sábado, 16 de octubre de 2010

Pasados por agua


Por ANUAR SAAD

Barranquilla está en jaque. Y esta vez no es por cuenta de la corrupción administrativa (aunque todavía sigue enquistada en ciertos sectores) sino por la temporada invernal más grave que haya afrontado esta capital en los últimos cincuenta años. Es de conocimiento público que el actual mandatario Distrital, Alejandro Char, ha trabajado concienzudamente en la recuperación de la malla vial y prestado especial interés a zonas de riesgo, especialmente a los habitantes que desde hace muchos lustros colonizaron sin medir consecuencias las quebradizas laderas de la zona sur-occidental de la ciudad y que hoy ven impotentes como aquello que construyeron, se desploma como un castillo de naipes.

La lluvia no da tregua y las emergencias se multiplican en una ciudad que, históricamente, ha tratado de convivir a la buena de Dios con sus mitológicos arroyos y con la proliferación de invasiones que nacieron ante la imposibilidad de los menos favorecidos por obtener una vivienda digna.

Mientras en unos casos las consecuencias se reflejan en casas destruidas, arroyos desbordados, parálisis vial y deterioro en obras recién construidas, en otros ha hecho que se recrudezca el fatal error administrativo que llevó hace más de 15 años a otorgar licencia de construcción en terrenos que se sabía no eran aptos para ello. Y es que el desmoronamiento de 25 casas en Campo Alegre y la intensificación de resquebrajamientos en conjuntos residenciales, son más evidentes por la lluvia que ha hecho fiesta con el terreno arcilloso en que múltiples edificaciones fueron construidas.

Es loable la actitud del mandatario de poner el pecho y hacer presencia en las zonas de desastre y proveer la reubicación temporal de las familias a lugares donde estén a salvo. Pero estas acciones son paños de agua tibia al fondo del problema.

La comisión de especialistas de la Universidad Industrial de Santander ya dictaminó la urgencia de reubicar a los moradores de tres conjuntos residenciales en Campo Alegre al igual que varias viviendas independientes que están inservibles. En estos casos, más allá de la reubicación preventiva, lo que los propietarios (esos mismos que con esfuerzo pagaron por un techo propio) desean que el Distrito o las Constructoras (o ambos) asuman su culpa y los indemnicen por el valor real de sus viviendas.

Dentro de todo lo malo que ha dejado esta tétrica jornada invernal que hace que hasta el remoquete de “La Arenosa” suene ridículo en una ciudad que literalmente está naufragando, se puede rescatar el hecho de que es evidente que la solución a estos problemas –que datan de lustros atrás—tiene que darse ahora.

Los estragos por la lluvia muestran hoy a una Barranquilla caótica y esto –haciendo honor a la verdad—no es coherente con las obras que en ella se han ejecutado, porque, hay que reconocerlo, en estos últimos tres años el Distrito fue objeto de profundos trabajos que han mejorado su entorno, sus espacios públicos, su infraestructura vial y sus servicios.

El trabajo que heredará quien sea elegido como nuevo Alcalde de Barranquilla no será nada fácil. Esta arremetida de la naturaleza contra la ciudad prendieron las alarmas indicando que a pesar de lo hecho, aún falta mucho más por construir y lecciones que aprender. Las obras en malla vial e infraestructura que se han de ejecutar en el próximo mandato deben tener precisas especificaciones de que no colapsarán ante una ola invernal como esta. Las canalizaciones de los arroyos son impostergables y la reubicación a zonas seguras de los que viven en alto riesgo por derrumbes, deslizamientos o agrietamientos, deben ser medidas definitivas.

Hoy Campo Alegre es un barrio fantasma: un bulevar inexistente que la maleza consumió; postes atravesados en las vías públicas; avenidas agrietadas y casas en peligro inminente de desmoronarse, y todo, porque a un funcionario le pareció pertinente pasarse por la faja las advertencias y estudios que enfatizaban la imposibilidad de construir en un terreno arcilloso y decidió expedir sin reparos licencias a diestra y siniestra para que los constructores hicieran su agosto.

Ya conocemos la historia… ¿será que la volvemos a repetir? Nos quedan 50 días más de invierno, para seguir pensando en ello.

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