miércoles, 25 de julio de 2012

El reality o el poder de la pornomiseria


POR: ANUAR SAAD

Las notificaciones en la bandeja de mi facebook y los trinos en twitter  se han vuelto monotemáticos. Todas giran en torno a la “indignación” costeña por el trato que las grandes cadenas de televisión colombianas le han dado supuestamente a la región Caribe. “Tramposos”, “sinvergüenzas”, “deshonestos”, “faltos de valores” y seguramente hasta “costeños ¡?&%$#%” nos habrán dicho.
Lo que el grueso del público parece no saber, es que estos programas, mal llamados “realities”, trabajan con base a una ecuación que siempre les ha dado resultado: la explotación baja –entre más mejor—de la pornomiseria. Este término, ya para nada nuevo en los estudios de comunicación, ha sido suficientemente explicado desde hace más de trece años por Carlos Monsiváis y Omar Rincón, entre otros.    
Monsiváis, en uno de sus escritos plantea  que “el control remoto es el inicio y el fin de la democratización”; el afán (a veces enfermizo) de salir en la televisión, supera todas las razones por las que un participante es expuesto ante la audiencia como una oveja ante una jauría de lobos hambrientos. Entonces nos preguntamos estúpidamente si el conductor del reality expone a los entrevistados porque esta actitud va a generar solidaridad; porque está contribuyendo a subsanar una problemática social, o porque el determinante rating empieza a marcar más puntos.
En twitter y facebook, la reacción de los iracundos televidentes costeños no se hizo esperar por la trifulca ridícula de Elianis, la costeña neurótica, y Óscar, un homosexual confeso, que maneja un libreto aprendido. Igualmente, por la “encerrona” que muchos de los incautos televidentes creen que le hicieron al equipo de los costeños en El desafío, olvidándose de que todo lo que se haga dentro de estos circenses escenarios, está premeditado y concebido con el fin único de arrastrar más sintonía, así sea, exponiendo todas las miserias de los protagonistas.
Sea premeditado, como un fiel televidente de El Desafío explica, “los costeños no podían llegar completos a la fusión, por ello les tendieron una celada”; o como uno, de peor gusto, seguidor de Protagonistas, analiza “…a Óscar lo vuelven a llevar al estudio solamente con el fin de armar la discordia y hacer que todos pierdan la calma”,  no cabe duda de que el objetivo es crear antivalores y fomentar la inquina, la traición, la deslealtad, la intolerancia y el regionalismo como estrategias que siguen –y seguirán—utilizando estos cavernícolas programas mientras que nosotros, los mansos televidentes, atrapados por la “caja idiota”, seguimos hipnotizados viendo lo que nos ofrecen sin beneficio de inventario sin siquiera hacer uso del poder que tenemos: tomar el control y cambiar de canal o apagar la tele.
En un  país en que asesinan a un niño de 12 años por robarle su bicicleta; donde la presidenta del Congreso es enviadas a prisión por nexos con paramilitares; donde los crímenes se están tapando con base al poder económico de familias llenas de influencias; donde ancianos mueren mientras esperan ser atendidos en clínicas y puestos de salud y donde la seguridad, la honestidad y el respeto son valores perdidos,  seguimos bajo el embrujo inexplicable de basura televisiva presentada por conductores que, como si fueran santos, doctrinan sobre la moral, los valores y la honestidad, ridiculizando y exponiendo a determinados participantes.
Así que en vez de seguir quejándose sobre la supuesta “rosca cachaca”, la “injusticia contra los costeños” o sobre “el bien y el mal” en estos realities, utilice su sentido común y haga un ejercicio sabio: cambie de canal.

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