lunes, 16 de abril de 2012

Teófilo Gutiérrez: del cielo al infierno


*Cómo un ídolo insiste en caer hasta tocar el abismo.

POR: ANUAR SAAD S.

Del Teófilo humilde, sencillo, rendidor y solidario que conocimos en Junior, no queda ni la sombra. Del jugador barranquillero que asombró por su fútbol y goles a su llegada al Racing de Avellaneda, solo queda una mediocre caricatura. De su fama de cañonero preciso y letal, hoy le queda un triste apodo: “bang bang Gutiérrez”.
Lo del sábado fue la gota que rebosó el vaso. Todo ese cúmulo de salidas en falso en las que se peleó con sus compañeros, escupió a los árbitros, ridiculizó a entrenadores, faltó el respeto a hinchadas de otros equipos y menospreciaba a sus compañeros, quedó opacada por esta metida de guayo descomunal. Otra vez se hizo expulsar, otra vez dejó a su equipo medio tiempo con un jugador menos, y otra vez fue causal para que su equipo saliera derrotado, ahora, ante su archirrival, el Independiente de Avellaneda. Pero además de su comportamiento antideportivo dentro del terreno de juego, se lio a trompadas con el capitán de su club, el arquero Saja, quien con razón le increpó ante su irresponsabilidad. Gritos, insultos y trompadas, agravadas por el intento de intimidar, con una pistola de balines, a aquellos que lo estaban recriminando.
¿Qué pasó con Teófilo? ¿A qué se debe esta actitud maníaca de autodestrucción y neurosis plagada de bajos instintos? Sin duda, podría uno decir, que sus inicios en La Chinita, barrió en el que creció, se crio y se hizo hombre --con todas las dificultades que esto representa—lo dejaron marcado y no supo asimilar el éxito, la fama y la fortuna. ¿Pero… por qué otros sí? Por qué Leonel, cuya historia en una comuna de Medellín es casi idéntica a la de Teo; Muriel, de una vida de lucha y necesidades; sólo por nombrar dos, han sabido triunfar manteniendo un comportamiento ejemplar dentro y fuera de las canchas.
Teófilo va en camino de convertirse en uno de esos ídolos efímeros que les tocará vivir de los recuerdos y de las añoranzas de lo que pudieron ser y no fue. ¿Qué equipo en sus cabales contrataría a alguien con estos oscuros antecedentes? Con lo del sábado, le dijo adiós a una convocatoria a la Selección Colombia, aunque en lo personal, creo que a él esto no le importa mucho. Le dijo adiós a un jugoso contrato en Europa y de seguir así, le tendrá, con el tiempo, que ir diciendo adiós a sus carros de lujos, sus casas de película y a sus ínfulas de magnate, esa misma que lo hace mirar a todos y a todo por encima del hombro.
Lo más contradictorio de la situación, es que se ufanó siempre de su confeso cristianismo y sus citas bíblicas –que por supuesto ya nadie cree- y que contrastan terriblemente con su comportamiento de mal fariseo. Teófilo Gutiérrez es hoy el vivo ejemplo claro del fracaso. De cómo al no ser íntegramente una persona, derrumba sus sueños como deportista. Él no ha superado su ciclo de penurias en el barrio humilde donde nació. Es un hombre que arrastra la  peor de las pobrezas: la pobreza interior.
Hoy el ídolo ha caído. Ese mismo que hacía mover las rotativas en las que las primeras páginas se imprimían con elogios a su nombre. Cayó el ídolo de niños, jóvenes y adultos que sentimos, con un profundo dolor, como este deportista sigue en su alocada carrera para ir del cielo al infierno.
No dudamos de su excelente condición futbolística. Pero el fútbol, como cualquier otra profesión, depende del comportamiento humano. Ya Kapussinsky lo había dicho con respecto al periodismo: “Para ser un buen periodista, primero hay que ser buena persona”. En el caso de Teo, y del fútbol, la tarea está inconclusa: aprendió a meter goles en los arcos; a driblar rivales; y hacer pases de antología. Pero nadie le enseñó a ser una buena persona.
Todavía tiene tiempo, a pesar de todo, para recomenzar. Para expiar sus culpas –de verdad verdad y no con sermones bíblicos que quedan en letra muerta- y poder así, encontrar una nueva oportunidad… que sin duda, puede ser la última.

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