lunes, 8 de agosto de 2011

Otro “golpe de Bolillo”

Ahora arremetió contra una mujer, lo que a todas luces deja entrever que para este energúmeno disfrazado de técnico, no existe diferencia a la hora de liarse a golpes contra alguien.

POR ANUAR SAAD S.

El “Bolillo” Gómez volvió a pelar el cobre. Esta vez, no precisamente por sus desatinos futbolísticos como lo es poner a delanteros de volantes, alinear con un solo punta, dejar en la banca a Teófilo Gutiérrez, o peor, no jugar con un volante de creación. Lo de ahora sobrepasa lo futbolístico y se mete, peligrosamente, en la frontera de lo judicial: agredió a una mujer a la salida de un bar En Bogotá.

No se conoce hasta ahora, oficialmente, qué le dijo la mujer, pero lo que le haya dicho no justifica desde ningún punto de vista su troglodítica respuesta: la agresión física, que en el caso del entrenador paisa, se ha vuelto una espantosa costumbre como lo muestra su “prontuario”.

En Barranquilla ya había sido triste protagonista al agredir físicamente a un hincha, antes de un encuentro por las eliminatorias del mundial de Francia. En esa ocasión el neurótico “Bolillo” se tiró literalmente del bus de la selección y aplastó a trompadas a un hincha que le había reclamado por no haber puesto de inicialista a dos jugadores costeños. Típico en él.

Pero su volátil temperamento –ese mismo que la prensa interiorana celebra como si se tratara de algo sin importancia— fue más allá de nuestro territorio. Cuando dirigió a Ecuador, para el Mundial de 2002, recibió un balazo en una pierna cuando discutía a las trompadas con un dirigente que le reclamaba la alineación de su hijo en la titular del equipo.

Son numerosas las ocasiones en que el entrenador de la selección Colombia se ha liado en ofensas verbales con los periodistas, arrebatado sus micrófonos y hasta destrozado sus cámaras y grabadoras. En todos esos episodios, se le trató como un “apasionado” del fútbol, presa de la ansiedad. Pero lo que se conoció hoy desbordó la copa.

Como si no fueran suficientes los escándalos de nuestros futbolistas (disparos, accidentes de tránsito, homicidios, implicaciones en narcotráfico, borrachos al volante, evasión de impuestos, etc.) para que ahora, la cabeza visible del fútbol colombiano, termine más enlodado que sus dirigidos. Y lo hace contra una mujer, lo que a todas luces deja entrever que para este energúmeno disfrazado de técnico, no existe diferencia a la hora de liarse a golpes contra alguien.

Como siempre, El Bolillo trata con un comunicado tibio de apagar el incendio. Él cree que con un ofrecimiento de disculpas sanseacabó el asunto. Que mañana las señoras irán orondas al estadio a respaldarlo a él y a la selección. Que a las mujeres –y a nosotros lo hombres—se nos va a olvidar que este DT –que debe pasar urgentemente por un psicoanálisis—puede mañana, Dios no lo permita, emprenderla a cachetadas contra un niño que le diga que no le gusta su futbolito inocuo e inofensivo donde parece que el gol está prohibido.

Es hora que Hernán Darío Gómez demuestre a todos que en verdad su hombría está bien puesta. Y que lo refrende haciendo el gesto que un caballero que sabe que la embarró, con c, debe hacer en este caso: renunciar, tal como lo está demandando la Organización de Mujeres.

Pero no creo que sea una realidad tanta dicha. Si este episodio conlleva a la renuncia de Gómez, a la mujer agredida habría que encumbrarla en un altar por haber conseguido lo que ni la prensa, ni los amantes del fútbol ofensivo ni muchos futbolistas han podido lograr: que la eterna rosca siga manejando los destinos de nuestro magullado fútbol a nivel de selecciones.

No quiero ni imaginarme lo que pasará en las eliminatorias, si por esas cosas del destino (que no creo después del ridículo de la inauguración del Sub 20 y la pobre asistencia al estadio) Barranquilla sea sede y pierda un partido de local. Me parece escuchar ya el “corito celestial, seguido de un “Bolillo matamujeres”, lo que arrojará, sin duda, una nueva reacción de la que ni los recogebolas podrán salvarse.

¿Usted ha leído que Marcarián, Bielsa, Martino, Suárez, Bianchi, por poner algunos ejemplos, hayan sido nefastos protagonistas en hechos similares? ¿Cómo predicar buen comportamiento a los dirigidos si se dirige desde la intolerancia y la violencia? ¿Cuál es la enseñanza a nuestros niños y pequeñ
os futbolistas que idolatran a la Selección? Y por último: ¿No hay en Colombia o en Latinoamérica un técnico mejor que el Bolillo? Para esto último tengo la respuesta: Como persona, todos. Y como técnicos, muchísimos. ¿Entonces para qué tanta vuelta?

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