martes, 9 de junio de 2015

Electricaribe: sin luz al final del túnel

POR: ANUAR SAAD
 No hay motivo alguno para que se piense en una restructuración de Electricaribe. Es una sandez hacerlo. O, mejor, se me antoja una estupidez. Tratar que Electricaribe mejore, es como si hoy, en pleno siglo XXI, se quisiera resucitar a Lázaro. La empresa de energía de la Costa Caribe colombiana es un muerto insepulto que “aún camina” gracias a patrañas de políticos que se aterrorizan porque, si cierra, se les esfumaría la gallina de los huevos de oro.
En los últimos tres años la Superintendencia de Servicios Públicos ha recepcionado más de cuatro mil quejas contra el ente (palabreja que le cae como anillo al dedo a la empresa: Ente, según la RAE, es “…aquello que no tiene ser real y verdadero”) y, por lo que se ve, en lo corrido de 2015 esa cifra podría fácilmente duplicarse.
Lo de Electricaribe no es un mal de esos que un político honesto pudiera arreglar. Es un cáncer que hizo metástasis y  que carcomió todo lo que toca y que se preocupa solo en facturar y cortar el “pseudo servicio”  a los usuarios que caen en mora, pero que no mueve un dedo para tratar de sofocar la espantosa crisis que afecta a más de un millón de habitantes. En Los Nogales, Miramar y Ciudad Jardín, solo por referenciar un ejemplo, apenas cae un rocío, el barrio se apaga. Igual suerte corren decenas de localidades del norte y sur de la ciudad.
Pero quedarse sin luz puede ser una bendición. Lo es, antes de que, por esas subidas repentina de voltaje, o la fluctuación del mismo, te quedes sin televisor, nevera, lavadora o abanicos. O, peor, que alguien en casa muera electrocutado (como ha pasado repetidas veces) gracias al desequilibrio del voltaje de sus viejas redes. Transformadores sin mantenimiento, cables que cuelgan sobre las calles amenazando con caer a la primera brisa, y un servicio paquidérmico de atención al cliente, son la cereza del pastel de una empresa que no cabe en una ciudad de la que la Alcaldesa dice “está en movimiento”.
¿Será posible que una de las tarifas más caras del país merezca un servicio de pacotilla? ¿Cómo se entiende que un usuario estrato 4 con 2 abanicos, un aire acondicionado y dos televisores pase de pagar 210 mil pesos a 330 mil en un mes?  -Primero pague y después reclame- me dijo una cínica funcionaria a quien los barranquilleros le pagamos con nuestras onerosas facturas mensuales. Electricaribe tocó fondo. Facebbok y twitter están rebosados de manifestaciones de usuarios contra la peor prestadora de servicios públicos en la historia del país. Es, en carta blanca, una empresa paquidérmica, ineficiente, disfuncional a la que ladrones de cuello blanco siguen aferrados tratando de mantener su lucro abyecto. 
Ya hasta la alcaldesa de la ciudad, Elsa Noguera, se sumó a los reclamos. En meses pasados declaró a los diarios que “Electricaribe no goza de la confianza de los ciudadanos”. Pero ni esas declaraciones, ni los anunciados debates en el Congreso, parecen menguar la estabilidad de la empresa que, como quiste maligno, sigue ahí, extendiéndose, con sus tentáculos venenosos. Superservicios debe llegar más allá. No solo debe fungir como una receptora de quejas sin respuestas, sino que debe intervenir con energía (cosa que paradójicamente parece faltarle) a la empresa para que asuma los costos de su mal funcionamiento, que ya desbordó todos los límites.
Ahora, a tres días de la Copa América, los barranquilleros estamos recargando con pilas los radios que teníamos en el cuarto de San Alejo porque, a estas alturas, nadie en la ciudad puede estar seguro de verlos. “Con que caiga un rocío, se apagan las casas”, es la queja general de usuarios insatisfechos que ya no saben cómo mostrar su descontento. Un descontento que el gobierno nacional no ha tenido en cuenta y que las autoridades del Distrito no enfrentan con la decisión que se requiere.


Podría extenderme más en la crisis eléctrica de una ciudad que crece a pesar de sus males, pero es imposible: tronó y se fue la luz.