viernes, 18 de septiembre de 2015

¿Barranquilla se mueve?


POR ANUAR SAAD

Ya no se puede esconder el sol con las manos. El carro, ese automotor que nos causó muchas alegrías, se está convirtiendo en el enemigo. Ir al trabajo, es una odisea. Desplazarse hasta el centro, una misión imposible. Los paños de agua tibia que se han tomado para descongestionar las vías, podrían haber funcionado hace veinte años. Hoy, son gotas de árnica en una herida mortal.

Si bien es loable las adecuaciones de algunas calles y avenidas, la pobre planeación histórica de Barranquilla (o más bien la falta total de ella) hace que las políticas de inversión en la infraestructura vial sea más compleja: urge el diseño y construcción de puentes sobre las vías infartadas y, al hablar de puentes, hago referencia a los verdaderamente completos: con orejas conectoras y con la altura suficiente para que cualquier automotor circule por debajo de él.

Ante lo ambicioso que sería comprometerse ya con un proyecto de adecuación en infraestructura vial que dé abasto a los carros que transitan por nuestras calles –hoy mejoradas por los trabajos que emprendió la Alcaldesa  en distintos sectores—toca recurrir a lo que ya ciudades, incluso pequeñas, han adoptado: imponer pico y placa verdadero para carros particulares.
No es un capricho: el pico y placa para automotores particulares en toda la ciudad es urgente y necesario. Barranquilla no tiene amplias avenidas para contener ese caudal desmesurado de tráfico que aumenta día a día. 

La medida restrictiva tomada hace años para los taxis, no ha sido eficaz. Necesita ser complementada con el sacrificio que todos los dueños de vehículos debemos hacer: dejar el carro, un día, dentro de casa.

La medida, de ser aplicada, debería traer consigo un mejor rendimiento del transporte público y principalmente del Transmetro que aún no ha sido suficientemente explotado ni ha solucionado en el porcentaje que se esperaba el problema de transporte en la ciudad. Pero ante una Barranquilla inmóvil, varada ya no solo en horas pico sino a cualquier momento, el Sistema Integrado de Transporte de esta ciudad debe afrontar el reto de tener capacidad de reacción y ser de utilidad para todos.

La ciudad, cacareada insistentemente como la capital del TLC, como el Distrito de mayor desarrollo del país en los últimos años, como la metrópolis que quiere seguir creciendo ahora de cara a su Río Magdalena, debe ser capaz de tener una movilidad que permita comodidad y facilidades a quienes por ella transitan. Recorrer Barranquilla debería ser un placer, un momento de deleite en el que disfrutemos la manera como la ciudad ha ido cambiando, y no un instrumento de tortura.

El mismo comercio debería agradecer la implementación de la medida. Muchas veces preferimos quedarnos en casa, que “ir a la guerra”, allá en la calle, donde esas máquinas humeantes y sobre ruedas se enredan unas con otras como hormigas locas cargando migajas de pan dulce. Muchos no entendemos porqué, si la movilidad (como la seguridad ciudadana) ha sido el lunar de las últimas administraciones -- lo que viene a reforzar la tesis que es un problema complejo--, nadie ha querido coger (perdóneme Don Chelo) “ese trompo en la uña”.

Por ello, cuando en un avión o en un canal televisivo, nos topamos con la propaganda que deja el mensaje de que “Barranquilla se mueve”…no deja de ser una ironía o una pincelada de fino humor que el creativo quiso introducir en tan meritorio comercial. Porque, literalmente, en sus calles Barranquilla no se mueve. Es un estrecho sendero donde elefantes artríticos quieren llegar a su punto de destino.

Seguiremos a la espera, mientras se re-planifica la forma estructural de hacer estas viejas y estrechas calles más accesibles, de que quien vaya a dirigir en pocos meses los destinos de la ciudad, tenga como prioridad imponer el pico y placa por lo menos por 12 horas diarias (de 7 a.m. a 7 p.m.) para carros particulares y, de paso, frenar esa horda nuevamente incontrolable del mototaxismo que, por la misma inmovilidad de la que hablo, siguen  haciendo su agosto.



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