miércoles, 2 de marzo de 2011

La lechuza y "el animal"

POR ANUAR SAAD S.
Hace poco estaba con un amigo en la terraza de mi casa tomándome unas cervezas y en la calle un hombre golpeaba salvajemente a su burro que se negaba a dar un paso más pues en realidad no podía con la enorme carga de chatarra, hierros retorcidos, un tocador destartalado, dos estufas y el cascarón de una nevera que se suponía debía empujar. El amigo tomó un largo trago y después le gritó una frase que ahora –con el triste caso de la lechuza-- queda como anillo al dedo: ¡No jodaaa! ¿Cuál de los dos es el burro?


El domingo veía con mi esposa el partido por televisión. Cuando Luis Moreno, el panameño al servicio del Deportivo Pereira pateó a la lechuza –emblema sin proponérselo del equipo barranquillero—mi mujer gritó enfurecida:

-¡Es un animal!

-Sí- le dije yo con ingenuidad. –Es una lechuza-

-No me refiero al ave, tonto. Me refiero a la bestia que la pateó.

El episodio del pasado domingo en el estadio Metropolitano de Barranquilla le dio la vuelta al mundo. No hay un noticiero de televisión, un programa de variedades o uno de comentarios deportivos, donde el episodio de la lechuza y el animal, no hayan tenido protagonismo. El desenlace, para desventura de Moreno, no pudo ser peor. A pesar de que socorrieron al ave, la recluyeron en cuidados intensivos en una reconocida clínica veterinaria, de que especialistas internacionales que conocieron el caso dieron diagnósticos y forma de tratarla, la lechuza no soportó más y murió.

En la medida que la información mojaba prensa en el mundo, también el mundo iba conociendo una insólita realidad que se vive en Colombia: no existe una legislación penal sobre el abuso y maltrato de animales. Es por eso que al que golpea hasta matar su burro no le pasa nada. Al contrario, a los veinte minutos vuelve a tener otra víctima a quien torturar. A pesar que las autoridades locales abrieron un proceso disciplinario contra el jugador, la posible sanción puede ser más moral que real, porque en los códigos legales colombianos, esta tipificación no existe aún. Pero debería existir, y pronto.

El Departamento Técnico Administrativo Ambiental de Barranquilla, Damab, le notificó a Moreno que le adelanta un proceso de responsabilidad por haber pateado salvajemente una lechuza y le instó a firmar una declaración en la que se comprometía a no volver a protagonizar un hecho como este. Y ahí, al parecer, va a quedar todo.

El Metropolitano, el Junior y los fanáticos se quedaron sin la lechuza y el salvaje agresor, seguramente, volverá a jugar sin problemas el próximo domingo donde, tal vez, a falta de estas exóticas aves, podrá patear, según su gusto, fémures, tibias y peronés de los jugadores contrarios, o si se sigue saliendo de sus casillas porque su equipo no le gana ni al Deportes Tapita, tal vez termine pateando al árbitro. A mi, sinceramente, no me extrañaría.

El panameño ha pedido disculpas. La primera, realmente infortunada: “sólo quería ver si el ave volaba”. No sé si este jugador creía que las aves nadaban pero para su información, las lechuzas –sanas eso sí—pueden volar. Después dijo que aceptaba la sanción que se le impusiera y se disculpó ante el país.

Ojalá que el vuelo truncado de la lechuza no sea una negra premonición para el Junior y siga jugando y ganando como lo viene haciendo tanto en el torneo doméstico como en la copa libertadores. No vaya a suceder que, si viene una mala racha, los jugadores terminen echándole la culpa al animal. Ustedes entenderán a cuál.

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UNIAUTÓNOMA, FIRME

El equipo de la primera B de la Universidad Autónoma del Caribe sigue imparable en su casa. Ha dado una demostración de profesionalismo que muchos clubes de la A quisieran para ellos. El profesor Miguel Angel Converti logró un equilibrio envidiable entre jugadores veteranos y jóvenes lo que hace del onceno un rival de cuidado sea donde juegue.

El apoyo que desde la Rectoría y directivas de la Universidad le brinda al equipo y la aceptación del público de Barranquilla y de Sabanalarga como la de todos los periodistas deportivos, está redundando en la gran campaña que este equipo debutante viene desempeñando y que hace soñar con que más pronto de lo pensado, pueda lograr un cupo en la categoría A. Así a los dueños del Junior esto no le guste mucho. Entre otras cosas, más que torpedear la posibilidad de que Uniautónoma Fútbol Club juegue en Barranquilla, los señores Char deberían preocuparse por el futuro del Barranquilla, que hasta ahora, no da pie con bola. ¿les hará falta una lechuza?



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