miércoles, 10 de julio de 2013

Barranquilla sin tiendas/ Columna Diario ADN

La protesta de hace una semana, cambió la fisonomía de la ciudad que sigue acechada por la extorsión y la inseguridad.
TiendasEse jueves parecía como cualquier otro. La señora de la casa, bien acababa de despertarse, cuando mandó a Ramona, su empleada, a que fuera a la tienda a traer como un rayo todo lo del desayuno.
Y después de dictarle la larga lista, le recitó la infaltable frase final: “Le dices al señor Antonio que me apunte el pedido, que se lo pago a fin de mes”.

Pero ese jueves Ramona no pudo traer lo del desayuno. Y no porque don Antonio se haya negado a seguir anotando en su ‘credimarlboro’ lo que la señora había pedido. Fue porque ese jueves la tienda del cachaco de la esquina y todas las de Barranquilla, Soledad y Malambo bajaron sus esteras y cerraron sus puertas hasta el día siguiente.

El paro de tenderos marcó un hito en las protestas pacíficas en esta ciudad, donde las manifestaciones casi siempre terminan con desmanes o se vuelven un pretexto para tomar ron.

Una marcha donde se rechazó la extorsión de la que estos y otros comerciantes de la ciudad son víctimas, complementó la jornada como medida de presión para que las autoridades pasen rápidamente del dicho al hecho.
Si bien la promesa del Gobierno Nacional es priorizar la lucha contra la extorsión y la delincuencia en el Departamento, lo cierto es que la toma de medidas debe ser urgente.

Por eso, ese jueves, los tenderos se hicieron sentir de la manera más notoria: dejaron a la ciudad sin donde poder tomarse una Coca Cola, pedir tres cervezas, comprar una Aspirina o fiar lo del diario.

Y el hecho dejó claro la importancia del tendero en una ciudad acostumbrada a comprar al menudeo. Porque ese jueves 4 de julio será recordado por siempre como “el día en que Barranquilla se quedó sin tiendas”.

Por Anuar Saad/ Columna Diario ADN

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