jueves, 22 de agosto de 2013

Estatuas Vs. Ciudad/ Columna diario ADN

Por Anuar Saad

La acogida a la propuesta de erigir una escultura en homenaje al gran Ernesto McCausland tuvo eco, y es un hecho que la misma se levantará en el barrio La Chinita, al que él, desde su rol de periodista, ayudó en sus innumerables problemas sociales.

Nadie pone en duda que el reconocimiento es meritorio. Lo que sí muchos ven con recelo es la forma desordenada con que el mobiliario urbano de la ciudad está siendo transgredido con esculturas desafortunadas, de las que, en muchos casos, ya no se sabe ni su historia.

Las estatuas y bustos que abundan por distintos barrios de Barranquilla no han tenido la acogida esperada. El caso más reciente es el de Joe Arroyo, cuya escultura, elaborada por Yino Márquez, ha tenido más críticas que elogios: desde el atuendo del cantante (parece vestir un esmoquin) hasta el montaje que lo eleva a la posición de un dios inalcanzable.

Ni hablar de Esthercita Forero. Parece una extraña deformación de ella misma, miniaturizada en medio de una baranda que semeja un caminador que sostiene su precaria figura.

Lo del parque Once de Noviembre es otra historia: por un lado, los bustos, antiestéticamente construidos, fueron víctimas de vándalos que terminaron descabezándolos. Y más allá, el famoso ‘Héroe caído’, con esa depresiva connotación de película de horror. ¿Correrá Ernesto la misma suerte? ¿Será su escultura amigable y representativa de su grandeza?

Hay que tomar ejemplo de ciudades donde los monumentos se levantan armoniosos con el entorno, sumándole atributos al mobiliario urbano y aportándole a la estética de ciudad. Y para pensar: ¿es la ‘estatuitis’ la mejor manera de rendir tributo a nuestros ciudadanos insignes? Se las dejo ahí, como diría Diomedes…

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