martes, 27 de octubre de 2015

La paliza a Uribe y “las segundas partes”

Por Anuar Saad

Según dicen, se está deslizando por los rincones menos transitados. Unos manifiestan que, como El Espíritu Santo, existe, pero nadie lo ve y otros, que esas “carnitas” y esos” huesitos” ya no son los mismos. Lo peor de todo, es que la culpa no se la puede echar a una arremetida guerrillera; ni a un complot del Presidente Santos; ni tampoco a los medios de comunicación. La paliza que le propinaron al expresidente y Senador Álvaro Uribe en estas elecciones regionales fue tan contundente, que ni siquiera ha tenido fuerzas para mandar un twett.

Las elecciones “más pacíficas de los últimos 50 años”, como el Gobierno calificó a la pasada jornada electoral, tuvo pocos picos de emoción en la definición de candidatos y, en muchos casos, aburrimiento porque ya de antemano se sabía quién iba a ganar en algunas ciudades y departamentos. No era un secreto que el interés periodístico estaba especialmente enfocado en Bogotá (por los 12 años seguidos de mandato de la izquierda) y Antioquia y Córdoba donde se esperaba una victoria aplastante del Uribismo ahora reunificado en el Centro Democrático.

Pero ni en sus peores pesadillas, este monstruo electoral (como lo demostró Uribe cada vez que él se presentó a las urnas) pensó que aquellos a los que les dio la bendición para representar a su partido a ocupar Alcaldías y Gobernaciones iban a salir derrotados. Jamás pasó por su mente que solo ganaría dos Alcaldías menores (la de Leticia y Florencia) y una Gobernación, la de Caquetá. No fue ni siquiera un premio de consolación. Ni siquiera una derrota digna. Fue, a todas luces, una humillación.

Los escándalos en que se han visto envueltos más de la mitad de sus funcionarios en los que muchos están presos, otros huyendo y otros “empapelados”, más su desgastado discurso guerrerista que se opone al único proceso de paz en la historia del país con las FARC que abre una esperanza verdadera de ponerle fin a más de 50 años de conflicto armado, le pasaron cuenta de cobro al expresidente quien, en una de sus pocas declaraciones afirmó que “no siento que he perdido”, agregando que, aunque pocos, los suyos van a demostrar que son honestos gobernantes.

La jornada electoral golpeó duro al uribismo y a sus representantes. Me imagino la cara de “Pachito” Santos ahogado con sus 400 mil votos (menos de la mitad de los que sacó Peñaloza) recordando que dos días antes de las elecciones había emitido otra de sus pocas sensatas frases: “Nosotros no ganamos encuestas, ganamos elecciones”. Quien le dictó la frase le ofreció un buen recurso para escapar de las críticas por el 14% de favorabilidad que le daba la encuesta más optimista. Pero su escape no le duró 48 horas. A dos horas de conteo de votos, estaba más ahogado que aspirante al Concejo en Barranquilla.

De ahí que en el resumen de las elecciones del  pasado 25 de octubre, los grandes titulares fueron la caída de la izquierda en el poder de Bogotá y la aplastante derrota del Senador Uribe y su partido Centro Democrático. Una rápida lectura al hecho nos podría inducir a pensar que los colombianos estamos alejándonos de las posturas radicales y están prefiriendo el centro, cualquiera, menos el Centro Democrático. Las fuertes posturas de izquierda y de ultra derecha, fueron castigadas por los electores. Mientras el Senador Uribe cura sus heridas, los colombianos aprovechamos para navegar por twitter con la tranquilidad que da no ser emboscado por una andanada de ataques demenciales en cualquier trino.

¿Y EL ATLÁNTICO?
A nadie sorprendió el resultado de las elecciones en Barranquilla y el Departamento. Reconociendo que lograr 90 mil votos contra un candidato como Alex Char es meritorio, como los logró Rafael Sánchez, todos sabíamos que ya la Alcaldía tenía ganador. Lo curioso fue el resultado de la elección de Gobernador. A estas alturas, Eduardo Verano debe tener más preocupación que alegría. Se enfrentó a un aparecido político, un candidato que había cobrado relevancia más por su carácter fuerte  y  por su cuarto de hora de fama en un reality, que como alguien con la experiencia y conocimientos necesarios para manejar  un departamento. A pesar de ello, la diferencia siempre fue estrecha y Verano se impuso por poco más de 8 mil votos, con una diferencia final del 1%. Estrecha victoria que le grita al Gobernador electo que no todos están conformes y que,  si no fuera por el apoyo de última hora de Berdugo a su campaña, la historia hubiera tenido otro final. Mención aparte los casi 130 mil votos de Juan García, con una campaña alejada de las maquinarias políticas.

Al Alcalde Char le transmito el deseo de todos los barranquilleros: queremos una ciudad en paz; por la que se pueda transitar con una movilidad eficiente; que genere más trabajo y que mejore la calidad de la salud y de la educación que se imparte en los planteles públicos: no por más, son mejores.

Otro de los casos donde hay que mantener un permanente ejercicio de observación, es el de la Alcaldía de Soledad. En medio de denuncias de trashumancias, el candidato de Cambio Radical, avalado por los Char, derrotó al conservador Rodolfo Ucros. Soledad ha sido el municipio más saqueado del Atlántico y su estado de postración y retraso contrasta con los más de 900 mil habitantes con que cuenta. Lo que le depara a Joao Herrera, no es una tarea fácil.

Estaremos atentos a ver si todo lo que se anunció en ambas campañas –Gobernación y Alcaldía de Barranquilla- se cumplirá para beneficio del Distrito y el Atlántico. Sobre todo, teniendo en cuenta que nunca las segundas partes fueron buenas.


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