viernes, 3 de junio de 2011

¡Ya me mamé de Santos!

Cómo un Presidente que está haciendo las cosas bien, pone en aprietos a los columnistas que, por las pobres actuaciones de nuestros gobernantes pasados, sólo han criticado a los gobiernos de turno. ¿Nuestro nuevo mejor amigo?



ANUAR SAAD S.
Antes de las elecciones presidenciales un amigo me dijo, mientras devorábamos unos fritos grasientos con una coca cola dietética, que se imaginaba el banquete que yo iba a darme como Santos quedara Presidente:

- Imagínate- me dijo -le darás hasta con el balde porque seguro será más uribista que el propio Uribe.

Yo no le contesté nada pero mientras le daba una mordida a la tercera carimañola, pensé que no había nada mejor para un columnista, que un Presidente que se la ande embarrando. Era como ver a Drácula en un banco de sangre.

Pero hoy tengo que confesarlo. Es más, si no lo grito en este momento, puedo atragantarme con el sentimiento. ¡Estoy harto de Santos, Juanma o El Presidente! Y cómo no estarlo, si todo lo que meticulosamente había preparado en el caso de que éste asumiera la Jefatura del Estado se me ha venido a tierra. Imagínense: ya me veía escribiendo sobre sus ojos maquillados, sus cejas delineadas, su pinta de burgués, su “delfinazgo” y, lo peor, sobre su herencia uribista y sobre los “tapen tapen” tan famosos en la anterior administración. ¿De qué me sirvieron noches enteras tratando de hilvanar los nexos Uribe-Arias-José Obdulio-el otro Uribe y Juan Manuel para meterlos todos en el mismo cesto y colegir que además de ultraderecha, nos estaba gobernando la oligarquía rancia y excluyente?

Pero el Presidente ha estado conspirando y lo ha hecho, en forma arbitraria, frentera y hasta abusiva, contra este columnista: no sólo se alejó del hitleriano modelo Uribe, sino que, además, está gobernando el país con mano firme, pero sin inventarse enemigos; con tolerancia, pero frenando la corrupción; con fuerza, pero sin cerrar las puertas al diálogo; tomando decisiones, pero escuchando las valiosas propuestas que en sus programas plasmaban Vargas Lleras, Pardo, Mockus y Petro; respetando a la prensa permitiendo el disenso, pero trabajando para que haya consenso y no sólo seguir envuelto en una lucha intestina sino aceptar que hay conflicto y que también, como existen victimarios que deben pagar, existen víctimas que se deben reparar.

No sé si el espíritu de su tío abuelo quien rigiera los destinos de esta nación hace más de 70 años se le apareció en una noche aciaga, justo después de uno de los escándalos de la parapolítica y como enviado celestial le dijera con voz de ultratumba: “Juanma, mira que el país no aguanta una embarrada más ni nuestro apellido tampoco. Ya con Pachito tuvimos suficiente y ahora con ese oso que hace en radio… ¡guácala!”. Sea cual sea el motivo verdadero, lo cierto es que el Presidente Juan Manuel Santos está gobernando esta nación en medio de lo que a todos los colombianos nos hacía mucha falta: reconciliación, diálogo y liderazgo. Radicar la Ley de Víctimas en la que se incluye la restitución de tierras a esos miles de compatriotas obligados con la fuerza de las armas a abandonar sus parcelas y que hoy están desplazados por la violencia con un futuro incierto.

Y lo que le queda a Santos no es una tarea fácil: los destapes de la olla podrida por la corrupción en el carrusel de las contrataciones en el que los angelitos Nule y los primorosos hermanitos Moreno son protagonistas (¿o antagonistas?); el despelote descubierto en el sector Salud que es sin duda el robo más grande en la historia de la Nación (¡lástima por los Nule que querían el récord!); la catastrófica ola invernal que no para de dejar muertos, heridos y coterráneos sin techo, sin calles, sin escuelas y sin esperanzas; las álgidas relaciones fronterizas heredadas por su exjefe y por su mismo comportamiento durante el Gobierno Uribe y, en lo particular, tratar de revitalizar al desacreditado partido Liberal al que aspira a sacar de la unidad de cuidados intensivos donde una pléyade de políticos corruptos de los que, desafortunadamente, en la Costa tuvimos y aún tenemos, muchos.

Así que, amigos lectores, mientras el mandatario siga dando certeros timonazos en el plano nacional e internacional donde particularmente ha mejorado la imagen de nuestro país al que hasta hace pocos meses ningún vecino quería, y siga demostrando que ser rico, pobre, burgués o proletariado, no son cualidades o condiciones necesarias para manejar bien el país. Para hacerlo, se necesita honestidad, compromiso, firmeza y saber tomar decisiones. Hasta ahora, el Presidente lo ha demostrado. Veremos qué pasa en los tres años largos restantes y si de aquí allá, Juanma seguirás siendo nuestro “nuevo mejor amigo”, así las cejas se le sigan viendo verdes.

1 comentario:

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