viernes, 19 de abril de 2013

Redes sociales: la opinión que no se puede comprar



POR: ANUAR SAAD
 
Cuando con timidez se hablaba de un  periodismo 2.0 y, más aún, el despunte del 3.0, muchos periodistas y comunicadores se preguntaban cómo carajo se comía eso. Poco después la práctica dio la enseñanza: el lector, el oyente o el televidente, ya no se sometía a la dictadura de los medios o a una agenda informativa impuesta, sino que, además de retroalimentar la información expresando su agrado o desagrado con la misma, empezó a ser capaz de generar contenidos. Es decir, el periodismo ya no es un ejercicio exclusivo de los periodistas sino también de aquellos ciudadanos que, con un buen dispositivo móvil (si tiene la suerte de que no lo maten para robárselo) pueden alimentar un medio.

Esta evidente evolución del periodismo en la que se destaca una generación de receptores (que ya no son solo eso) dinámicos y capaces de retroalimentar y generar información ha dado origen a un fenómeno que tiene contra las cuerdas a muchos funcionarios públicos, alcaldes, gobernadores, congresistas, aspirantes a la presidencia, expresidentes e, inclusive, al propio Presidente: las redes sociales expresan la opinión verdadera del sentir ciudadano, muchas veces alejada de la opinión maniatada de una prensa tibia que, por temor o conveniencia política y económica, prefiere callar o, peor, alabar decisiones incorrectas.

Este peligroso bumerang de los trinos y los estados en Twitter y Facebook, están haciendo mella en el prestigio (o lo que les queda de él) de muchos dirigentes que fueron elegidos para una cosa…y están haciendo otra muy alejada del beneficio colectivo. Ya no hay más ciudadanos amordazados y maniatados expuestos a la politiquería sin esperanza de réplica. No. Hoy los ciudadanos pueden unirse en torno, incluso, a causas más allá de sus fronteras –como el reciente caso de las elecciones venezolanas—para protestar por un supuesto fraude electoral o, en su defecto, para apoyar la causa bolivariana. Y es un bumerang, porque el excesivo uso de la herramienta, puede fatigar al ciudadano o enervar ánimos, como el caso de los reiterados y malintencionados   tuiteos de Alvaro Uribe Vélez que, además, se han tornado peligrosos porque filtran información confidencial.

Técnicos de fútbol, futbolistas, políticos, presentadores de televisión, artistas, funcionarios públicos, en fin, nadie está hoy exento de ser “expuesto” en el pabellón público de los retwitts o el “compartir estados” que dejan ver, a las claras, la preferencia o rechazo de los ciudadanos del común hacia un tema o personaje determinado. La oposición del Congreso al matrimonio gay, es un ejemplo de ello: en su mayoría, los colombianos apoyan en las redes esta unión y cuestionan al Congreso por no atender el llamado.

En Barranquilla las redes sociales han sido el verdugo de la Alcaldesa siendo capaz de traspasar la coraza que la prensa ha tendido alrededor de ella. Los barranquilleros saben que, a pesar de cifras que hablan de un despegue de la ciudad, este supuesto despertar no se debe, en ningún caso, a las políticas de la Alcaldesa, sino que han sido consecuencias lógicas de la globalización y el Libre Comercio que encuentra a Barranquilla en inmejorable postura geográfica. Y si le queda alguna duda de lo que los barranquilleros opinan de su mandataria, ahí están los tuits y los estados de Facebook sobre su cobro de valorización II y su fiestecita privada del bicentenario –solo por poner dos ejemplos—en los que el rechazo ha sido unánime, llenado el vacío de opinión dejado por la prensa más representativa de la ciudad.

Es lo que está pasando ahora mismo con la Cámara de Comercio. Diarios como El Heraldo, por ejemplo, se mantienen distantes de la polémica y se limitan, solamente, a transmitir las noticias sobre hechos consumados…pero con ausencia de análisis propio, generación de opinión o, por lo menos, arrestos para hacer una apuesta por un grupo o una crítica fundamentada contra otro, como el caso del repudiado “cartel del suero”. Lo que ellos no dicen, ahora, gracias a las redes sociales, los lectores, oyentes o televidentes, pueden denunciarlo.

Nunca antes ha sido tan fácil trabajar sobre la agenda setting. Nunca antes un Editor y su equipo de trabajo podrían tener tanta certeza sobre lo que la gente quiere leer u oír: en las redes sociales está el sentir de los ciudadanos. Su problemática. Sus odios. Sus preocupaciones y también sus alegrías. No más de una prensa ciega, sorda y muda. Los trinos siguen allí, reclamando ser atendidos por aquellos que tienen el deber sagrado de informar con eficacia pero sobre todo, con alto sentido ético, anteponiendo siempre el bien común.

¿Se entendió o habrá que lanzar un tuit? 

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