martes, 5 de julio de 2016

A sangre fría

Por Anuar Saad

"El pueblo de Holcomb está en las elevadas llanuras trigueras del oeste de Kansas, una zona solitaria que otros habitantes de Kansas llaman «allá…"
Así empieza la legendaria novela de Truman Capote “A sangre fría” que da cuenta de cómo en la media noche del sábado 14 de noviembre de 1959, dos ex convictos identificados como Perry Smith y Dick Hickock que habían compartido la misma celda,  entraron a la casa de los Clutter y después de buscar infructuosamente una caja fuerte que suponían contenía diez mil dólares y que nunca encontraron, los asesinaron uno por uno.
Cincuenta y siete años después de la aparición de "A sangre fría", una noticia conmocionó a Colombia: El director de Medicina Legal de Barranquilla, Eduardo Pinto Viloria, fue asesinado dentro de su casa  delante de su esposa por cuatro hombres que, según las primeras versiones, habían ingresado a la vivienda del funcionario con el fin de robarle.
Así como en Holcomb, Kansas, ese pequeño poblado en que los Clutter fueron asesinados y donde el FBI desplegó un intenso operativo de búsqueda, en Barranquilla, casi seis décadas después, la Policía Nacional movilizó dispositivos de inteligencia que culminaron no solo con la captura de tres de los cuatro sospechosos en el asesinato del funcionario, sino que - ¡oh sorpresa!- terminó involucrando a la esposa de Pinto en el  homicidio.  
Dick y Perry, el par de ex convictos, tenían la ilusión de hacer realidad la leyenda que otro preso en la misma cárcel - que había sido trabajador de Herbert Clutter en su granja-- les había contado: el dueño de tenía una caja fuerte con 10 mil dólares escondida en su alcoba y que fácilmente podía ser robada.
En Barranquilla, Colombia, más de media centuria más tarde, el chofer de la víctima Johan Enrique Beltrán Ulloque y otros dos hombres  Miguel Ángel González Reales,  y Jesús Antonio Gutiérrez Arrieta, fueron capturados. Una semana más tarde, la esposa del funcionario, Dayana Jassir De la Hoz  fue detenida y enviada a la cárcel como supuesta determinadora del homicidio. Como en los hechos recreados por Capote, aquí también el móvil sería un tesoro: dos seguros de vida que sumaban más de 400 millones de pesos.
Solo en 1966  -siete años después de los sangrientos hechos de Kansas y a pocos meses de que la novela viera la luz—Truman Capote dio el título final a la novela: “A sangre fría”, porque escuchó de viva voz de Perry Smith, (el convicto al que Capote suponía incapaz de matar) como él mismo los fue asesinando. Lo que se ha conocido a través de los medios de comunicación y de las grabaciones de los celulares sobre el asesinato de Pinto en Barranquilla por parte de los confesos asesinos, es que su esposa, quien apareció en todas las portadas de los diarios “destrozada por el inmenso dolor”, no solo era la amante del chofer de confianza de su marido, sino la que, fríamente, no solo (según las hipótesis de las autoridades) habría mandado a matarlo una vez… ¡sino 5 veces! al no poder concretarse las anteriores. Sí, como en la novela, todo fue perpetrado  “a sangre fría”.
Y mientras que el Gobierno Nacional anuncia que  la paz en Colombia está próxima y el Presidente y sus Ministros hablan emocionados del “nuevo país” en el que nos convertiremos, hechos como éste nos lleva a preguntar si solo el desarme de las Farc es suficiente. Los hechos del día a día indican que además del desarme de la guerrilla, los colombianos necesitamos desarmar nuestros corazones.
Asesinatos de toda índole, desde el intolerante crimen contra el sociólogo Alfredo Correa; o la madre que asesinó en su casa a sus 4 pequeños hijos; el asesinato de una profesora en Sabanalarga por robarle el celular así como al estudiante universitario que por atracarlo también lo asesinaron; el hombre despechado que quemó el cuerpo de Natalia Ponce con ácido; la niña de Santo Tomás desaparecida varios meses y de la cual solo se encontraron sus huesos, o el execrable asesinato de cuatro infantes en Caquetá perpetrado por una vecina que quería apropiarse del predio, son solo una pequeña muestra de la sociedad que tenemos y que somos.

Una sociedad que ni se inmutaría ya por lo que conmocionó a Truman Capote hace 57 años en el lejano y pequeño pueblo de Holcomb que, en casi un siglo, sus 287 habitantes jamás habían sido víctima de asesinato alguno. Una sociedad que, permeada por la corrupción galopante que campea en el poder, ve como su círculo más pequeño y sagrado que es la familia pierde cada vez más hasta su capacidad de asombro.
Esperamos que no solo el título sea lo similar en el asesinato que registró el laureado escritor en “A sangre fría”. Esperamos también que el final de este episodio trágico, terminé como el de la novela de Capote: con la condena férrea e inflexible para todos sus implicados.


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