jueves, 15 de septiembre de 2016

Referendo para la adopción: homofóbico y excluyente



Por Anuar Saad

En los últimos años he leído casos que erizan la piel sobre padres que maltratan a sus hijos de formas inimaginables. He conocido noticias reseñadas por la prensa en distintos lugares del mundo --y Colombia no ha sido la excepción-- difíciles de olvidar. Todas cargadas de distintos detonantes: intolerancia, adicciones, perversión, locura, odios, sexo y venganza, entre una larga lista de motivaciones que van acompañadas de truculentos modus operandi. Llama la atención que muy pocos casos involucren a madre y/o padre soltero y que ninguno sea atribuido a una pareja homosexual.
Estos protagonistas del horror son, en su mayoría, parejas heterosexuales. Muchos de ellos, casados formalmente por algún ritual religioso que incluye, por supuesto, a la iglesia católica y la evangélica. No hace falta convertirse en una especie de Sherlock Holmes para descubrir que hijos adoptados por parejas del mismo sexo no solo no se forman homosexuales, sino que tienen una niñez y adolescencia feliz. Por otro lado, estigmatizar a los solteros (o separados) como no confiables para adoptar a un menor, es simplemente una aberración. Un horror de horrores que un puñado de congresistas de mente enferma, pensamiento retrógrado y abanderado de una doble moral, quieren “legitimizar” a costa de un referendo que pretende quitarle derechos, no solo a las parejas del mismo sexo, sino a ese 47% de la población conformada por solteros o separados. Es como pensar que el profesor Jorge Peñaloza, --por poner un ejemplo de la vida real-- un soltero de 55 años, persona ejemplar, profesional digno y ético, no puede adoptar por el solo hecho de no ser casado.
No le extraña a nadie que la Senadora Vivan Morales, una ultraconservadora infiltrada en las toldas liberales, junto a su polémico esposo, Carlos Alonso Lucio, sean los abanderados de tal adefesio. Morales y Lucio han recogido las banderas inquisidoras del ex Procurador Ordoñez y parecen decididos a imponer –por las buenas o por “las malas”- condiciones excluyentes y no contempladas en la Constitución colombiana para poder acceder al beneficio de adoptar un hijo.
Tengo amigos solteros, como el profesor Peñaloza,  que son un público ejemplo de idoneidad, responsabilidad, moral, ética y honestidad. Y otros, separados hace muchos años, que criaron solos a sus hijos formándolos como hombres y mujeres probos y exitosos. Tengo amigos homosexuales todos dueños de una gran sensibilidad, un inmejorable don de gente; honestos a toda prueba y con marcados valores que los hacen a todas luces buenas personas. Así mismo, soy amigo de muchas parejas heterosexuales que tienen hijos hermosos y a quienes han dado una educación y valores únicos. Es por eso, Senadora Morales, que su tesis estigmatizante es nefasta. No es la condición sexual ni el estado civil lo que hace buenos o malos padres a una persona. Son los valores que lleva en sí esa persona lo que lo hace idóneo. Decir que un soltero no está capacitado para adoptar, es una tesis tan estúpida como la que esgrimían los racistas en EU sobre que ser negro, era igual a ser delincuente.
Aunque usted aún no lo haya descubierto, la humanidad ha avanzado más allá del matrimonio formal. Y aunque usted no se percate, Senadora Morales, ya estamos en el Siglo XXI y los niños, cada vez más, son conscientes a menor edad, de lo bueno y lo malo. Así como es absurdo que una cartilla convierta por arte de magia en gay a un niño, es impensable, por decir lo menos, que ser adoptado por una pareja homosexual te haga uno de ellos o que las niñas que se críen sin su padre terminen siendo “sexualmente precoces” como afirma Lucio.
El concepto de familia no puede ser legislado bajo una óptica primitivamente religiosa o conceptual. Cada familia es una representación de la diversidad. Diversidad que recorre lo cultural, lo social, lo espiritual y lo económico. Es imposible atreverse a pre-fabricar un modelo perfecto de la célula familiar, y mucho menos, tratar de imponerlo a pupitrazos como suele pasar con todo en este país.
Ya se sabe que es una obligación de Estado darle garantía a los menores que por algún motivo (ya sea orfandad o haber sido separado de sus padres por maltrato) para que puedan ser insertados en un hogar. Un hogar donde los valores, el amor, el compromiso y  la responsabilidad estén presentes. Y esos valores de los que hemos venido hablando no son exclusivos de las parejas heterosexuales. Los tienen los solteros, los separados y los gay. Creer que la única familia que el Estado deba reconocer es la que está avalada por alguna clase de Iglesia, es legitimar la exclusión, la discriminación y la agresión contra una minoría que, como todos los demás, tienen los mismos derechos.
Nadie tiene potestad de coartar el derecho a adultos responsables de ser padres y a  los niños de tener un hogar. Mucho menos tratando de enjuiciar moralmente a los que son diferentes a ellos, sin percatarse estos honorables Senadores, que aunque heterosexuales, sus actos públicos no son, precisamente, un dechado de moral. Así mismo como su condición sexual y civil no avala que sean buenos Senadores, ser parte de la diversidad no deslegitima a nadie.


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