miércoles, 13 de mayo de 2015

¡Cuidado! Mototaxistas sueltos


Por Anuar Saad

Han regresado. Como la plaga apocalíptica, no solo volvieron, sino que se multiplicaron. Ya no están sometidos a los límites del sur de la ciudad. Ahora, orondos y en medio de maniobras suicidas, pasan raudos por las avenidas del norte, siendo la carrera 38 y la calle 80B sus preferidas.

Así que si usted acaba de recibir su licencia de conducir y quiere graduarse con honores, puede, sin miedo, soltarse entre el enjambre de motos, zigzaguear como Maradona y tratar de llegar, como Pelé, justo a la raya de gol…si ellos lo dejan.

Para los mototaxistas la única ley que existe es la de llegar rápido y primero. No importa si usted va a cruzar a la izquierda y lo anuncie con su direccional. Ellos, sin ruborizarse y con la decisión de un Ninja, se lanzan por ese huequito imperceptible entre su carro y el bordillo y por ahí se meten.

 Mientras tanto, en la esquina, dos policías de tránsito están atentos a los llamativos modelos de carros para ver a quién detienen. Alguno que no lleve su licencia consigo, o que tenga el SOAT expirado, caerá. ¿Para qué gastar pólvora en gallinazos? Pensarán ellos, los policías de tránsito, que saben que lo más probable es que los rebuscadores de dos ruedas lleven los bolsillos vacíos.

¿Qué ha pasado en Barranquilla? Que sepamos, no se ha derogado la prohibición al mototaxismo ni mucho menos sabemos que se les haya dado un aval para que tengan, como 007, licencia para…rodar. Lo cierto es que nadie se pronuncia. La Alcaldesa regañó fuertemente a la Policía por la inseguridad –y con razón—porque en esta ciudad ya no se puede ni comer un helado en paz: celulares, joyas, lo que había en la caja y litros de helados, se llevaron los cacos dejando “helados” a los comensales. ¿Tendrá la Alcaldesa que repetir regaño para que los encargados del tránsito vuelvan a poner control en las calles para impedir que Barranquilla se siga “cartagenizando”?

Son dos flagelos que aún faltan erradicar: la delincuencia común y el pulular de las motos sin control que, entre otras cosas, impacta en el orden público. Se debe reconocer la gestión de la Alcaldesa en los dos últimos años. Enderezó el barco que había zarpado con alerta de zozobra. Pero movilidad e inseguridad, siguen siendo los lunares. Si bien el segundo fenómeno –inseguridad—es más complejo (desplazados, desmovilizados, bandas criminales “importadas”) la ciudad no puede darse el lujo de retroceder en el avance que Alex Char logró al restringir férreamente el mototaxismo.

Otra vez están ahí. Agazapados a las afueras de los centros comerciales desde la calle 72, esperando al improvisado cliente al que llevarán como alma que lleva el diablo a su lugar de destino. No importa que ello signifique que los conductores de automóviles frenen en seco para evitar una tragedia, o que se queden sin voz de tanto “mentar la madre”.

Barranquilla es una urbe que ha crecido, incluso, por encima de los índices de crecimiento del país. Pero por ello, no puede darse el lujo de volver a dar síntomas de provincia subdesarrollada siendo negligente con un fenómeno que aumenta la violencia, la accidentalidad y coadyuva para que se multiplique el caos en el ya caótico tránsito de la ciudad.

Las medidas deben ser urgentes y definitivas. La invasión –no la extraterrestre que dramatizara Orson Wells a finales de la década de los 40, sino la del mototaxismo—tiene que ser detenida. Créanos Alcaldesa, que esperamos ansiosos las medidas que nos permitan llegar a casa en paz, sin tener que rezar el Credo cada vez que nos aventuramos a transitar por nuestras calles. Barranquilla lo merece.

saadanuar@gmail.com