrios que se desprendieron de Rebolo como Montes y La Luz.

Aparte de la intervención del Padre Matutis  por allá en 1955 de mejorar las condiciones de la llamada entonces Zona Negra y la retoma de ese legado por el controvertido Alcalde Bernardo Hoyos quien pavimentó vías, creó colegios y puestos de salud, en medio siglo el sur oriente de Barranquilla ha estado a merced del olvido y la anarquía: los centros educativos son insuficientes para la creciente población; los servicios públicos no son los mejores y las vías han ido deteriorándose dramáticamente. Las oportunidades laborales son casi nulas y la labor social del Distrito brilla por su ausencia.

El crecimiento de Barranquilla ha sido directamente proporcional al surgimiento de una enorme red de microtráfico que, por razones obvias, se han asentado en la zona antes señalada. De ahí, el sicariato creciente en el sector; la riña entre bandas, el ajuste de cuentas y el floreciente grupo de asaltantes que asolan la ciudad.

Si bien es cierto que necesitamos una Policía alerta, que combata con acierto la delincuencia y no solamente se dedique a perseguir marihuaneros de barrio como bien lo apuntó el colega Horacio Brieva en su columna de El Heraldo, el Alcalde debe entender que la primera autoridad policial del Distrito, es precisamente él. Por ello, los ciudadanos esperan menos quejas y más eficacia. Planes de seguridad que permitan que el ciudadano deambule sin angustias por su barrio y que el conductor no esté con el credo en la boca cada vez que hace una escuadra en una solitaria calle del norte de la ciudad.

Lo peor, es que ya somos noticia nacional. Los medios, sin excepción y sin filtro alguno, magnifican el acontecer delincuencial contribuyendo a un pánico que, aunque tiene justificación, termina fortaleciendo paradójicamente más al hampa que al ciudadano. Hay que hacer un frente común contra la delincuencia y esa labor no solamente le compete a la Policía: nosotros, como ciudadanos, debemos encender las alarmas; ser solidarios, denunciar movimientos sospechosos; alertar a la vecindad cuando se crea necesario y tomar medidas para no ser un blanco fácil al salir de una entidad bancaria o al desplazarse por la ciudad.

De alguna manera, la creciente invasión de ciudadanos venezolanos contribuye al ascenso de la inseguridad. Si bien muchos de ellos vienen a buscar mejores oportunidades de trabajo y de vida digna, otros han creado nuevas pandillas que ya han sido bautizadas con nombres llamativos. Así mismo, la permisividad ciega con el fenómeno del mototaxismo, el mismo que se creía controlado ha elevado los indicadores de asaltos y sicariato bajo la modalidad del parrilero que hoy está sin control: los moto taxistas (los falsos y los verdaderos) invaden la ciudad de sur a norte.


En conclusión, el Distrito debe ser consciente que no solo las medidas de hecho darán solución al fenómeno de la violencia en Barranquilla: urge la inversión social en las “zonas rojas” para que los niños no crezcan con revolver en la mano, sino que puedan entender que el futuro está en la educación.

1 comentario:

  1. Acción contundente: http://www.semana.com/mundo/articulo/rodrigo-duterte-asesina-a-drogadictos-de-filipinas/489757

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