martes, 6 de marzo de 2012

En "Cámara ardiente"


POR: ANUAR SAAD
El escándalo de la Cámara de Comercio de Barranquilla ha tomado distintos rumbos. Es más, ya el económico dio paso al conflicto periodístico, y éste, a su vez, al de la ética y los valores.
Mientras se “desvanece” la bicoquita de afiliar a 800 microempresarios en forma altruistamente gratuita (solo a cambio de uno que otro votico para ratificar a Luis Castro) pontífices de la “verdad” periodística leen la situación como un dilema ético sobre lo que los medios están informando. Y es en este punto  donde quiero llamar la atención.
Parece que la ética no es el rasero para medir la actuación de los honorables miembros de la Cámara de Comercio –muchos de ellos perpetuados en el poder y otros, como sombras detrás del mismo—que, como todos saben, a pesar de ser un ente privado, maneja más del 60 por ciento de los dineros públicos del Distrito, teniendo injerencia directa en asuntos que nos competen a todos. Pero esa misma ética –de la que habla Jaime Abello Banfi—sí sirve entonces para “llamar a la regulación” de los mensajes que los medios emiten… cuando estos mensajes no son del agrado del comité ejecutivo de la Cámara. Entonces por qué, señor Abello, en vez de proponer un seminario sobre el manejo ético de las informaciones no propone uno –mucho más intensivo—sobre el comportamiento ético de la sociedad privada que maneja recursos públicos. Y que no vengan con el cuento que no tienen para la inscripción, porque como me diría mi vecina, “allá plata sí hay”.
Con la salida a flote de una seguidilla de correos en la que este grupo apertrechado en el ampuloso poder de la Cámara trazan su “estrategia” para dejar mal parados a los periodistas que empezaron a develar que “algo se estaba pudriendo allá adentro”, queda más que claro que no es precisamente “Ética para Amador” el libro consultivo que tienen de cabecera estos serios y prestantes ejecutivos gremiales.
Lo que muchos no alcanzan a entender es el malestar del ente gremial cuando las informaciones que redactan, por ejemplo, los periodistas de El Heraldo, les son inconvenientes. Y para subsanar eso, planean (muy éticos y respetuosos ellos de la independencia de la prensa) –según los mail revelados-- acercarse al Presidente de ese medio, a su Editor o a un supuesto columnista “influyente”, para que la información les sea favorable, sin tener en cuenta que la información es, simplemente, información: lo favorable o desfavorable se colige del hecho mismo que produce la misma. No creo que El Heraldo entre en este juego. ¿O es que acaso pretenden que la relación de Castro con Acsa, los 800 afiliados, la guerra a la prensa y la pauta amordazante con que quieren acallar a los periodistas que buscan en esa trinchera las cuñas que le llenen el estómago, quede en el libro del olvido?
Lo triste de esto, es que los que están ahora dando la pelea por defender a la Cámara de Comercio de Barranquilla, hoy en cámara ardiente, son los mismos que se han lucrado, durante lustros, de su nutrida pauta oficial. Y con el cinismo, además, de hablar de objetividad, imparcialidad y equidad, palabras que, antes de entrar a debatirlas, deberían consultarlas en un diccionario. Estaremos atentos al devenir de esta preocupante situación que, como ya se está haciendo costumbre, mezcla la corruptela privada y gremial con la actuación periodística que, por infortunio, siempre está en el ojo del huracán. ¿Pero se puede juzgar de inmorales a los periodistas cuando ellos (los del poder en la Camcomercio) están siendo cuestionados por lo mismo?
No sería de extrañar que, además de manejar la inversión pública, quieran también manejar lo que los medios dicen. Al fin y al cabo, ellos tienen la pauta.

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