martes, 1 de abril de 2014

De bolardos, ampliaciones, restricciones y otros adefesios

POR ANUAR SAAD


Ya había advertido en una columna anterior, lo importante que es para una ciudad de la importancia de Barranquilla –y más ahora que estará en la mira del mundo gracias al TLC—tener un adecuado y estético mobiliario urbano. Pero a pesar de las advertencias de columnistas y expertos urbanistas, la Alcaldía sigue sin dar pie con bola (pero sí en bolardos)  en adecuaciones de ciudad.


La determinación de implementar con enormes  bolardos en forma de gigantescas pelotas de fútbol un largo tramo de la carrera 54, solo se justificaría si Barranquilla quedara en Brasil y se pintaran las esféricas de concreto, en forma de balón de fútbol como alegoría al Mundial. Pero ni Barranquilla es Bello Horizonte, ni el Metropolitano es el Maracaná.

Ayer, en un pronunciamiento serio, el Fondo de Prevención Vial advirtió sobre la posible “lluvia de demandas” que se verán venir, cuando empiecen a ocurrir accidentes por causa de las antiestéticas esferas que, a todas luces, son un atentado contra los automotores, los conductores y hasta los desprevenidos peatones.  En pocas palabras, además de feas, son peligrosas.

Sin embargo, observadores ciudadanos, han alertado sobre el porqué de la polémica engordada y mantenida por el Distrito sobre un tema que, de fondo, no tendría mayor significancia. Muchos coinciden que lo hacen para desviar la atención en problemas de mayor envergadura en los que pueden existir algunas irregularidades, como es el caso de la tan criticada ampliación de la carrera 51B.
¿Es acaso justificable reventar un pavimento –que era la gran mayoría—en excelente estado para dejar, a la larga, con el mismo ancho la calle? ¿Qué entiende la Alcaldía y las autoridades de planeación del Distrito por el término ampliación? Para despejar dudas, me remito al Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española, RAE, que define ampliación como: “…ensanchamiento o aumento del tamaño o extensión de algo”. Más claro, habría que dibujarlo con plastilina. ¿Qué parte no se entiende de “aumento del tamaño de algo?  Vecinos del sector de las obras, metro en mano, han medido de punta a punta la supuestamente ampliada 51B y el resultado ya es conocido por casi toda la comunidad: la calle sigue midiendo lo mismo. Se nota de bulto, porque ni sardineles ni construcciones aledañas, han sido intervenidos. Pero llama más la atención que los más de 24 mil millones de pesos destinados para tal fin tenían como meta ser ejecutados en un plazo máximo de 6 meses, de los cuales, ya van 10 y contando. ¿En cuánto se afectó el costo? No se sabe o no se ha dicho aún.
Pero lo más crítico es que no era una obra necesaria, de la forma en que se está ejecutando. No podrá, nunca, tapar el error histórico de no haber intervenido de norte a sur, en toda su extensión, la carrera 46 –Avenida Olaya Herrera—para que se descongestionara la ciudad de verdad y el Transmetro no afectara la movilidad. Es decir, una Avenida de más carriles que brindara soluciones reales al problema más grave que tiene esta ciudad: la movilidad. Pero como había que comprar predios, las mentes limitadas y poco futuristas que han manejado la ciudad, desfallecieron en los esfuerzos de hacer lo que Bogotá, por ejemplo, sí hizo: adquirir predios para, ahí sí, ampliar vías de verdad y no mentir a la ciudadanía.
Y ahí vamos, de error en error. La Calle Murillo, una enorme recta que atravesaba la ciudad, hoy es una complicada arteria llena de curvas en el intento de no “tropezar” con predios que debían ser adquiridos para su readecuación.
Y no contentos con eso, las autoridades distritales de tránsito y la Secretaría de Movilidad, han hecho su gran aporte en el caos urbano. Caos que se refleja con solo salir a las calles. Obras simultáneas –muchas de ellas innecesarias—han traído como consecuencia que se decrete doble pico y placa al hacerlo por sectores, ocasionando desespero, indignación y confusión en los conductores que ya no saben ni por dónde diablos meterse.
Pero como en este Distrito, las amenazas a la ciudadanía están de moda, ya nadie puede decir nada. Si lo dicen, la declaración desde la autoridad máxima de la ciudad, nos deja perplejos: “Si el norte no quiere obras, me las llevo para el sur”. Un desatino más que deja mucho qué pensar de si lo importante es hacer…o saber qué hacer. Obras sí, Alcaldesa, pero con sentido. Con calidad. Necesarias y no, solamente, para contentar a contratistas que, como siempre, alargan los tiempos para cobrar más. Las obras son obligación de los que fueron elegidos popularmente. Y unas y otras –norte o sur—deben hacerse con transparencia para enmendar necesidades reales. Ahí está, por ejemplo, el caso de los parques de Barranquilla. Parques que no lo son, en una ciudad con el indicador más bajo de metro cuadrado de parque por habitante. ¿Será que algún día alguien entenderá que obras es más que pavimento?
Mientras tanto, los concesionarios de los detectores de velocidad se siguen enriqueciendo con las emboscadas que le tienden a desprevenidos conductores. Sabía usted que en la vía Barranquilla-Cartagena, antes de Loma Arena, hay cuatro reductores y dos de ellos lo obligan a baja la velocidad a ¡40 kilómetros por hora! ¿En una carretera? En Estados Unidos, por ejemplo, reducir la velocidad en esas proporciones en una carretera, es considerada una infracción. El fin es obvio: recaudar y recaudar. No existe en carretera alguna del país, detección electrónica de velocidad como en el Atlántico.
Tema de una próxima columna, mientras encuentro la forma de cómo salir del trancón para llegar a mi trabajo…


1 comentario:

  1. Y los áulicos ahí, inventándose excusas y vistas de otras ciudades pa justificar el adefesio.

    PS: Pille toda la inseguridad q se genera en el Parque Parrish que queda a unos pasos de un CAI

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