sábado, 13 de noviembre de 2010

La tragicomedia de un Reinado en decadencia


La pobre producción y conducción del evento, sólo es proporcional al poco interés que, cada vez en mayor proporción, causa el certamen entre los televidentes.

POR ANUAR SAAD S.

El lunes, por votación simple, quedé condenado a una de las peores torturas de mi vida: ver la elección y coronación de la Señorita Colombia, evento que se desarrolló dentro del Centro de Convenciones, mientras que afuera, miles de cartageneros se ahogaban bajo los esqueletos de sus casas destruidas por el invierno.
Sólo pocas horas antes había departido con algunos amigos cercanos unas cuantas copas coreando desafinado las canciones inmortales del más grande cantautor vallenato de todos los tiempos: Diomedes Díaz. Y justo después de la alegría, llegó el horror: soportar una transmisión tan ridícula, pobre y desacertada, que parecía a ratos uno de esos programas con que los Canales Regionales suelen rellenar su raquítica parrilla diaria.
Robocop Calero, con un ridículo copete de Elvis Presley en desuso, teso y acartonado como él mismo, giraba momificado tratando de adivinar, con un solo ojo, cuál diablos era la cámara que lo tenía ponchado mientras que mantenía el otro pegado a las líneas de su “memoficha” para que no se le olvidaran las frases trascendentales que tenía que recitar. Más de una vez la cámara mostraba su poca esbelta espalda y con ella, dejaba entrever una maraña de cables que nos hacía temer que pronto un cortocircuito arruinaría el set, pero nos dejaría con la fortuna de que cambiaran de presentador.
Al lado de Calero estaban las divas Andrea Serna con sus casi dos metros de estatura y la siempre hermosa Carolina Cruz, quienes se limitaron durante la tortuosa transmisión a repetir la última frase que el supuesto “anchorman” pronunciaba. O sea, no eran presentadoras sino “loras perifoneadoras” que no aportaban nada importante. En un arrebato de improvisación, como para demostrar que es un presentador consumado, Calero trató de comentar, al aire, la última puntuación de las reinas y lo hizo, pero al revés. Algo me evocó un episodio lejano de El Chavo.
Lo único que nos salvaba de esa “horrible noche” era la interpretación de Willie Colón y Fonseca. El portorriqueño, además, cambió la letra de sus canciones para dejar en claro que él sí estaba cantando en vivo y no moviendo los labios como lo han hecho todos los que se han subido a esa tarima. Pero cuando teclearon en el generador de caracteres el nombre del disco que interpretaba el boricua, otra perla relució en la noche: “Simón el gran barón” decía RCN, cuando obviamente era varón de masculinidad y no de título real. Tal vez cuando canten “Los guaduales” puede que les vaya mejor.
No sabemos si el Centro de Convenciones se somete a mantenimiento periódico, porque era desesperante ver a las emperifolladas damas del respetable auditorio, abanicarse con salvajismo como si estuvieran en Kenia a las doce del día. Pero la tapa de la olla, lo que me dejó boquiabierto; lo que mis ojos y oídos se negaban a creer, era ver y escuchar “en vivo y en directo” la lectura de comerciales. “…Y la Señorita Bogotá desfila en estos momentos con el patrocinio de Medias Piernas Bellas y Zapatillas Reales”. Eran tantos e inoportunos los anuncios, que pensaba que en algún momento, tal vez justo antes de divulgar el nombre de la Reina, Carolina Cruz con su cara de niña buena, dijera que estaban con el patrocinio de “toallas higiénicas Las Otras, únicas invisibles”, o que Calero, moviendo su apretada barriga y los hombros gritara que después de la coronación se tomarían “…un sancochito con Ricostilla”. ¡Qué horror! Con esos espantosos anuncios en vivo, aparte de dejar en claro que las finanzas del Reinado no andan muy bien, la televisión en Colombia pareció retroceder 35 años, justo desde cuando Pacheco y Carlos Pinzón, animaban programas de concursos en blanco y negro, con la salvedad que estos últimos sí tenían gracia.
No sé qué era peor: si ver a unos cuantos cachacos tratando de corear desde sus asientos un vallenato moderno al compás de la música de Fonseca, o sufrirlos tratando de dar un pase de salsa bajo el cadencioso ritmo de Willie Colón, mientras ellas, sus compañeras, se seguían abanicando como si pertenecieran a la realeza inglesa del siglo XIX.
En medio de trabalenguas, planos poco estéticos, interrupciones y equivocaciones, los presentadores siguieron con su trabajo (¿quién libreteó semejante bodrio?) y justo antes del final, cuando Calero tenía en sus manos el sobre con los ganadores, la Serna casi se despescueza por chismorrear quién era la ganadora, mientras que nerviosa, la Cruz le hacía señas recatadas con la mano a su amiga indicando beneplácito. Por un instante pensé que los tres iban a dar vuelta olímpica y porrear a la nueva Reina, que entre otras cosas, era de las menos feas.
Esta mediocre producción puede obedecer a varios factores: el desgaste mismo de un evento que cada vez le interesa menos a la población que ahora se preocupa –afortunadamente-- por las cosas verdaderamente importantes; la falta de preparación del equipo técnico; la pobre escogencia de las candidatas que nos hace perder las esperanzas de ganar algún día un miss Universo y por último -- más importante--, el desacierto de sus presentadores que en algunos apartes hicieron el ridículo.
En Estados Unidos, por ejemplo, hay un solo presentador en el set. Un presentador que se pasea por el escenario; interactúa con las candidatas y se relaciona con los artistas invitados con naturalidad y frescura. En una cabina hay una especialista que analiza las cifras y puntajes y en otro lugar, una experta comenta las actuaciones de las candidatas. Todo es coordinado. No hay frases estúpidas de relleno. Ni sonrisitas nerviosas ni acompañamientos decorativos: cada uno hace su trabajo con efectividad y estética sin anunciar, al aire, que hay una promoción en McDonalds.
Lo único que me queda claro de toda esta tortuosa jornada, es que para no padecer lo mismo el próximo año y para rebelarme ante el mandato feminista de mi hogar… ¡debo comprar urgente otro televisor!
saadanuar@gmail.com

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