jueves, 27 de septiembre de 2012

La “agro-novela” de Valerie Domínguez



POR ANUAR SAAD
Cuando se conoció la declaración –hace ya varios meses— de la hermosa actriz y empresaria barranquillera Valerie Domínguez en que sostenía que había “firmado por amor” unos papeles que “ni siquiera había leído”, entendí que esto podría ser uno de esos casos en que el rol que interpreta un actor en un filme o una telenovela, termina absorbiendo su verdadera personalidad. O sea, sería un caso parecido al hombre que después de disfrazarse de Drácula por más de veinte años en el Carnaval de Barranquilla, terminó creyendo que él era, en efecto, el legendario vampiro y durmiendo en un ataúd. Es decir, aceptar que Valerie había firmado sin leer unos “papelitos” en que solicitaba un préstamo por la bicoca de 360 millones de pesos sin “saber ni para qué eran”, deja de manifiesto una de estas dos cosas: o se tomó en serio aquello que “los caballeros las prefieren brutas” (y bien brutas en este caso) o que con su encanto actoral está tratando de meternos gato por liebre.
La Fiscalía, que no se traga entero el cuento chueco de la reina, afirmó que "…era evidente que ella no reunía los requisitos para obtener el subsidio, ella era una reina, una actriz, una diseñadora de joyas, es claro que ella no es una productora agrícola”. Y también es claro para los ciudadanos –así apreciemos a Valerie como una reina inolvidable y actriz talentosa que además es barranquillera—que muchas cosas de la versión de la ex reina no cuajan. ¿En qué cabeza cabe que una mujer políglota, estudiada, de buena cuna, con familiares avezados en el mundo del comercio y de las empresas no sabía que los créditos del AIS eran solo y únicamente para el agro? ¿Quién puede entender que una mujer exitosa, que no necesita un hombre al lado para surgir, y mucho menos su dinero, se haya quedado callada soportando –según ella—más de dos años de agresiones físicas y verbales en su contra por parte de su novio Juan Dávila? Si este último interrogante resulta ser cierto, lo será también que, en efecto, Valerie sigue metida en su papel protagónico de mujer maltratada por su marido, sumisa y entregada por miedo a sus represalias. Es decir, sería una de las brutas, pero ya no de televisión sino de “verdad verdad”, esas mismas que son capaces de aguantar que el marido o novio les pegue, las insulte y las atormente, sin jamás denunciarlo.
Ahora ella esgrime como causales de su infortunada decisión de solicitar el controversial auxilio, la intimidación a que supuestamente era sometida. Su ex pareja niega con vehemencia esta versión y, en cambio, asevera que quien lo maltrataba era ella. ¡Qué bonita pareja!
Lo denigrante de este asunto es que el novelón lo están llevando a los estrados donde los insultos van y vienen sin descanso. Ella, en su pose de víctima engañada y él, en su papel de novio dolido y traicionado con el agravante que, para su desgracia, su apellido no lo ayuda mucho para salir airoso de escándalos de corrupción. Muchos consideran que el arrepentimiento de Valerie se dio solo en el momento en que el escándalo era de conocimiento público. O sea, cuando cualquier persona en el país, incluyendo “a las brutas”, sabían que un caso enorme de corrupción se cocinaba con los auxilios del AIS. Y aunque ella no probó de ese pastel, porque devolvió la suma, obviamente tiene culpabilidad porque su caso no es de los tipificados para esta clase de subsidios.
Llevar a la corte los trapos sucios de su tormentosa relación amorosa, no benefician en nada a la ex reina y mucho menos pavonearse bajo el pretexto de las golpizas que su novio le propinaba. Por el contrario, lo que queda en claro --si es que está diciendo la verdad—es que de ahora en adelante los caballeros las preferirán doblemente brutas: buscarán a esas que  no denuncien las golpizas y maltratos y preferirán a políglotas iletradas que sigan creyendo que 360 millones los puede poner  el Niño Dios en Navidad. Mientras tanto, en el estrado, Valerie seguirá tratando de representar el mejor papel de su vida… que ojalá no sea el último.

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