viernes, 13 de marzo de 2015

Uribe nos mira

Por Anuar Saad
¿No ha tenido usted esa vaga sensación de que alguien nos mira? ¿Qué cuando departes con amigos un fin de semana y hablas de política…percibes que te “están chuzando”? ¿Es de esos que, últimamente, evita hablar del Senador Uribe so pena de ser víctima de sus neuróticos y enfermizos trinos?
Pues le tengo dos noticias: la primera, que más que percepción es una realidad. Uribe nos mira. Tiene una red de simpatizantes espías diseminados por todo el país para ver qué se dice y cómo se dice de él. La segunda, es que no le pare muchas bolas al asunto, ya que según el médico y siquiatra Daniel Gutiérrez, director del Centro Integral de Atención en Salud Mental, el ex-mandatario de los colombianos presenta una serie de actitudes y comportamientos que permiten catalogarlo como un ser narcisista, egocéntrico, megalómano y resentido.
Las razones por la que Uribe tiene agudizado aún más su delicado cuadro clínico son varias. Pero la más relevante es que el  60 por ciento de los colombianos no tiene una buena imagen de él y casi ese mismo porcentaje de compatriotas, apoyan el proceso de paz.
Uribe se ha quedado solo. No por gusto. Solo porque sus amigos y los amigos de sus amigos están presos o enredados en un lío judicial de grandes proporciones o fueron a comprar leche y nunca volvieron…ni a su casa ni al país.
Para los que vivimos de la docencia es altamente preocupante que en una cátedra con profesionales en formación no se pueda debatir libremente de los temas que afectan al país. De hecho, abrir discusiones sobre postura de columnistas sobre casos coyunturales que nos afectan a todos, es un sano ejercicio que avala, además, el libre pensamiento que consagra nuestra Constitución. ¿O es que tenemos que pedir permiso a esta especie de Napoleón en decadencia para expresarnos sobre su postura política?
Lo que más causa extrañeza es que lo sucedido en la Universidad Libre de Pereira con el profesor Iván Giraldo no fue por una alusión al Senador Uribe, sino por una discusión planteada en el aula sobre la columna de Fernando Londoño Hoyos, ese mismo que el expresidente nos quiso vender como un pro-hombre de la patria. Como decimos popularmente: Uribe entró a “comprar la pelea”.
La decadencia del  Senador es tan notable, que muchos ya lo asemejan a una “Niña Tulia” moderna. La diferencia es que, en vez de vociferar de “pretil a pretil” por las calles de un barrio cualquiera con el primero que se le atraviese, este utiliza una aplicación tecnológica para hacerlo: el twitter. Es, resumiendo, una Niña Tulia cibernética que, como un enfermo terminal, anda conectado a todos los aparatos posibles. Aparatos tecnológicos que le rastrean cuánta información exista en el país y allende sus fronteras, para saber qué y quién dice algo de él.
Es por eso que hay que tomar medidas drásticas. Cuando propongamos un debate en las aulas de clase –queridos colegas docentes—hablemos sobre lo trascendental de determinar si el vestido del Facebook era azul o dorado. Si Brad Pitt y Angelina Jolie hacen o no buena pareja, o si el título de Miss Universo fue o no justo. No se nos ocurra hacer historia sobre por qué los paramilitares permearon las altas esferas del país; ni pensemos en explicar a esta nueva generación de colombianos eso de “falsos positivos”; nunca expliquemos qué papel jugó Yidis Medina en la historia reciente y por qué una directora del DAS se fugó del país y ahora está tras las rejas. Ni mucho menos por qué un “buen muchacho” como Jorgito Noguera, está preso. Seguramente a Uribe no le gustará que los estudiantes conozcan que un hacker chuzó para sabotear informaciones de reserva estatal y,  mucho menos, que él trató de empezar un proceso de paz y no pudo.

Así que, querido lector, cuando piense que está relajado echando carreta con sus amigos del trabajo en un fin de semana al compás de un buen whisky en un estadero de su confianza y uno del grupo insista en grabar un pedazo de la reunión… ¡sospeche! Puede ser una parte de los tentáculos que el omnipotente Senador tiene a su servicio. No lo olvide: Uribe nos mira.