miércoles, 30 de septiembre de 2015

¡Llegó la hora de la paz!

Por Anuar Saad


Los colombianos son conscientes que alcanzar una paz verdadera no iba a ser uno de esos asuntos que, como cualquier “Hechizada”, se pudiera resolver con mover la nariz o chasquear los dedos. Nadie en Colombia, que tenga un porcentaje decente de sensatez, estaría ilusionado con un proceso de paz que, como un vestido hecho a la medida, quede perfectamente ajustado al gusto de cada uno. No se conoce en el mundo –por lo menos hasta hoy—un proceso perfecto. Pero, aunque parezca increíble, muchos colombianos, que nacieron, crecieron y viven en uno de los países con conductas, procesos y estrategias más imperfectas, desean que justo aquí, obtengamos el proceso de paz que deje felices a todos.

No es un asunto de ganadores y perdedores. No es soñar con 40 años de cárcel a los guerrilleros y una reparación total, perfecta para todas y cada una de las víctimas. A esos que aún reclaman penas estrictas a los subversivos, hay que recordarles, tal como lo hizo el Presidente Santos en su alocución ante la Asamblea de las Naciones Unidas, que la paz solo será posible en la medida en que se pueda ceder. En la que se pueda perdonar. En la que se pueda  reparar, en la que se pueda olvidar.

Y como eso lo saben todos, adeptos y enemigos del proceso, estos últimos están echando mano de cuanta estrategia existe para echar toda la leña más seca posible a un fuego que aún no se apaga. Quieren incendiar los corazones y, a costa de seguir viviendo en una guerra que nos ha dejado miles y miles de muertos por más de 50 años, no construyen desde el perdón sino que reclaman venganza, disfrazada en su endeble interpretación de “justicia”.

Es así como vemos a un ex Presidente atizar el fuego enviando, en una sola noche, 96 twitter con puñaladas al proceso. Un ex mandatario que aún no se da cuenta que ya no es Presidente y que sigue negándose a cambiar el discurso de la guerra, sobre el que ha cabalgado toda su carrera política. Es increíble que un Procurador General de la Nación, hombre de costumbres y posturas cavernícolas y famoso por su cariz ultraconservador, se burle de un proceso que ha sido respaldado por el mundo entero, calificándolo de “comedia”, cuando es él, esa caricatura de inquisidor reencarnada en el Gobierno, quien sufre su propia tragicomedia en contra vía de la esperanza de los colombianos.

Seamos realistas: nadie daba un peso por que el proceso siguiera avante en medio de los huracanes y las verborreas ponzoñosas. A todos, de alguna manera, nos sorprendió el anuncio de una firma de paz pronta. Pero no es la hora de excluir: aun para aquellos que jamás se subieron al bus de la paz, la mano sigue extendida. Hay asientos disponibles para que podamos ir juntos en este recorrido hacia la esperanza.

Es aleccionador ver como víctimas de la guerrilla han manifestado públicamente perdón a los victimarios y se acogen a una paz pronta. ¿Por qué, Senador Uribe, hay que seguir odiando? ¿Alimentar ese odio acaso resucitará a las víctimas? ¿No recuerda que, a pesar de todo usted hizo un proceso de paz con los paras que, aunque a nadie convenció, no tuvo los ataques perversos que este tiene?

Lo cierto es que con, o sin los azuzadores contra el proceso, el bus de la Paz seguirá su marcha. Aún le falta un largo y tortuoso camino por recorrer pero por allá se alcanza a divisar que sí hay luz al final del túnel. Y también se alcanzan a escuchar ecos lejanos. Ecos de aquellos que, a pesar de ser llamados a unirse a la paz, solo quedaron para seguir ladrando.




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