miércoles, 11 de abril de 2012

El General y los abanicos: tragicomedia de un "robo"

POR ANUAR SAAD S.

Después de un “sesudo” trabajo de contrainteligencia la Policía Nacional, seccional Atlántico, se ufanó de propiciar un “golpe severo” al naciente cartel de los abanicos al que, según lo dio a conocer el mismísimo Comandante de la institución, fue sorprendido con las manos en “las hélices”.

La historia comenzó cuando, justo antes de Semana Santa, la rectora del Centro de Educación 120 de la Ciudadela 20 de Julio, licenciada Celia Duran de Ortiz quien por más de 30 años ha trabajado en el sector educativo, denunció  el robo de dos ventiladores en uno de los salones de clases.

Fue entonces cuando el comando de la Policía empezó a tejer el operativo: redoblaron los patrullajes en la zona y descubrieron, con horror, que los abanicos, en su totalidad ¡habían desaparecido!

El peritaje fue instantáneo: midieron huellas de grasa en las paredes; tamaño de pisada en pisos y sócalos; rastros de colillas de cigarrillo de marca económica, para descubrir, al mejor estilo de Sherlok Holmes, que el vigilante estaba involucrado. Dicen que la escena fue esta:

POLICÍA: ¿Usted se llevó los abanicos?
VIGILANTE: (Nervioso) Sí
POLICÍA: ¿Quién dio la orden?
VIGILANTE: (Más nervioso) La señora Rectora (ENTRA IN CRESCENDO MÚSICA DE SUSPENSO)

Ahí fue cuando, ni corto ni perezoso, el Comandante de la Policía del Atlántico, General Oscar Pérez, declaró a los medios --que como abejas al panal habían acudido a cubrir la curiosa noticia-- que “…Esa señora (la rectora del colegio) iba a robarse  los ventiladores e iba después a quejarse de la inseguridad”.

Lo que el locuaz Comandante no sabía, era que la misma rectora, funcionaria con 30 años de trabajo en el Magisterio y 16 oficiando en esa institución, ya había solicitado al Secretario de Educación, José Herrera, la autorización para el desmonte de los abanicos del conflicto, para evitar, precisamente, que fueran a parar en manos de los amigos de lo ajeno como sucedió con los dos anteriores. En otras palabras, lo de los abanicos del Centro de Educación 120 de la Ciudadela 20 de Julio, pasó a conformar la lista de los “falsos positivos”.

Tal vez la irremediable atracción que siente el Comandante Pérez con los medios, y su apego a mojar primeras planas, lo llevó a declarar antes de confirmar. Lo cierto, es que su apresuramiento le puede costar a la Policía Nacional una jugosa indemnización ya que la funcionaria, con razón, anunció una demanda penal por injuria y calumnia.

Mientras tanto los protagonistas de esta historia, los ventiladores blancos como paloma fina, siguen descansando sobre la mesa de uno de los salones hasta que, con el aporte de la Secretaría de Educación, se instalen las rejas en las ventanas para darles seguridad.

Lo que sin duda agradecerían los barranquilleros es que esa misma diligencia, peritaje, vigilancia, investigación, confrontación y desdoble de seguridad para este importante caso de “abaniquicidio”, se despliegue para contener la inseguridad en la ciudad que, por desgracia, cada día es mayor. Y si cabe, un consejo: en boca cerrada no entran moscas.   

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