miércoles, 9 de octubre de 2013

La Barranquilla que vio Plinio

POR ANUAR SAAD

No se puede negar que en las administraciones de Alejandro Char y Elsa Noguera Barranquilla recobró una interesante dinámica que le permite ir saliendo, de manera paulatina, de la postración en que se sumió desde décadas anteriores. Es decir, se nota que a pesar de los tropiezos de los últimos dos mandatos,  Barranquilla, por fin, parece despegar como urbe aunque dista mucho de lo alcanzado por Medellín, Cali y Bogotá.

Pero una cosa es aceptar que hay un impulso en nuestro desarrollo, y otra creer que Barranquilla es Ámsterdam, Ginebra o París. Entiendo la emoción que dice sentir Plinio Apuleyo Mendoza por –según él—recorrer esta urbe después de 40 años. Pero su columna parece más sacada del libro de la Alcaldía “Los años que nos devolvieron la sonrisa” que el producto de un trabajo verdadero de periodismo. ¿Cuál es la ciudad perfecta de la que habla Apuleyo Mendoza? Porque miro a mi alrededor, y no la encuentro.


Invito al columnista a que venga a vivir unos días aquí. Que trate de dormir en Los Nogales, sin luz por cortesía de Electricaribe, y con un calor que mata. Que intente, como hace 40 años, recorrer a pie un barrio al caer la noche, o peor, tomar puntual un Transmetro o un bus de ruta. ¿Acaso el periodista circuló por nuestras calles abarrotadas con 20 mil taxis? No creo que él, Apuleyo, se haya metido en un colegio público para ver cómo reciben clases los niños con abanicos que se caen solos y con profesores que nunca asisten. ¿De qué Barranquilla hablas Plinio? Cuando de verdad vengas a Barranquilla, con gusto te mostraré la verdadera ciudad. Esa que, aunque quiere, todavía le falta para consolidarse como gran urbe. Aún somos Barranquilla, no Sidney.

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