jueves, 17 de mayo de 2012

El Senador y el General


Cómo un “padre de la patria” burla a la autoridad, con la benevolencia del Comandante de la Policía.

POR: ANUAR SAAD


Aparte de  irresponsable, violador de las normas vigentes  e intimidador de los agentes de la Ley, el Senador Merlano tiene otro grave defecto, para mí, mucho más relevante que los anteriores ya que esa debilidad lo puede a llevar a cometer errores crasos en materia de contratación legislativa: el senador no sabe sumar.

A esa conclusión pude llegar después que el “alegrón” Senador gritara a los cuatro vientos que cómo iban a detenerlo a él; a pedirle papeles a él, a hacerle (horror de los horrores) prueba de alcoholemia a él, un padre de la patria que salió electo con “cincuenta mil votos”. Lamento decirle, estimado congresista Merlano, que según la Registraduría Nacional fue elegido con 37.195 votos. O sea, senador, que, o su suma es deficiente, o tiene embolatados 12.805 votos, cantidad más que suficiente para elegir a dos concejales en Barranquilla.

Pero la indignación en Barranquilla, la Costa Caribe y el país fue mayor cuando escucharon las declaraciones tan campantes del General Oscar Pérez, Comandante de la Policía, al salir en defensa del político. “No es obligatoria la alcoholemia y los agentes a puro ojo, determinaron que el Senador estaba en buenas condiciones para manejar, por eso lo dejaron ir”, dijo el alto oficial haciendo gala, una vez más de las dotes histriónicas con las que ya es reconocido en los medios. 

Hace unos meses calificó despóticamente --más de 10 veces en 50 segundos-- a John Viáfara, en ese entonces jugador del Junior, como un “borracho irresponsable”, en medio del show mediático que a este comandante parece fascinarle. Viáfara que sorprendido en las mismas condiciones que Merlano, pero, contrario a éste, se dejó realizar las pruebas, inmovilizar el vehículo y poner el parte, sin oponer resistencia. Viáfara no tenía ni padrinos políticos, ni mucho menos era amigo de un oficial con mayor rango, quien pudiera persuadir a Pérez de hacerse “el de la vista gorda”.

Para su información, señor General, el Secretario de Movilidad Distrital, Jaime Pumarejo, en una rueda de prensa concedida en las últimas horas,  reafirmó la inexistencia en el sistema de una licencia de conducción a nombre del senador Eduardo Carlos Merlano. Es decir, que este Senador tiene curul, pero no licencia de conducción vigente, por lo menos, el día del incidente.  En el sistema RUNT aparecen tres negativas del Instituto Municipal de Tránsito y Transporte de Corozal, fechada la última el 4 de mayo. Es la solicitud número 25018742. O sea, que a este primor de político, dicharachero y parrandón, por algún motivo –que no demorará en develarse—se le negó repetidamente la licencia de conducir. Si no está facultado para conducir un vehículo… ¿lo estará para tomar el timón en materia de legislación en el país?

Qué grave, General, que usted ponga en la mira a dos patrulleros, que cumplían con su deber, que decentemente requirieron al Senador (está en todos los videos en la web) a pesar de que este honorable padre de la patria los ofendía en forma reiterada y, veladamente, les dejaba ver que iba a “proceder” contra ellos. Pero para Usted, mi General, estos agentes solo son dos “patrulleritos” y el que pudo hablarle a usted al oído para que Merlano se fuera con su guayabo y sin licencia de conducir a otra parte, de seguro representa un favor político…

El caso “del Senador y el General”, como lo ha bautizado el pueblo, ha tomado una inusitada importancia nacional. En la mira, aparte del Senador, está el Comandante de la Policía Metropolitana, el mismo que, fabricando un articulado entramado policial, desmanteló “una peligrosa banda” que robaba abanicos en una escuelita del sur de la ciudad. Los desatinos del General son tan evidentes como el del Senador, a causa, entre otras cosas, del afán de protagonismo, y la pérdida de la humildad en ambos casos. De qué sirve entonces, vociferar que los supuestos  50 mil votos que obtuvo, si en el Congreso es más mudo que una tapia, y que la única relevancia nacional desde su elección, es, precisamente, este escándalo.

Al Senador debo decirle que tiene que poner el ejemplo; al General, otra vez repetirle, que en boca cerrada no entran moscas; y a los electores, que cuando vayan a dar su voto por algún político parroquial, se percaten que, por lo menos, el candidato sepa que 50 no es igual a 37. A no ser que el General mande a decir, que las cifras son irrelevantes.

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