miércoles, 20 de octubre de 2010

La espalda de Uribe


POR ANUAR SAAD

Mientras el ex Presidente Uribe zigzagueaba como delantero brasilero a los manifestantes que consideraban una herejía que un personaje como él, con sus antecedentes y su poca consideración por los Derechos Humanos, dictara una clase en la Universidad de Georgetown (con justa razón si repasamos la verdadera ideología de esa universidad) el escándalo por las chuzadas del DAS seguía ardiendo en nuestro país.

Los últimos descubrimientos que día a día arrojan tan célebre escándalo, para vergüenza del país, hace que el colombiano raso, ese de a pie, sin amarrares políticos, evoque el no lejano episodio del Presidente Samper quien acuñó la tristemente célebre frase que reza: “Si algo pasó, todo fue a mis espaldas”. Esto nos pone en la difícil tarea de tratar de calcular de qué grande es la espalda de Uribe que no se percató que una dependencia adscrita directamente a la Presidencia de la República espiara hasta el cansancio a los miembros de la Corte Suprema de Justicia con el fin de desacreditarla, por el “único pecado” que La Corte, por fortuna, no accedió a entregarle el poder absoluto a nuestro Napoleón paisa.

Los magistrados de la corte enfrentaron en los últimos tiempos un seguimiento ilegal tan obsesivo como el que la Gestapo en los años 30 implementó en la Alemania Nazi. No es exageración. Los libros de historia aseguran que “…La función de la Gestapo era la de investigar y combatir todas las tendencias peligrosas para el Estado y tenía autoridad para investigar los casos de supuesta traición, espionaje y sabotaje y la ley había sido modificada de forma que las acciones de la Gestapo no estaban sometidas a revisión judicial”.

El antecedente penal de este hecho no existe. No sólo en Colombia sino en el mundo. Bien lo señalaba el colega de El Heraldo Oscar Montes en su columna de este lunes, cuando afirmaba que ni siquiera el sonado Watergate le alcanza a llegar a los tobillos a esta red de chuzadas y sabotajes a la Corte Suprema de Justicia porque si revisamos con lupa el peso de los hechos, el caso que terminó con la caída de Nixon no tuvo la orquestación criminal que tiene el del DAS.

El país entero está a la espera de que el nuevo Gobierno, que ha demostrado un estilo distinto de mandato en relación con su antecesor, termine de atar los cabos, escuchar los testimonios, confrontar las pruebas, valorar los hechos y escuchar nuevas declaraciones para poder por fin determinar lo que el país entero quiere saber: si Uribe estuvo o no implicado directamente en la orden de intervenir los teléfonos de la Corte Suprema de Justicia como retaliación a la negativa de la misma a que Uribe se consolidara en el poder como un mandatario vitalicio. Lo malo de que eso ocurriera es que cuando por fin el “pequeño emperador” decidiera tomar otros rumbos, lo haría porque no habría dejado país alguno para ser gobernado.

Santos debe demostrar que en este oscuro caso tiene las manos limpias y la mejor forma de hacerlo es agotar todos los recursos legales para que la verdad salga a flote. Los ciudadanos, los estamentos oficiales y la prensa, estamos a la espera para conocer la verdad así sea que para ello debamos cazar a nuestro propio “garganta profunda”, que en este espinoso caso, seguramente será más de uno.
saadanuar@gmail.com

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