lunes, 19 de octubre de 2015

¿Cuántos muertos más nos falta poner?

Por Anuar Saad

El título de esta columna es  la pregunta que pulula entre la sociedad barranquillera que ve con espanto que aquella tipificación de Barranquilla como “remanso de paz”, ya es historia patria. Esta ciudad sigue viviendo del recuerdo: de las épocas –ya lejanas—en que se podía caminar a cualquier hora; departir en los parques; salir a pie del cine o sentarse en cualquier esquina a compartir con los amigos.

Barranquilla es una ciudad caótica en movilización y seguridad. Transitar por sus calles se constituye por sí mismo en “una hazaña”. Incultura de conductores sumado a las poquísimas y obsoletas avenidas de una ciudad cuyos puentes (y mal hechos) pueden contarse con los dedos de una mano. Pero el tema de mayor impacto negativo y que mantiene aterrados a sus habitantes, son las muertes violentas que ya no respetan condición social, género, edad o estrato económico. En resumen, cualquiera de nosotros puede ser la próxima víctima.

Ayer la ciudad se conmovió por el asesinato de un joven productor de Televisión que trabajaba en el SENA. Departía con amigos en el Parque Olaya Herrera y, para robarle el celular, fue asesinado. Casos como el de José David Montoya, de 25 años, suelen repetirse en esta ciudad que, si bien es cierto destaca por su acelerado desarrollo, repunte en construcción y mejora de sus indicadores económicos y oportunidades laborales, se raja gravemente en seguridad ciudadana, dolencia que también había sido sensible en la anterior administración.

Y es que no podemos sacar pecho por el buen momento que vive Barranquilla cuando más de 300 hogares, en los últimos 9 meses, han estado de luto por un familiar que ha sido víctima del sicariato, el atraco o la riña callejera. Los indicadores son preocupantes y las autoridades lo saben. La Alcaldesa Elsa Noguera en repetidas ocasiones ha dado un necesario jalón de oreja a los Comandantes de Policía de turno, por las muertes violentas con que, cada lunes, amanece la ciudad.

Solo en los primeros seis meses de este año, 200 murieron de manera violenta en Barranquilla según se detalla en las  estadísticas oficiales que indican que el mayor número de homicidios se han cometido en los barrios El Bosque y La Luz y que el sicariato, con 81 casos, causó el mayor número de víctimas. 

Si bien el 2014 fue catalogado como un año violento por el número de muertes en el Distrito, este año las cifras siguen creciendo negativamente: hay  un incremento del 15% siendo las riñas, el atraco callejero y a comercios y la violencia intrafamiliar, las de mayor crecimiento.

Llama la atención que el atraco callejero en el que la víctima termina muerta, aumentó un 42%, elevando lógicamente la sensación de inseguridad que perciben los barranquilleros.
La reacción policial debe ser más eficiente. Y con ello debe venir de la mano una mayor eficacia en los sistemas de justicia que permitan procesar y condenar a esto horda de atracadores-asesinos, que sigue por ahí haciendo de las suyas. A una semana de elecciones los candidatos han coincidido con mejorar la seguridad, pero ya está demostrado que con solicitar más pie de fuerza no es suficiente: hace falta estrategia efectiva, redes de apoyo, patrullaje en los sitios de mayores conflictos, para poder disminuir estos mortales indicadores.

Barranquilla ha absorbido mecanismos terríficos de muertes. El desmembramiento, prácticamente desconocido en esta ciudad, ha disparado las alertas por casos repetidos en los últimos meses. Las riñas familiares y los altos índices de feminicidios, gritan por sí solos que no es verdad aquello que “Barranquilla es una ciudad feliz”. No puede serlo mientras, al momento que usted esté leyendo esta columna, un vecino, amigo, familiar, conocido o simplemente un barranquillero cualquiera, cae muerto en cualquier calle de la ciudad.
Entonces… ¿hasta cuándo?






No hay comentarios:

Publicar un comentario