martes, 13 de agosto de 2013

Barranquilla, una ciudad de “Fisher Price”

Por ANUAR SAAD
Barranquilla, hay que decirlo, asombra a quienes por alguna razón llevan años sin pisar esta tierra. Muchos, que no venían hace décadas, reconocen que la ciudad, ahora sí, parece una ciudad de verdad verdad y no ese pueblo grande, desordenado y con montones de basuras por doquier, que le daban un aspecto lamentable.
La transformación de la ciudad tomó un primer  impulso –y hay que reconocerlo—en la primera Alcaldía del padre Bernardo Hoyos donde empezó a germinar la semilla de crear conciencia ciudadana y una reivindicación social, especialmente, en sectores muy marginados del Distrito. Después de varios períodos de recesión, la ciudad despertó de la mano de Alex Char  (aunque el precio haya sido dejar a la ciudad endeudada por varios años) mandato que supuestamente ha tenido continuidad en su sucesora natural, Elsa Noguera, quien a pesar de esfuerzos, no ha logrado una total aceptación popular.
¿Pero por qué los barranquilleros, esos que vivimos aquí y la recorremos metro a metro la seguimos percibiendo como una ciudad caótica? ¿Qué le falta para tener cara de una verdadera metrópoli regional? Desde la perspectiva de muchos, es un agudo problema de infraestructura, tanto vial como peatonal. La ciudad no tiene avenidas, sino remedos de ella. La más grande, Olaya Herrera, quedó corta hace treinta años y las carrera 43 y 44 y la calle 84, solo por poner dos ejemplos, piden a gritos una ampliación. La calle 72 necesita proyectarse, en un solo tirón, hasta el sur de la ciudad (evitando traumatismos y congestiones)  y la calle 61 debe ser ampliada. Es esta una ciudad que, cada vez que se urbanizaba un nuevo barrio, el problema se resolvía sobre la marcha: construyéndole sus callecitas, sin pensar en una vía amplia y rápida de acceso. Y, lo peor, sin planificar un espacio a futuro para ello.
Pero por cuenta de esa pésima planeación a futuro, al Distrito  le queda difícil (caso que no pasa por ejemplo en Bogotá, Medellín y Bucaramanga) ampliar sus vías actuales. La solución, en este caso, sería generar recursos a través de Valorización porque para vías internas, las obras deben ejecutarse con recursos propios. Entre las alternativas para desembotellar la ciudad, en donde circulan más de 15 mil taxis, está la ejecución de puentes que faciliten la movilización en sitios neurálgicos. Puentes que, aparte de estéticos como los de Medellín, no queden “enanos” a su paso. Pero para ello, se necesita convicción, convocatoria, planificación y poder de ejecución.
Los barranquilleros sienten que han perdido la Avenida Olaya Herrera. Esta se entregó mansamente al Transmetro sin dar soluciones adecuadas al caos que significaría la circulación de vehículos particulares por esa vía. Es pues, Barranquilla, una ciudad no planeada. Una ciudad sin prospectiva, donde se improvisa en cada arrebato de “iluminación” del alcalde de turno. Barranquilla necesita obras que amainen el caos vial que padece y, de paso, obras que contribuyan a su estética de ciudad región.
Se demostró con el reciente cobro de Valorización que la medida es antipática como todo lo que le signifique al ciudadano meterse la mano al bolsillo. Pero si los ciudadanos perciben que las obras ayudan a mejorar su calidad de vida, terminan pagando con agrado. Aquí hace falta ese componente esencial de ciudadanía, en su verdadera expresión, para sentir la ciudad como propia. Es una integración y coherencia entre política dirigencial y compromiso ciudadano.
Y el problema no es solamente las vías, sino también el espacio para el peatón. Ese mismo que hace malabares para caminar sobre un sardinel (lleno de huecos en casi todos los casos) esquivando una enredada maraña de autos que parquean sobre la vía peatonal sin que hasta el momento nadie, ni la Alcaldesa ni las autoridades de Planeación y Movilidad, digan ni mu.
¿Por qué los bolardos sí funcionan en otras ciudades? ¿Por qué ya existe conciencia que los vehículos deben ser parqueados en sitios autorizados para ello? Caminar por Barranquilla, puede ser hasta una competencia de deporte extremo. Y ni hablar de los discapacitados. ¿Se piensa o se ha pensado en ellos? Es hora de tomar decisiones al respecto.

Este Distrito, capital de toda la Región Caribe, no puede seguirse viendo y sintiendo como una ciudad de “Fisher Price” donde todo es en miniatura. Y lo más peligroso de esto, es que nuestros dirigentes, piensen de esa misma manera.

1 comentario:

  1. al ciudadano común le da flojera pensar en la ciudad. los dirigentes son ciudadanos comunes también. se acomoda con su carro donde mejor le convenga, le da flojera pensar que si hago esto, le causo problemas al ciudadano. y así para todo.

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