lunes, 13 de junio de 2016

Junior y el arte de parir

Por Anuar Saad

Todas las estrategias que los movimientos feministas han desplegado a través de los años han resultado inocuas para que los hombres nos pongamos en el lugar de las mujeres si las  comparamos con la que ha implementado el Atlético Junior.

Los afamados cursos psicoprofilácticos en los que la pareja acompaña a su mujer para controlar las contracciones y parir sin dolor, es la experiencia  más cercana que un hombre tiene sobre el don de parir. Pero un hombre que, además, sea juniorista, está a un nivel más alto. Parir hace parte de su vida. De su razón de ser. Es sinónimo de una futura alegría y es el precio que hay que pagar para conseguir lo que se quiere: no el bebé deseado, sino la estrella esquiva.

Alexis Mendoza de seguro está haciendo un master en “parto sin dolor” y de a dosis semanal se lo está dictando a todos los hinchas de la escuadra rojiblanca. ¿Usted ha tratado de abordar a un fanático de Junior dos minutos después de terminado un partido? Es increíble, pero los aficionados terminamos más cansados que los jugadores. La casaca desencajada, los pelos de punta, taquicardia galopante, ojos frenéticos y un sudor nervioso que cuesta tiempo disipar. Es el precio de ser juniorista. Y debo decir, que a pesar de saber lo que nos espera partido tras partido, contamos las horas y los minutos para que llegue el próximo encuentro. Los próximos tres puntos en juego. La próxima final. El próximo parto.

Es por eso que, con días de anticipación, juniorista que se respete hace ejercicios de relajación; sincronía respiratoria; toma clases de autocontrol por internet; repasa concienzudamente el diccionario en busca de epítetos innovadores; se provee de Losartán, Sanax y Prozac;  se somete a un nuevo electrocardiograma que descarte afecciones cardíacas y se anticipa a los hechos recargándose de betanecrotón porque el partido hay que esperarlo anestesiado por el licor: así el parto duele menos.

Lo cierto es que ha valido la pena. Dejar en el camino en medio de estertores de parturienta a Millonarios y Nacional, equivale a la bendición de dar a luz a gemelos hermosos y saludables, con la expectativa que, por cosas de la vida, sean trillizos si logramos doblegar (pariendo, claro) al Independiente Medellín.

En la calle, en medio de las ventas febriles de camisetas originales del Junior por 15 mil pesos, nadie apuesta a un triunfo contundente el miércoles en el Metropolitano. –Nombre mi hermano, eso lo resolvemos en Medellín con un gol en el minuto 94 o anotando el último penal de la serie-, apunta un fanático al que alcancé a verle una cajita de Sanax que se asomaba de su bolsillo derecho del pantalón.

-Ya entendí por qué este Junior no tiene ningún delantero verdadero- apuntó otro. – Es que no tiene gracia definir los partidos con tiempo y contundencia… ¡hay que parir para ser verdadero juniorista no joda!-

Así que, mis estimados lectores, vayámonos poniendo cómodos. Tomemos un curso de yoga vía web; fortalezcamos el corazón haciendo cardio y, por si las moscas, llevemos un paramédico de refuerzo. Los partidos del miércoles y del domingo van a ser a puro parto con dolor. Pero eso no nos importa, siempre y cuando nazca la criatura a la que, de seguro, gozosos bautizaremos como Octavio.

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