martes, 2 de agosto de 2011

Un ridículo más grande que el Metropolitano

*La jornada de inauguración del Mundial Sub 20 terminó siendo un esperpento monumental en el que se “esfumaron” $6 mil millones.
POR ANUAR SAAD S.

Un amigo de esos que le saca partido a todo me afirmó al día siguiente de la inauguración del Mundial Sub 20 que “había más coreografía en el desfile espontáneo de barranquilleros rumbo a la tumba de El Joe, que en el gramado del Roberto Meléndez”. Aceptando que el amigo exageró, lo innegable es que el acto fue digno de un circo pobre.

Con $6 mil millones, la fiesta debió ser inolvidable. Pero el resultado es el producto de una reiterada cadena de errores y el primero de ellos, fue contratar a Roxana Lignarolo quien –no sé si usted lo recuerda amable lector—presentó una espantosa puesta en escena cuando Barranquilla fue la casa inaugural de la Copa América hace once años. Si por el desayuno, ya se sabe cómo va a ser la cena, ya la coreógrafa había demostrado que estos avatares le quedaban grandes.

Con seis mil millones de pesos, lo menos que debía hacerse era tener en escena, por lo menos, a 500 bailarines profesionales aunque el resto fuera de relleno. Según músicos, expertos en danzas, folcloristas y directores de escuelas de baile, en la cancha del metropolitano no había sino un puñado de profesionales entre los más de mil quinientos danzarines. Los “huecos” en el escenario daban lástima. Los espacios eran tan grandes, que se podría pensar que lo que veíamos era un entrenamiento y no la puesta en escena definitiva.

Nadie sabía cuándo debían salir; en qué momento se sincronizaban; por dónde exactamente se cruzaban, ni mucho menos si estaban o no alineados en perfecta armonía. La esencia, que era el Mundial Sub 20 se perdió y lo visto por 800 millones de personas en el mundo, parecía un desfile de carnaval que una inauguración mundialista. La alegoría al fútbol fue tan desastrosa que en mala hora se le ocurrió a estos genios de la coreografía poner a un montón de muchachos desubicados –que por lo que se vio parecía que en su vida habían jugado con un balón- dizque a hacer malabares con la esférica mientras supuestamente danzaban. Ni dominaban la bola y mucho menos bailaban. Parecía una pandilla de desadaptados que de repente se hubiera tomado por asalto un escenario público.

El desconcierto de los asistentes al estadio fue tan grande, que por un momento pensamos, que, como el célebre comercial de televisión, “estábamos en el lugar equivocado”. Lo cierto es, amigos lectores, que dimos a nuestros paisanos del interior del país una papaya tan grande, que pasarán décadas para olvidar el semejante oso que hicimos. Iván Mejía y Carlos Antonio Vélez, sólo por nombrar a dos, se han regodeado con el ridículo enorme, más enorme que el estadio, que sufrimos a nivel mundial. No me queda duda, que después de esta muestra de ineptitud, poco profesionalismo y falta total de planeación, es más factible que El Bolillo Gómez ponga de titular a Teófilo Gutiérrez que otra vez seamos sede inaugural de algo.

Pero más allá de este disparate sin sentido disfrazado de coreografía, queda en la comunidad la sensación que de los cacareados 6 mil millones de pesos que supuestamente se invirtieron, ni siquiera la mitad se vio reflejado en hechos. Las luces, por ejemplo, fueron tan mal utilizadas que no aportaban nada al desastre, por el contrario, hacía más evidente los huecos y lo arrítmico del acto. ¿Cómo y en qué se destinaron los recursos? ¿Quién asumió la contratación y subcontratación de insumos, personal, técnicos, equipos que se necesitaban? ¿Quién dio fe de la idoneidad de los participantes y sus dotes como danzarines? ¿A quién se le ocurre que Fundación Carnaval podría ser capaz de hacer un evento de este alcance cuando a duras penas pueden organizar la Batalla de Flores?

No le queda ni regular a la señora Lignarolo rasgarse las vestiduras para echarle la culpa a la televisión. Por el contrario, en televisión –por fortuna—no se pudo apreciar en toda su dimensión, el tamaño del esperpento que quisieron meternos como evento inaugural de talla mundial.

Ahora empezarán seguramente los “mea culpa”, las investigaciones, la cacería de brujas, pero lo único cierto… ¡es que esa platica se perdió!




1 comentario:

  1. Definitivamente sí. Se perdio y con todas porque ahora con la bolita pasando de mano en mano ya no vale investigación ni nada, el ridículo está hecho y punto!

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