viernes, 5 de octubre de 2012

La próstata de Santos y otros demonios



POR: ANUAR SAAD

Nunca antes un Presidente de la República, en toda la historia de Colombia, ha hecho una contribución tan efectiva a la salud de los colombianos. La próstata de Santos, órgano responsable de las meteóricas jornadas de salud a la que se han sometido los colombianos, ha sido y es, la protagonista de las primeras páginas en los periódicos y los portales noticiosos en la última semana.
“Por hacerme los chequeos regulares, cada seis meses, pude detectar a tiempo la enfermedad”, fue la frase del  Presidente que empezó a disparar las visitas de los colombianos (porque las colombianas no tienen eso) al urólogo. Y las primeras páginas  también se llenaron (¡Oh bendito país del Sagrado corazón!) de publicidad de clínicas, laboratorios, urólogos y hasta curanderos, que ofrecían sus servicios para evitar caer en la penosa enfermedad presidencial.
El impacto fue tan grande que medio día después de hacerse pública la noticia, noté que mi esposa y mis hijas me miraban algo extraño.
-Ajá… ¿y tú ya?- preguntó mi mujer.
-Yo ya de qué- le respondí sin entender
-La próstata- me dijo ella mientras que mis hijas, como momias, se paraban firme al lado de ella.
-¿Mi suegro está enfermo de la próstata? –pregunté inocente
-No bruto- me dijo ella siempre cariñosa. – Que si ya te hiciste el examen. Mira que Santos dijo….- Y me empezó a repetir el sonsonete que Santos había dicho sobre la prevención de la enfermedad.  Como yo, miles de colombianos han acudido en masa al urólogo con el temor manifiesto de que su próstata tenga algo que no debe estar allí, mientras que “laboratorios naturistas”, ex-prostáticos confesos, y hasta modelos, inundaron los comerciales de televisión incentivando el bendito examen. No sé cuántos de éstos pudieron salir nefastamente positivos, pero lo que sí sé, es que las arcas de laboratorios, medicinas naturales y urólogos se han llenado por cuenta de la próstata de Santos.
Pero la casualidad suele jugar en Colombia malas pasadas. El país no se había repuesto de la isquemia cerebral del Vice-Presidente Garzón, cuando el Presidente Santos revela su enfermedad y enseguida empieza la especulación sobre qué pasaría, en el hipotético caso (toquemos madera) de que el cáncer hiciera de las suyas den el cuerpo del Presidente. ¿Garzón podría asumir a pesar de sus evidentes limitaciones físicas? Este interrogante originó que un grupo de Senadores encabezaran una campaña para condicionar la permanencia del Vice a lo que revelara el dictamen de una junta médica que lo evaluaría.
Garzón, con dignidad, se opuso enérgicamente a la medida y, en su entrecortado hablar, alcanzamos a entender que eso “no sería bueno para la democracia”, mientras que, casi simultáneamente, Santos se asomaba, cual Alberto Lleras, desde  el balcón de su habitación, ya sin su próstata, para dar parte de victoria. A algunos les ha llamado la atención que los estudios del antígeno prostático se hayan multiplicado, pero nadie la para bolas a comer en exceso chinchurria, chicharroncito, caribañolas y empanadas, que servirían para prevenir accidentes cardiovasculares. ¿Por qué desde la Vicepresidencia no se inicia una campaña para “comer sano”?
Y lo de la próstata se convirtió en una bola de nieve: políticos, expresidentes, dirigentes gremiales y hasta un entrenador de fútbol, empezaron a regalar entrevistas, muy sonrientes ellos, para certificar que ellos también tuvieron y superaron el cáncer prostático. Solidaridad o protagonismo, la medida pareció funcionar, porque en estos momentos me apuro a terminar la columna ante la llamada puntual de la secretaria del Doctor Pérez, urólogo, para confirmar mi cita, justo a las 4 con él. Y usted que se está riendo… ¿ya se hizo el examen?

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