lunes, 29 de julio de 2013

Crepúsculo, grupúsculo y otros demonios

Por Anuar Saad

Grupúsculo: Dícese de una organización de tipo político formada por un reducido número de miembros y caracterizada por un fuerte activismo y una ideología extremista.

Crepúsculo:  Se conoce como crepúsculo a la claridad que comienza a vislumbrarse desde el inicio del amanecer hasta la salida del Sol y desde que éste se pone hasta que cae la noche.

Como se puede deducir de las definiciones extraídas de la Real Academia de la Lengua, ambas palabras, aunque suenan muy parecido, tienen significados totalmente diferentes. Más allá de lo obvio –que una es un grupo de personas y la otra el efecto de la luz solar—podemos empezar a hacer acepciones más simbólicas sobre ambas situaciones.
Es natural que en toda empresa, sea privada o pública –incluyendo a las que tienen en sus funciones el manejo del destino de los ciudadanos-- se creen distintos grupos de trabajo ya sea por colegaje, o por afinidad personal. Hasta aquí, no hay señales para alarmarse. Los grupos son claramente identificados y, por lo general, terminan teniendo una buena interacción con los otros, a pesar de las diferencias o roces naturales que pueden presentarse entre los seres humanos por aquello de nuestros “bajos instintos”: celos, animadversión, envidia o desconfianza.
Igualmente, en las empresas sólidas, el ambiente de trabajo está determinado por la claridad y la transparencia. Transparencia en la toma de decisiones, por ejemplo, y en el reconocimiento de méritos –de manera objetiva dejando fuera amiguismos y prebendas—y claridad en el liderazgo de reuniones de trabajo donde debería haber un cordial ambiente de camaradería y unión en torno a una causa común: sacar adelante la familia, la empresa, la ciudad, o los objetivos comunes emprendidos.
Pero muchas veces el logro de esos “objetivos comunes” terminan frustrados porque, en el proceso de construcción de consenso para emprender rutas y agendas de trabajo, o en la delegación de funciones, o el reconocimiento de capacidades individuales y grupales, o en la formulación de críticas de manera constructiva y en el ejercicio ético del uso del poder, no se ha actuado con la ecuanimidad y transparencia necesaria haciendo que, por culpa del compromiso ya existente con “los grupúsculos”, el colectivo pueda verse peligrosamente agrietado. Esto sucede muy a menudo, por poner un ejemplo,  en los procesos políticos en los que se ven con claridad la existencia de grupos de presión que buscan que, aquellos a quien apoyaron y hoy ostentan el poder, de alguna manera les retribuyan dicha “lealtad”, así sea pasando por encima de los demás.
Por ello, las empresas de toda índole deben dejar de lado los grupúsculos y remplazarlos por grupos profesionales de trabajo comprometidos con la calidad, el profesionalismo y pensando siempre en el bien común. Dejemos de una vez por todas que la claridad tonificante del crepúsculo, entre por nuestras ventanas arrasando con prácticas que todavía siguen arraigadas y que cohonestan con los amiguismos y prebendas indebidas, la “sociedad del mutuo elogio”, el favoritismo discriminante y la persecución sin justa causa.

Todos y cada uno de nosotros somos piezas clave en la construcción de una nueva y mejor sociedad. Por ello, la unión y la solidaridad, son valores que debemos rescatar para poder empujar, entre todos, el barco hacia el mismo lado: el lado del éxito.

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