martes, 25 de septiembre de 2012


La guerra de las estrellas

Una aproximación a la polémica ética sobre la "devolución de las estrellas" propuesta por equipos de fútbol permeados por el narcotráfico.

POR ANUAR SAAD

En un país como el nuestro que hace de las tragedias una fiesta y que ha demostrado tener mala memoria, el anuncio de los directivos de Millonarios en que pone sobre el tapete la posibilidad de “devolver” las estrellas ganadas en 1988 y 1989 cuando Gonzalo Rodríguez Gacha, “El Mexicano”, tenía asiento y poder en las entrañas del club embajador, ha desatado una marejada de opiniones contrarias que van, desde lo sensato y lo pasional, hasta lo trascendentalmente ridículo.
Este tardío acto de contrición (23 años después) no deja de despertar suspicacias. Por lo menos, en este redactor, sí las despierta. Más parece el interés desmedido de revivir viejas glorias de un equipo venido a menos y que ahora, revitalizado por inversores norteamericanos y por shows mediáticos que los presentan como el otrora equipo glorioso codeándose en amistosos con los grandes de Europa, están buscando la forma de borrar ese fastidioso lunar de su historia y, de paso, generar prensa positiva para que su nombre vuelva a sonar después de 23 años de sepultura.
Y es que lanzar el anuncio precisamente en la víspera de llegar a Madrid para jugar un “picadito” con el Real (no el Cartagena, por supuesto) con el pretexto de rendir un homenaje a Di Stéfano, estrella del entonces reconocido “Ballet azul”, parece tener como único fin generar buena prensa a costa del narcofútbol que marcó a Colombia por más de una década. De qué carajo sirve –pregunto yo—que Millonarios devuelva las estrellas. ¿Borrará eso acaso la estela de muertes, corrupciones, testaferratos, atentados e injusticias que se vivieron bajo la sombra de El Mexicano? ¿Por qué cuando el país se estaba resarciendo del narcoterrorismo los directivos no pensaron en proponer esa “gallarda” posibilidad?
Lo peor, es que el fútbol es solamente la punta del iceberg. Más profundo encontramos jueces, políticos, empresarios, caballistas, presentadores de televisión, reinas de belleza, periodistas y hasta la iglesia, permeados por un flagelo que tocó todos los estamentos de un país que se acostumbró a vivir con miedo. ¿Devolverán acaso –como leí en un twitt hace unos momentos—la corona, la cara, las piernas, las tetas y el c… las narco - reinas premiadas bajo la complacencia de Doña Tera y sus sucesores en el aberrante reinado de Cartagena?
Ahora directivos del club América de Cali, salen a apoyar la iniciativa como si el daño causado a la sociedad, a la imagen de Colombia en el exterior, al deporte mismo y a los aficionados, se pudiera borrar con, precisamente, desaparecer de los escudos las narco-estrellas ganadas. En el caso del América, la situación sería más compleja: casi todas estuvieron manchadas por la mano larga del narcotráfico. Y hasta ahí, lo que se sabe. Ahora imagínense de los clubes que aún no se sabe nada.
Desaparecer las estrellas, no resucitará a los árbitros asesinados. No reversará los chantajes, las amenazas, el falso desarrollo a costa de dineros de la droga y mucho menos el dolor de hombres y mujeres que perdieron, en ese rife y rafe demencial, a sus seres queridos. No se puede, señores de Millonarios, hacer un barato truco de magia, soplar el puño y voilà”, construir de la nada un club más limpio que la nalguita del niño dios.
La lección que nos debió dejar un país sometido por el poder del narcotráfico, es que, parafraseando a García Márquez, siempre hay una nueva oportunidad sobre la tierra y que, efectivamente, sí se puede cambiar. Con hechos, actitudes y dignidad. Pero sin necesidad de llevar los actos de arrepentimiento a un tinglado más propio de la pornomiseria de un reality show. Los directivos, los jugadores y también los seguidores, sabrán en el fondo qué fue lo           que se ganó en franca lid y qué no. Porque como bien dijeron ex futbolistas de Millonarios de esa época… “es absurdo pensar en quitar las estrellas, porque sería desconocernos a nosotros como profesionales del fútbol”. Y por otro lado, la desvergüenza de un ex entrenador, de sospechosa trayectoria ética, quien en El Tiempo, afirma que es una “infamia” el devolver los títulos… en los que para bien y también para mal, él tuvo mucho que ver. Que se queden las estrellas, como recuerdo imborrable de la narco-corrupción, la indignidad y la desvergüenza. Y desde ahí, empecemos a crecer.

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