martes, 19 de marzo de 2013

The Harlem Shake y otros demonios


 POR ANUAR SAAD S.
El 30 de enero de este año un video con connotaciones del gag de comedia, de poca duración, rústico y sin pretensiones estéticas, revolucionó las redes sociales. Unas semanas más tarde, un grupo de cinco jóvenes australianos autodenominados como 'The Sunny Coast Skate' crearon el vídeo, The Harlem Shake que hizo colapsar a Youtube. http://www.youtube.com/watch?v=384IUU43bfQ

Como ya todos saben, el baile tiene unas particularidades que lo hacen único: un bailarín abre el ruedo cubriendo su rostro  y baila en solitario durante 15 segundos rodeado por un grupo de personas que, aparentemente, no les presta atención. Segundos después, todos se integran al baile con insinuantes movimientos de cadera bajo la instrumentación electrónica, portando objetos extravagantes y vistiendo atuendos estrafalarios, unos, y poca ropa, otros.

Según Wikypedia, “…el fenómeno se ha extendido debido al gran número de gente imitando y publicando vídeos similares.  En los primeros nueve días del fenómeno más de 11,000 versiones del meme fueron subidas a YouTube, obteniendo más de 44 millones de visionados, con una media de 4000 nuevas variantes por día más o menos. Para esa época –hace pocas semanas—hasta el logo y el pantallazo completo del portal de videos, prácticamente “bailaba” al ritmo del Harlem Shake: un fenómeno revolucionario a partir de su simplicidad.

Y Colombia no fue la excepción: el Harlem Shake se apoderó de los jóvenes quienes improvisan puestas en escena que comparten entre el grupo de amistades, todos, con los ingredientes comunes: uno que baila en solitario, enmascarado, otros indiferentes y, después, el despelote total de un baile furioso y desordenado.
 Pero en el  Colegio Cristiano El Salvador de Barranquilla, el Harlem Shake no le hizo gracia alguna a sus directivas. Los jóvenes estudiantes –todos de último grado-- divulgaron a través de las redes sociales su versión criolla del Harlem Shake http://www.youtube.com/watch?feature=player_embedded&v=x7dfoecB6-E guardando las características similares a los videos originales. 

Como consecuencia de compartir con el  infinito público de las redes sociales en el ciberespacio sus altas dotes de histrionismo y garbo musical, los estudiantes fueron suspendidos por las directivas de ese plantel educativo que fueron enérgicos al considerar el hecho como “una violación a los manuales de convivencia”  sin tener en cuenta de que los once alumnos que participaron en la “producción”, lo hicieron en una hora libre de clases, eso sí, utilizando uno de los salones para tal efecto.

El caso ha despertado una fuerte polémica en el sector educativo y entre los mismos padres de familia. Muchos de los acudientes de los protagonistas del video, sostienen que la sanción impuesta a sus hijos  es claramente violatoria del derecho fundamental al libre desarrollo de la personalidad. Ya el secretario de Educación del Distrito prometió indagar para ver si la sanción se contempla entre  lo que establece el Manual de Convivencia. La pregunta que ronda en la cabeza de muchos barranquilleros es que si el baile que ejecutaran los once muchachos fuera menos sensual y agresivo ¿ellos serían sancionados?  Acaso –pregunto yo—toda interpretación musical –canto o baile-- ¿no es un arte? Hace recordar este episodio cuando, por allá a finales de la década de los 90, un conservador colegio católico de señoritas prohibió que en su claustro las “niñas bien” bailaran u oyeran la música “champeta”. Música que, al final, terminó entrando hasta en los más exclusivos clubes y salones sociales de Cartagena, ciudad donde el racismo y el clasismo son de los más marcados del país. Hasta en los matrimonios de hijos de políticos terminaban bailando champeta.

En definitiva, es inútil ir contra las tendencias mundiales si estas, a la larga, no le hacen daño a nadie. El baile, por muy extravagante que sea, lleva el arte inherente a él y este, en particular, tiene una gran connotación cómica, donde el “gag” hace presencia y la mezcla, humor y baile, en un país cercado por tragedias, corrupción, violencia y pobreza, no deja de ser un bálsamo.

La flexibilidad, también es una cualidad de la educación. Y prohibir un baile, más que una medida ridícula y “ñoña”, es devolvernos a la inquisición, época en que los conquistadores españoles prohibían a los negros africanos ejecutar el tambor o cualquier instrumento que emitiera música. Pero aun así, fracasaron en su intento. Lo único que los conquistadores no pudieron quitarle a los esclavos africanos fue su voz. Suficiente, para que ellos, a partir de ahí, crearan casi todos los ritmos musicales que hoy conocemos.

Usted qué prefiere amigo lector: ¿un grupo de jóvenes creando sketches que tienen como fondo una temática cómica, sensualidad  y baile…o el mismo grupo de jóvenes uniéndose a una pandilla? Entonces qué esperas: ¡ponte la máscara!

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