lunes, 6 de julio de 2015

Mi carta a Donald

Estimado Donald:


Le he seguido con atención desde hace dos semanas, justo cuando explotó el escándalo replicado por los medios sobre sus declaraciones contra los mexicanos y que han molestado, además, a los latinos por sus diatribas xenófobas contra todo lo que huele a tacos, burritos, café y arepas, lo que ha hecho que ningún país con dignidad quisiera estar en el decadente reinado de la belleza.
Pero no se preocupe, que Colombia sigue firme porque al señor Angulo, el zar de la belleza por estos lares, parece que de dignidad le queda muy poco y por acá, el reinado, tan decadente como todos los que lo presentan, se mantendrá para seguir anestesiando a un pueblo que sufre por un conflicto que cada vez deja más muertos; por la corrupción que arrasa con todo; la desigualdad social que sigue campante y por un sistema de salud más esperpéntico que su copete anticuado.
No sé, señor Trump, no sé, como diría Diomedes, qué lo motivó a ondear la bandera anti latina para encaramarse en la postulación Republicana para las elecciones de los Estados Unidos. Si bien la inmigración ilegal es un problema cierto, también lo es que Estados Unidos fue un país posible gracias a los millares de italianos, irlandeses y chinos, que arribaron a su naciente país. En pocas palabras, son un producto de la migración.
Tal vez esas violentas reacciones se deban a un trauma severo que ha tenido en su infancia. Y no es para menos: un niño que creció con el nombre de Donald, el mismo del pato estúpido que es manejado con un dedo por el tirano Rico McPato, debió martirizarlo durante la niñez y, por qué no, hasta la pubertad. Ya me imagino a sus amigos riquitos de colegios encopetados gritándole en los corredores con la voz aflautada del pato de las caricaturas de Disney ¡Cuac Cuac…Ahí viene Donald! ¿Y dónde dejaste a Daisy?
Lo comprendemos Donald, pero no lo justificamos. Es que, perdóneme, pero creo que alguna tara mental heredó del pato. Es decir, usted quiere que los mexicanos construyan una muralla que los separe de Estados Unidos, pero que ellos mismos las paguen. Es como pedirle a un condenado a prisión que, además de purgar cárcel, deba pagar la construcción de la celda.
Pero a pesar de todo Míster Trump, deseo que siga con esa actitud. Que nos indilgue que somos descendientes de indígenas; que siga explayándose en calificarnos de delincuentes; que siga pensando que solo servimos para meseros, que culpe de todos los males que aquejan a su imperio a esa horda de latinos desharrapados y que no le diga hipócrita solo a nuestra Miss, sino que debería extender su prolífico vocabulario a todas las venezolanas, mexicanas, argentinas, peruanas, bolivianas, haitianas, dominicanas…para ver si, por fin, nuestros pueblos despiertan y se acaba esa exposición abyecta de carnitas y huesitos al mejor estilo Uribe y toda la parafernalia ñoña de aquellos (cada vez menos) que aún se desviven por los estúpidos reinados.
Muchos dicen que toda esa pataleta suya no es más que una estrategia para que los ultraderechistas vean en usted una especie de mecenas que de un tajo, al mejor estilo nazista, dejará solo “su raza superior” en un país que, aunque le duela, cada vez nos necesita más para poder sostener su comercio. Pero sea cual sea la intención real, se ha convertido usted, sí usted, Donald, en el hazmerreír (tal cual el pato de la tira cómica) de todos los noticieros y de toda la gente que los ve y los escucha. Ya nosotros sabemos lo que es lidiar con eso: por acá, por la tierra de los mexicanos colombianos, tenemos a un loquito que se mete con todo lo que camina y respira y a punta de twetts, quiere descabezar a todos los que no le rindan pleitesía. Así que usted, señor Donald, no nos echa cuento.
Finalmente, le sugiero que revise bien qué restaurante, bar o discoteca visitará. Nosotros, la “peste latina” como nos llama, siempre estaremos ahí. Detrás de un mostrador; frente a una cocina; batiendo los cocteles en una barra y, por qué no, de recetarios en una droguería. Y cuide su boca, Donald. No solo en lo que podría comer, sino en toda la basura que podría seguir hablando. Porque al igual que el pato en cuestión, ese tan ridículo como usted y que tiene su mismo nombre, se la vive cag……
Con conmiseración, 
Anuar Saad


No hay comentarios:

Publicar un comentario