viernes, 9 de septiembre de 2016

¿Una paz imperfecta o una guerra perfecta?

Por Anuar Saad
Desde la época ya lejana  en que estaba a punto de contraer matrimonio, no había tenido frente a mí una pregunta trascendental que solamente podía responder de dos formas: sí o no. 
Hoy el Sí  y el No están de moda. Ambos son protagonistas de un plebiscito convocado por el Gobierno para que el pueblo avale o no el proceso de paz. Pocos en el país son ajenos a este tira y jala que decidirá la suerte de los colombianos en materia de convivencia, calidad de vida, seguridad y orden público. Todos saben, para bien o para mal, que el próximo 2 de octubre podrán llegar a las urnas y depositar el voto. Solo que esta vez, en lugar de los mismos con las mismas en el tarjetón electoral, solo dos  “candidatos” estarán ahí, sin rostro, identificados únicamente con dos letras cada uno. El Sí, como candidato del Gobierno que apoya el proceso de paz, y No, como su adversario único que negaría la posibilidad de que se ejecutara el acuerdo.
Ya se dijo que casi todo el país sabe que va a pasar el 2 de octubre. Pero lo que pocos saben son las razones para votar por el Sí o por el No. Y mucho menos se sabe con claridad, cuál es la intención de votos en el país porque, hasta la primera semana de septiembre, a menos de un mes del día D, lo que va ganando es la desinformación.
Más allá de una lucha entre el sí y el no, estamos presenciando una guerra de encuestas. Si hoy en la mañana el “sí” ganaba, por la tarde, en otra encuesta, el “no” lo hacía. Unas daban diferencias mínimas. Otras, palizas verdaderas. ¿A quién creerle? Es el resultado de lo que se está viviendo entre los dos bandos. Y qué paradoja: mientras  en los pueblos y veredas antes azotados por la violencia guerrillera ahora se reporta paz absoluta, esa violencia se tomó las plazas públicas, auditorios, calles, salones y micrófonos y columnas de prensa.
Si bien cada cual es libre de votar como quiera, no se compadece las estrategias uribistas para enlodar todo lo conquistado en más de cuatro años de serias negociaciones. Negociaciones que, en realidad, han sido las únicas que han avanzado positivamente con las Farc ya que, los que hoy se oponen abiertamente al sí, trataron infructuosamente de acercarse al grupo guerrillero y lograr un acuerdo de paz. Está aún fresca en la retina de todos los colombianos la famosa “silla vacía” que Tirofijo le dejó a Pastrana después que este le había cedido a las Farc un pedazo del país como “zonas de distensión”. Y por el lado de Uribe, a quien últimamente su amnesia selectiva lo agobia cada día más, no recuerda como jugó sin éxito todas sus cartas para acercarse a las Farc y empezar conversaciones de paz.
Pero como todo en política, los logros de “mis adversarios” se toman como “fracasos propios”. Azuzados por un lado por un procurador (hoy, a Dios gracias, exProcurador) cavernícola que se opone a todo lo que suene a democracia, tolerancia, respeto a la diversidad, perdón y reconciliación y rematando con una dupla impensada de Uribe-Pastrana, el NO recorre el país con un tácito espíritu de continuar la guerra. De que los  hijos del pueblo sigan poniendo los muertos y, los de ellos, enriqueciéndose a costa del Estado. Y ante la cacareada frase de Uribe de pedir “ar-gu-men-tos” cada vez que salía abucheado de los recintos universitarios, en su última presentación pública un joven líder en Buenaventura, con argumentos claros y contundentes criticó al expresidente Álvaro Uribe. Con vehemencia e indignación, Leonard Rentería criticó al Senador afirmando que está dispuesto a darle la mano a los victimarios, si es necesario, para que no haya más muertos.
Votar por el Sí es ir más allá de ser o no partidario de Juan Manuel Santos y de su Gobierno. El Sí es una esperanza para la vida. Es la puerta de entrada para construir un país en paz. Por ello, es loable el esfuerzo de todos los sectores que le están apostando al Sí. En la Academia, por ejemplo, la Universidad Autónoma del Caribe  --la universidad que más le apuesta a la paz en la Región Caribe—abrió un espacio de debate con todos los líderes de los partidos políticos para que se conozcan sus criterios sobre el Plebiscito. Y, en estos día, el gran Foro de “Pensando el Siglo XXI” que tuvo, entre otros, como invitadas especiales a las dos Nobeles de paz: Rigoberta Menchu y Jody Williams, ambas apoyando el proceso de Colombia.
Desde todo punto de vista es preferible mil veces una paz imperfecta, que continuar en perfecta guerra contra las Farc. La primera opción, aún con los sapos que hay que tragar y reconociendo que no es el ideal de acuerdo de paz con el  que soñamos, le ahorrará ríos de sangre a un país que debe ser capaz de perdonar. A un país que debe empezar a demostrar que después de 52 años, una convivencia en paz sí es posible.

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