lunes, 8 de julio de 2013

De los seudo-intelectuales...¡líbrame Señor!

cortazarReproduzco a continuación una excelente columna sobre un tema que, en honor a la verdad, quise siempre escribir en contra de aquellas personas que creen que los que no nos consideramos ni somos intelectuales, estamos condenados a ser algo menos que estúpidos, sin saber que, ellos mismos, son solo unos loros transcriptores de lo que otros dicen sin que sean capaz de producir, crear o difundir ideas o artículos propios.

Pero debo reconocer, después de leer la magnífica columna del escritor Marco Antonio Valencia en El Espectador, que yo no lo hubiera hecho mejor. Es un escrito magistral, que aterriza a todos aquellos que se creen seres superiores y que acostumbran a mirar a otros por encima del hombro por el hecho de recordar alguna cita, parafrasear algún filósofo, o recordarse de determinada bibliografía, siendo estas cosas puramente memorísticas ajenas a la inteligencia y, por ende, a la intelectualidad.

De seguro, amables lectores, ustedes encontrarán en la descripción del personaje "seudointelectual" que hace el columnista a más de un conocido, amigo o colega. Todos esos que posan, hablan, caminan y hasta gesticulan emulando algún mamerto intelectual convirtiéndose, al final, en una mala copia de ellos mismos.

He aquí la magistral columna:

DE LOS SEUDO-INTELECTUALES, LÍBRAME SEÑOR


Por: Marco Antonio Valencia


A mi Rayuela me parece un texto largo, más cerca al poema que a la novela, una obra que juega a experimentar con todos los “ISMOS” literarios que al autor le dio la gana: existencialismo, cubismo, impresionismo, dadaísmo, ultraísmo, creacionismo, pero sobre todo: surrealismo.  Una forma de mamar gallo de un escritor humorista a un público ávido de cosas nuevas, experiencias distintas, pero sobre todo, escrita para burlarse de los seudo-intelectuales.
Lo dice a su manera Horacio Oliveira, protagonista de Rayuela. La gente suele graduar de “intelectual  y pensador” a loros con corneta que lo único que  tienen es buena memoria para decir nombres, fechas, citas y frases de otros, pero nada piensan por sí solos. Bobolicones con plumas de pavos reales en la lengua, que van a tertulias a demostrar cuánta memoria tienen para justificar su “ilustración”, sin saber que lo único que exhiben es un fétido olor al ridículo. Los he visto, los has visto. Y lo peor no es que se crean inteligentes o de raza superior, sino que excluyen y se mofan de los que no han leído lo que ellos han leído y memorizado.
Un intelectual es el que se dedica “al estudio y la reflexión crítica sobre la realidad”. Cortázar era intelectual. Escribía y participaba de manera política en la defensa de causas internacionales. Pero ese montón de cornetas con caras de sabios y ojos de sapos que repiten y citan filósofos y filosofías, escritores y pasajes librescos sin descanso y sin saber qué dicen y para qué lo dicen… dan risa. Son repugnantes. Bueno, acepto que tener buena memoria puede ser un hobby respetable, pero lo inadmisible, lo ridículo,  es que se las den de intelectuales por eso. ¡Ja!
El intelectual es la persona que piensa por sí sola, comunica sus ideas, las comparte y debate con la comunidad hasta convertirse en referencia o líder de opinión. El intelectual propone o defiende propuestas culturales, científicas o políticas. El intelectual es la persona que se dedica a pensar, a crear con el pensamiento, no a repetir como lora lo que otros piensan, sin más. Posudos charlatanes.
Los  seudo-intelectuales que me ha tocado ver, escuchar y padecer, seguro no han leído Rayuela para sentir vergüenza de sus verborreas ridículas. Los que me ha tocado padecer -les decía-, se creen intelectuales porque saben decir alguna palabreja con acento francés, o recitar un poema escolar… y por demás, son capaces de ridiculizar a sus colegas con chismes y chistes burlescos, que desmeritan más  a quien los dice, que de quien se dice.
Al mismo Cortázar le sorprendió que el público aceptara Rayuela como una novela. Esta obra es un exhibicionismo de cultura general que abarca música, arquitectura, literatura, pintura, religión, idiomas y otras muchas cosas para medirle el pulso a los sabiondos. Por más sabio que sea, un lector de Rayuela tiene que mirar “el diccionario para leer Rayuela”, publicado por el Instituto Cervantes en la web, o tener una edición con anotaciones y comentarios al margen, como la de  Andrés Amorós.  Debió reírse mucho Cortázar al ver como seudo-intelectuales hacían tesis y daban cátedra sobre “esta novela”…  que era una anti-novela y que el autor con humor negro pone de manifiesto contra la estupidez de seudo-intelectuales. Pero no, su estupidez y vanidad, no les deja ver su cara de ridículos en el espejo.