martes, 23 de julio de 2013

Lo que faltaba: el sexo “contra-reloj”

Por ANUAR SAAD

A mis casi 50 años creí que ya lo había visto todo. Guerras, conflictos, hambre mundial, la caída de un presidente en Estados Unidos, el derribamiento del muro de la infamia en la Unión Soviética, a socialistas volverse capitalistas, al Junior por fin ser campeón, a vivir sin servicios públicos en una ciudad que parecía bombardeada, a un muchachito con “voz de chivo” coronarse como Cacique de la Junta, a un afro descendiente ser por vez primera presidente estadounidense y, en Colombia, un neurótico gobernar y trinar. Vi un Palacio de Justicia reducido a cenizas y a un volcán tragándose a 25 mil personas. A tres buenos muchachos, todos costeños, robándose a Bogotá, y a un cundiboyacense pisar la gloria en el Tour de Francia. Pero no. Todavía no lo había visto todo. Lo peor, estaba por llegar.

Hace menos de quince días, un artículo de la revista Semana llamó mi atención. Expertos, después de un juicioso estudio (no quiero ni imaginarme las pruebas probabilísticas y el “trabajo de campo” que debieron hacer para ello) coincidieron en que el buen sexo, es decir, la relación sexual propiamente dicha, debe durar siete minutos. Así es. No dos como tímidamente reconocen algunos, ni veinte, como engañosamente cuenta mi vecino de escritorio. Son siete. No hay derecho a reclamar, a fin de cuentas, los expertos así lo dicen.
Lo peor de todos es que ellas, las mujeres, muy exigentes en estas lides, tendrán ahora la excusa perfecta para “monitorear” el sexo. “Juan, cuidado que apenas llevas dos minutos”. “Ánimo Jorgito que te faltan cincuenta segundos”. ¿Será posible tamaña imbecilidad? Si esto se pone en boga, los hombres estaremos condenados, porque, a ese ritmo, no habrá pastillita azul que alcance a hacer el milagro completo.

Pero más de uno justificaban diciendo que, afortunadamente, el “preludio” o los juegos sexuales, eran de la cosecha de quien los inventaba. Es decir, cada uno tenía sus propios recursos y, en ello, podía tomarse el tiempo que quiera. Al fin y al cabo, creía yo ¡pobre inocente! Que la intimidad a fin de cuentas era mía y solo mía. Otro error, y aquí, otro descubrimiento en mi casi medio siglo de vida: los “juegos sexuales”, esos que son el preludio de la relación íntima, también fueron codificados. Otros expertos (imagino que los anteriores no repitieron porque ya no tenían fuerzas para hacerlo) han dictaminado que para ello –el preludio del sexo—no debe pasar de los quince minutos, ni ser inferior a ellos.

Ya aquí fue la “tapa de la olla”. Ese régimen dictatorial de “expertos sexuales” no podía afectar la vida de personas que creen que cada uno hace lo que puede, lo que quiere y lo que siente. Compartí en Twitter mi seria preocupación y, casi diez segundos después, un cibernauta me respondió que, seguramente, ahora nos tocará “tener sexo con reloj”.
Ahí está la clave. En este mundo globalizado donde estamos mediados por el marketing, se ha dado inicio a una oscura alianza entre relojeros del mundo, los moteles y las pastillas para la virilidad masculina. No me extrañaría en absoluto, que mañana, al encender el televisor, y en medio del noticiero, salga un modelo enroscado en una sábana con una bella muchacha y, de repente, muestre su reloj y diga: “yo sí tengo sexo seguro: 7 minutos exactos. Mi Rolex, jamás falla”.

¿Será que llegaremos a eso? ¿A cronometrar los juegos y el acto sexual? De seguir así –estos dictámenes inclementes de expertos ninfómanos—la preocupación de que algo no se pare ya no pasará por el urólogo, sino por el relojero. ¡Válgame Dios!

2 comentarios:

  1. El vecino de escritorio, viejo Anuar, debe ser un embusterazo de primer categoría. Seguramente, con esa afirmación mentirosa de sus 20 minutos, debe esconder una precocidad que, seguramente, no lo deja llegar ni al minuto. Buen artículo, como siempre, viejo Anuar.

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  2. Sí. Ni ellos mismos se creen sus mentiras de "macho-man". Saludos.

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