jueves, 24 de octubre de 2013

El Heraldo: 80 años de buena fe

POR ANUAR SAAD
Nada podría representar mejor lo que la credibilidad de El Heraldo significa para los barranquilleros, que esta frase que se hizo popular hace más de medio siglo: “si no ha salido en El Heraldo, entonces no es cierto”. Y es que después de ocho décadas acompañando cada mañana el despertar de los habitantes de la Costa Caribe colombiana, este diario se supo ganar un lugar en el corazón de todos, hasta el punto que sienten a esta empresa periodística como un patrimonio de la ciudad.
Desde el ideal que concibieron sus fundadores, de la mano de su primer director, doctor Juan B. Fernández Ortega, hasta hoy, con la dirección del notable periodista y escritor barranquillero Marco Schwartz, el pensamiento del periódico ha estado encaminado siempre en la búsqueda del bien común, para preservar ese “acto de buena fe” con el que día a día sus fundadores culminaban las extenuantes jornadas laborales.
Y en estos 80 años no todo ha sido un camino de rosas. El periódico enfrentó –y sigue enfrentando—los embates de la globalización, de la popularidad cada vez mayor del ciberperiodismo y de la pérdida del hábito de lectura que los jóvenes de hoy apáticamente demuestran. Para poder estar a tono con la fiera competitividad en un país donde ya no es muy rentable apostarle a la prensa física y con los riesgos que implica ser periodista, El Heraldo logró sobrevivir a la crisis generalizada de los medios escritos y transformarse, poco a poco, en el metamedio que hoy requiere el mundo actual.
Y ahí está, en pleno corazón del viejo Prado a pocas cuadras del populoso Barrio Abajo, erigido como un ícono de la ciudad. Esa misma mole que ha albergado en tantas décadas a prestantes figuras del periodismo, el pensamiento, la cultura y la literatura de la costa Caribe para el mundo entero. Juan B. Fernández Ortega, uno de sus insignes fundadores, Juan B. Fernández Renowitzky, Gabriel García Márquez, Germán Vargas, Alfonso Fuenmayor, Juan Gossaín, Olguita Emiliani, Fabio Poveda Márquez, José Cervantes Angulo,  Mauricio Vargas, Roberto Pombo, Marco Schwartz, Ernesto McCausland, José Orellano, Ricardo Rocha y muchos colegas más, que han puesto su invaluable grano de arena para hacer de este periódico el más influyente de nuestra región.
Solo lo que tuvimos la oportunidad de ser acogidos como parte de esa familia, sabemos lo que significa hacer parte de él. Una empresa periodística en donde, a pesar de lo exigente de las jornadas laborales, siempre había espacio para la camaradería, misma que empieza, religiosamente, con la famosa primera reunión de la mañana, bautizada por yo no sé quién, como “la papela”. A pesar de sus transformaciones con el paso de los años, aún se recuerdan los montajes litográficos de que éramos víctimas por parte de los trasnochados redactores de turno en el “muro de la infamia”, donde se exponían más allá, de nuestras metidas de pata, una parte de nuestra personalidad.
Aún recuerdo la historia de la anciana de 82 años que se había movilizado desde Plato, Magdalena, para pagar un aviso clasificado donde ella “certificaba que aún era virgen” para terminar con la chismografía local que le había endilgado un amante de turno. “Y es que si sale en El Heraldo”, decía la buena señora, “todo el mundo sabrá que es verdad”.
Todavía hoy, muchos no salen de sus casas a la espera de que el voceador llegue puntual para iniciar ese ritual eterno de desayunar mientras se leen las páginas del diario. Y es frecuente en Bogotá toparse con un coterráneo desesperado, tratando de localizar en los kioscos de venta, un ejemplar del diario para saber qué pasó en su ciudad. Porque a lo largo de su existencia, este medio supo meterse en las venas de los barranquilleros y en el corazón de todos los lectores.
Es por eso que este 28 de octubre hay un motivo para celebrar. Celebramos que durante 80 años y de manera ininterrumpida, esa pequeña obra de buena fe con que soñaron sus fundadores, sigue acompañando la mañana de todos los barranquilleros con la información oportuna que debemos conocer. Y, muy seguramente, seguirá ahí por muchos años más. ¡Felicitaciones!

No hay comentarios:

Publicar un comentario